Capítulo I – Los Principios de la Creación

Durante toda la historia, el hombre ha estado angustiado por resolver las cuestiones fundamentales de la vida y del universo. Sin embargo, nadie ha sido capaz de dar respuestas satisfactorias, porque nadie ha conocido los principios que expliquen cómo han sido creados el hombre y el universo. Además, hay una pregunta fundamental que tiene que ser planteada, una pregunta que no se refiere a los hechos sino a la causa de la existencia. Por lo tanto, las cuestiones sobre la vida y el universo no pueden ser resueltas desconociendo la naturaleza de Dios, su creador. «Los Principios de la Creación» trata ampliamente estas cuestiones fundamentales.

SECCION I
Las Características Duales de Dios y el Mundo Creado

1. LAS CARACTERISTICAS DUALES DE DIOS

¿Cómo podemos hacer para conocer las características de Dios, que es un ser invisible? Podemos conocerlas observando el mundo de Su creación. Por esta razón, San Pablo dijo:

«Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables» (Rm. 1:20).

De igual manera que la obra de un artista es una manifestación visible del carácter de su creador, así también cada creación es una manifestación substancial de la naturaleza invisible de Dios, el Creador. Del mismo modo que podemos conocer el carácter de un autor a través de sus obras, así también podemos percibir la divinidad de Dios observando Su creación.

Con el fin de conocer la divinidad de Dios, examinemos los factores comunes que se encuentran en toda Su creación. Una creación, cualquiera que sea, no puede llegar a existir a no ser que se haya establecido una relación recíproca entre las características duales de positividad y negatividad, no sólo dentro del mismo ser, sino también en relación con otros seres. Por ejemplo, las partículas, que son los componentes esenciales de toda la materia, tienen positividad o negatividad, o neutralidad que se origina cuando los elementos positivos y negativos se neutralizan mutuamente. Cuando las dos características inician una relación recíproca, dichas partículas forman un átomo. Cada átomo asume un carácter positivo o un carácter negativo y por medio de establecer relaciones recíprocas entre sus características duales, proceden a formar moléculas de materia. La materia, que se forma de esta manera mediante una relación recíproca entre estas dos características, sirve de alimento para animales y plantas cuando es absorbida por ellos.

Todas las plantas continúan existiendo mediante una relación que tiene lugar entre el estambre y el pistilo, mientras que el mismo proceso ocurre en el mundo animal mediante la relación entre el macho y la hembra.

Así, en el caso del ser humano, Dios creó a un hombre (masculino), Adán, en primer lugar; entonces, viendo que no era bueno que el hombre estuviera solo (Gn. 2:18), El hizo una mujer (femenino), Eva, como el objeto de Adán y por primera vez Dios vio que Su creación estaba «muy bien» (Gn. 1:31). De igual forma que un ion positivo o negativo, incluso después de la disociación, se compone de la combinación de un protón (positivo) y un electrón (negativo), así también el estambre y el pistilo de las plantas y los miembros macho y hembra del reino animal solamente pueden existir mediante una relación recíproca entre sus características duales de positividad y negatividad. También, hay características femeninas latentes en cada hombre y esencia masculina en cada mujer. Los aspectos de todas las cosas en la creación existen sobre una base recíproca, tal como: superficial y profundo, dentro y fuera, interior y exterior, frente y espalda, derecha e izquierda, arriba y abajo, alto y bajo, fuerte y débil, largo y corto, ancho y estrecho, este y oeste, sur y norte. Esto es debido a que todas las cosas están creadas para existir mediante una relación recíproca entre sus características duales.

Como ya hemos visto, todas las cosas existen a través de una relación recíproca entre sus características duales de positividad y negatividad. Debemos también conocer la relación recíproca entre otra pareja de características duales, que es incluso más fundamental que la de positividad y negatividad. Cualquier cosa que exista, tiene en sí misma un carácter interno o Sung Sang y una forma externa o Hyung Sang (Sung Sang y Hyung Sang son términos filosóficos del idioma coreano, sin traducción exacta al español, pero podemos definirlos como carácter interno y forma externa). La forma externa es visible y refleja al carácter interno, que es invisible. Aunque el carácter interno no puede verse, asume una cierta forma, así que la forma externa se asemeja al carácter interno como su forma visible. El «carácter interno» y la «forma externa» se refieren a los dos caracteres que son los dos aspectos relativos de la misma existencia. En este sentido, la forma externa puede ser llamada un «segundo carácter interno», así que a ambos juntos podemos llamarles «características duales».

Podemos tomar al hombre como ejemplo. El hombre consiste de cuerpo o forma externa, y mente, o carácter interno. El cuerpo visible refleja a la mente invisible. El cuerpo asume una forma que se asemeja a la forma proyectada por la mente. Por esta razón se pueden percibir cosas sobre el carácter invisible y el destino del hombre por su apariencia externa.

Llamamos a la mente «carácter interno» y al cuerpo «forma externa». Puesto que la mente y el cuerpo son los dos aspectos del mismo hombre, el cuerpo puede ser llamado «segunda mente». Llamamos a ambos juntos «características duales». Ahora podemos comprender el hecho de que todas las cosas existen a través de una relación recíproca entre las características duales de carácter interno y forma externa.

¿Cuál es, entonces, la relación entre el carácter interno y la forma externa? El carácter interno invisible es la causa y está en una posición subjetiva, mientras que la forma externa visible es el resultado de la anterior y está en una posición objetiva con respecto al carácter interno. Por consiguiente, la relación recíproca que existe entre los dos es la de interior y exterior, causa y resultado, sujeto y objeto, vertical y horizontal.

Usemos de nuevo al hombre como ejemplo. La mente y el cuerpo corresponden respectivamente al Sung Sang y al Hyung Sang. El cuerpo no sólo se asemeja a la mente, sino que además se mueve o no, siguiendo las direcciones de ésta. Así el hombre puede dirigir su vida de acuerdo a su voluntad y propósito. La mente y el cuerpo también tienen una relación recíproca de interior y exterior, causa y resultado, sujeto y objeto, vertical y horizontal.

De igual manera, todas las cosas de la creación, aunque son diferentes en dimensión, tienen un carácter interno invisible que se corresponde a la mente; ya que éste es la causa y sujeto controla a la forma externa, que se corresponde al cuerpo humano. Esta relación entre mente y cuerpo hace posible que la creación individual mantenga su existencia como un ser con un cierto propósito. Los animales tienen un aspecto que se corresponde a la mente humana; debido a que ésta es la causa y sujeto que le dirige hacia un cierto propósito, el cuerpo del animal puede vivir de acuerdo al propósito de su ser individual. Una planta también tiene un carácter interno que le posibilita mantener su función orgánica.

No sólo eso, sino que así como los hombres pueden unirse debido a que la mente es un factor común en cada persona, similarmente los iones positivos y negativos se unen para formar un cierto material, debido a que en cada ion hay aspectos de carácter interno y forma externa que tienden a unirse, formando así una molécula. Además, cuando un electrón gira alrededor de un protón para formar un átomo, es debido a que cada uno contiene un aspecto de «carácter» que les dirige hacia el propósito de construir un átomo.

La ciencia moderna nos dice que las partículas que forman los átomos se componen de energía. Sabemos que dentro de la misma energía debe haber también un atributo de «carácter» que le impulse a la meta de construir una partícula. Yendo aún más allá, debemos buscar a un ser absoluto que sea la causa última de todo el mundo de la realidad. Esta causa, con su carácter y forma fundamental y único, dio origen a toda la energía. Este ser último debe ser la Primera Causa de todos los seres, conteniendo el carácter y forma absoluto y subjetivo. Llamamos Dios a esta Primera Causa de nuestro mundo existente. Llamamos al carácter y forma subjetivo de Dios, Su «Sung Sang Original» y «Hyung Sang Original». Como Pablo señaló, cuando examinamos los factores que toda la creación tiene en común, llegamos finalmente a comprender que Dios es la Primera Causa del mundo de la creación y que existe como el sujeto absoluto, teniendo las características de carácter esencial y forma esencial.

Hemos aclarado ya el hecho de que todas las cosas en la creación sólo existen debido a una relación recíproca entre las características duales de positividad y negatividad. Génesis 1:27 dice: «Y creó Dios el hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó». Esto también nos enseña que Dios es el sujeto absoluto, que existe con Sus características duales de positividad y negatividad.

¿Cuál es la relación entre las características duales de carácter y forma y las características duales de positividad y negatividad?

Fundamentalmente, el Sung Sang Original de Dios y Su Hyung Sang Original tienen una relación recíproca con Su «Positividad Original» y Su «Negatividad Original» Por lo tanto, la positividad y la negatividad de Dios son los atributos de Su carácter y de Su forma. Así pues, la relación que existe entre lo positivo y lo negativo, es similar a la que existe entre el carácter y forma.

Por consiguiente, positividad y negatividad tienen también una relación recíproca como la que existe entre interior y exterior, causa y efecto, sujeto y objeto, vertical y horizontal. Por esta razón está escrito en la Biblia que Dios creó a la mujer, Eva, como objeto tomando una costilla del hombre, Adán, que era el sujeto. (Gn. 2 :22). Llamamos a la positividad y negatividad de Dios «masculinidad» y «femineidad», respectivamente.

El universo, que fue creado teniendo a Dios como centro, es similar al hombre, que ha sido creado con su mente como centro. El universo es un cuerpo orgánico perfecto creado completamente de acuerdo con el propósito de la creación de Dios. Por esta razón, el universo, como un cuerpo orgánico, tiene su propio carácter interno y forma externa, siendo Dios su carácter interno, mientras que el universo físico es su forma externa. Por esto Dios dijo que el hombre, que es el centro del universo, fue hecho a Su imagen (Gn. 1:27). Antes de crear el universo, Dios existía como el sujeto interior masculino, y El creó el universo como Su objeto exterior femenino. 1Corintios 11:7 dice que el hombre «es imagen y gloria de Dios» lo cual confirma esta teoría. Ya que Dios es el sujeto masculino de carácter interno le llamamos «Padre», resaltando Su naturaleza masculina.

Resumiendo, sabemos que Dios es el sujeto armonizado que consiste de las características duales de Sung Sang Original y Hyung Sang Original. Al mismo tiempo, El es el sujeto armonizado de las características duales de masculinidad y femineidad originales, la primera representa Su carácter y la segunda Su forma originales. En relación con toda la creación, Dios es el sujeto masculino y representa su carácter interno.

2. LA RELACION ENTRE DIOS Y EL UNIVERSO

Ya hemos aprendido que cada creación es un objeto substancial de Dios, como la forma manifestada de las características invisibles de Dios. Cada objeto substancial se llama «encarnación individual de la verdad». Siendo el hombre el objeto substancial de Dios que fue creado a Su imagen, se llama «encarnación individual en imagen de la verdad». Ya que toda la creación, aparte del hombre, es el objeto simbólico de Dios creado a Su imagen indirecta, se llama «encarnación individual simbólica de la verdad».

Cualquier encarnación individual de la verdad, debido a que es un cuerpo substancial que manifiesta las características duales de Dios, puede ser dividida a su vez en un elemento positivo y otro negativo; el primero refleja la masculinidad, como el carácter esencial de Dios, y el último refleja la femineidad, como la forma esencial de Dios. También, cada encarnación individual de verdad es un objeto substancial de Dios; por lo tanto, cada ser individual no sólo es un reflejo de las características duales de Dios de carácter y forma, sino que cada uno también tiene dentro de sí mismo las características duales de positividad y negatividad.

Definiendo la relación entre Dios y el universo desde el punto de vista de sus características duales, el universo es el objeto substancial de Dios que consiste de encarnaciones individuales de verdad. Son las manifestaciones de las características duales de Dios en imagen y en símbolo, de acuerdo con los principios de la creación. Es decir, el hombre es el objeto substancial de Dios con Sus características duales manifestadas en forma de «imagen directa», mientras que todas las cosas del universo son los objetos substanciales de Dios con Sus características duales manifestadas en forma de «imagen indirecta» (símbolo). La relación entre Dios y el universo por ser igual a la relación entre carácter y forma, es una relación de interior y exterior, causa y resultado, sujeto y objeto, vertical y horizontal.

Examinemos la teoría fundamental del «Libro de los Cambios» (I Ching), que es el centro de la filosofía oriental, desde el punto de vista de los principios de la creación. Este libro explica que el fundamento del universo es Taeguk (origen) y a partir de El vienen Yang y Yin (positividad y negatividad). De Yang y Yin proviene el «O-haeing» (cinco elementos: metal, madera, agua, fuego y tierra). Todas las cosas fueron creadas de O-haeing. La positividad y negatividad se llama el «Tao». «El Tao» se define como el «Camino» o la «Palabra». Es decir, Taeguk produce la Palabra (principio creativo) y la Palabra hizo todas las cosas. Por tanto, Taeguk es la primera y la última causa de toda la existencia y es el núcleo unificado de ambos, la positividad y negatividad.

Comparando esto con la Biblia (Jn. 1: 1-3), «la Palabra era Dios… y sin ella no se hizo nada de cuanto existe», podemos ver que Taeguk, el sujeto que contiene positividad y negatividad, representa a Dios, el sujeto que contiene las características duales.

De acuerdo a los principios de la creación, la Palabra (Logos) también se compone de características duales y de esta forma el universo, que fue creado por la Palabra, contiene características duales Por consiguiente, la afirmación en el «Libro de los Cambios» de que a la positividad y negatividad juntas es «la Palabra», es válida.

Sin embargo, el «Libro de los Cambios» observa al universo sólo desde el punto de vista de la positividad y negatividad, y no explica el hecho de que todas las cosas tienen un carácter interno y una forma externa dentro de ellas mismas. Por ello, sólo ha verificado el hecho de que Taeguk es el sujeto que contiene la positividad y negatividad, y no explica que Taeguk es originalmente el sujeto que contiene las características duales de carácter esencial y forma esencial. Por esta razón, el «Libro de los Cambios» no revela que Taeguk es un Dios de personalidad.

Hemos aprendido ahora que el fundamento de la filosofía oriental contenido en el «Libro de los Cambios», puede ser completamente comprendido sólo a la luz de los principios de la creación. La medicina oriental ha incrementado su influencia precisamente debido a que está basada en el principio de positividad y negatividad, el cual es un principio de la creación.

SECCION II
La Primera Energía Universal, la Acción de dar y recibir
y el Fundamento de Cuatro Posiciones

1. LA PRIMERA ENERGIA UNIVERSAL

Dios, creador de todas las cosas, es la realidad absoluta que existe eternamente por Sí mismo y transciende el tiempo y el espacio. (Ex. 3:14). Por lo tanto, la energía fundamental de Su ser debe ser también absoluta y eternamente existente por sí misma. Al mismo tiempo, El es la fuente de energía que hace posible que todas las cosas mantengan su existencia. Llamamos a esta energía la «Primera Energía Universal».

2. LA ACCION DE DAR Y RECIBIR

Cuando un sujeto y un objeto efectúan la acción de dar y recibir dentro de un ser, después de haber establecido una relación recíproca entre sí mediante la Primera Energía Universal, se genera la energía necesaria para mantener la existencia de este ser. Esta energía provee de la fuerza para la existencia, multiplicación y acción. Este proceso que genera la energía necesaria se llama la «acción de dar y recibir». Por ello, la Primera Energía Universal y la fuerza de la acción de dar y recibir tienen una relación recíproca de causa y efecto, interior y exterior y sujeto y objeto. Por consiguiente, podemos decir que la Primera Energía Universal es vertical y la fuerza de la acción de dar y recibir es horizontal.

Investiguemos más profundamente a Dios y Su creación desde el punto de vista de la Primera Energía Universal y la acción de dar y recibir.

Dios contiene dentro de Sí mismo las características duales que existen eternamente. Mediante la Primera Energía Universal, éstas dos tienen una relación mutua o recíproca que da lugar a una acción de dar y recibir eterna. La energía generada mediante este proceso es la fuerza de la acción de dar y recibir. Mediante esta fuerza, las características duales de Dios establecen una base recíproca. Esto origina el «fundamento de la existencia» sobre el cual Dios mismo existe eternamente.

En cada creación se origina una acción de dar y recibir entre las características duales que forman un ser individual cuando tienen una relación recíproca por medio de la Primera Energía Universal. Mediante la fuerza de la acción de dar y recibir, las características duales producen una base recíproca que a su vez construye el fundamento de la existencia del ser individual; entonces, sobre este fundamento, el ser individual puede situarse en la posición de objeto de Dios y recibir toda la fuerza necesaria para su propia existencia.

Por ejemplo, un átomo se origina mediante la acción de dar y recibir entre un protón y un electrón. Esta es una acción de fusión. La molécula aparece a través de la acción de dar y recibir entre un ion positivo y un ion negativo, que da lugar a una reacción química. La electricidad se produce por medio de una acción de dar y recibir entre cargas eléctricas positivas y cargas eléctricas negativas, que originan una corriente eléctrica. Todas las plantas se multiplican a través de la acción de dar y recibir entre el estambre y el pistilo.

Los animales mantienen su existencia y se multiplican a través de la acción de dar y recibir entre el macho y la hembra. La coexistencia entre el reino animal y el reino vegetal es posible gracias a la acción de dar y recibir. Las plantas dan oxígeno a los animales y los animales devuelven dióxido de carbono a las plantas. Las flores ofrecen néctar a las abejas y las abejas transportan el polen y fertilizan las flores.

Cuando estudiamos los cuerpos celestiales, vemos que el sistema solar existe mediante la acción de dar y recibir entre el sol y los planetas. La tierra y la luna pueden también mantener sus órbitas mediante la acción de dar y recibir.

El cuerpo humano mantiene su vida mediante la acción de dar y recibir entre arterias y venas, inhalación y exhalación, sistema nervioso simpático y parasimpático. Un individuo puede lograr el propósito de su existencia mediante la acción de dar y recibir entre la mente y el cuerpo.

Hay una acción de dar y recibir entre el marido y la esposa en el hogar, entre individuos en una sociedad, entre el gobierno y el pueblo en una nación y entre naciones en el mundo. La acción de dar y recibir gobierna todas las relaciones dentro del hombre y todas las relaciones entre hombres.

A pesar de que el hombre haya hecho mal en todas las eras y en todos los lugares, al menos le queda en su más íntimo ser un resto de la fuerza de la conciencia. La conciencia siempre actúa, induciéndole a vivir justamente. Nadie puede impedir que esta fuerza actúe dentro de sí mismo. Se sienten remordimientos de conciencia cuando se hacen cosas malas. Si no quedara ningún resto de conciencia en el hombre caído, la providencia de la restauración de Dios sería imposible. ¿Dónde se origina esta fuerza de la conciencia? Ya que todas las fuerzas vienen de la acción de dar y recibir, la conciencia no puede ser una excepción. La conciencia puede actuar porque se coloca en la posición de objeto ante un cierto sujeto, efectuándose así la acción de dar y recibir sobre una base recíproca formada entre los dos. Sabemos que el sujeto de la conciencia es Dios.

La caída humana significa que mediante algún acto, el hombre se apartó de una relación de dar y recibir con Dios, fallando así en unirse y formar un solo cuerpo con El. En vez de ello, el hombre inició una relación de dar y recibir con Satán, formando una base recíproca con él. Jesús, que estaba unido a Dios a través de una relación de dar y recibir, vino a este mundo como Su hijo. Por lo tanto, siempre y cuando el hombre caído se una con Jesús en una perfecta relación de dar y recibir, podrá restaurar su naturaleza original, iniciando así de nuevo la relación de dar y recibir con Dios y llegando a ser una unidad con El. Por eso se dice que Jesús es el «mediador» para el hombre caído, siendo el camino, la verdad y la vida. El vino a servir a la humanidad con amor y sacrificio, dando incluso su propia vida. Si nos acercamos a él con fe no pereceremos, sino tendremos vida eterna. (Jn. 3:16).

El verdadero Cristianismo es una religión de amor, mediante la cual los hombres pueden restaurar el circuito de dar y recibir vertical con Dios al establecer, por medio de amor y sacrificio, el circuito de dar y recibir horizontal entre los hombres centralizado en Jesús. Las enseñanzas y obras de Jesús tenían este único propósito, como lo expresó en numerosas ocasiones:

«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá a vosotros». (Mt. 7:1-2)

«Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros; porque esta es la Ley y los Profetas». (Mt. 7:12)

«Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos». (Mt. 10:32)

«Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá». (Mt. 10:41)

«Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa». (Mt. 10:42)

3. EL FUNDAMENTO DE CUATRO POSICIONES: LOS TRES PROPOSITOS OBJETIVOS A TRAVES DE LA ACCION ORIGEN-DIVISION-UNION

(1) La acción origen-división-unión

Cuando, a través de la Primera Energía Universal, las características duales de Dios inician la acción de dar y recibir teniendo una relación recíproca, la fuerza de la acción de dar y recibir causa provoca una acción de multiplicación. Esta acción causa que las características duales se separen en dos objetos substanciales centralizados en Dios. La pareja sujeto y objeto substancial entonces inician otra acción de dar y recibir al establecer una relación recíproca, por medio de la Primera Energía Universal. Formando una unidad llegan a ser un objeto de Dios. De esta forma, Dios, como el origen, se divide en dos cuerpos substanciales separados, después de lo cual estas dos se unen de nuevo para formar una unidad. Llamamos a este proceso «acción de origen-división-unión».

(2) Los tres propósitos objetivos

Cuando, conforme a la acción origen-división-unión (acción O-D-U), el origen se ha dividido en dos cuerpos substanciales separados, sujeto y objeto, que de nuevo se unen formando una unidad, entonces se establecen cuatro posiciones. Una toma una posición subjetiva, mientras que las tres restantes se sitúan como objetos, produciendo así tres bases objetivas. Cuando efectúan la acción de dar y recibir entre sí, una de las cuatro posiciones asume el papel de sujeto, mientras que las otras tres cumplen sus propósitos objetivos respectivamente.

(3) El fundamento de cuatro posiciones

Cuando, por la acción O-D-U, el origen se divide en dos objetos substanciales, éstos asumen el papel de sujeto y objeto respectivamente y finalmente forman una unidad. Así se cumplen tres posiciones objetivas. Ya que estas tres posiciones objetivas se centralizan en el origen, todos juntos forman cuatro posiciones respectivas. Esto crea el «fundamento de cuatro posiciones».

El significado del número «cuatro» se deriva de éste fundamento. Y puesto que es el resultado del cumplimiento de los tres propósitos objetivos, el significado del número «tres» está también basado en este fundamento. El fundamento de cuatro posiciones queda expresado en Dios, el marido y la esposa, y su descendencia. Se pueden ver tres etapas distintas, Dios como el origen, el marido y la esposa como el sujeto y el objeto manifestado, y su descendencia como el resultado de su unidad. Así pues, el fundamento de cuatro posiciones es la base de las tres etapas, debido a que se realiza en tres etapas de acuerdo con la acción O-D-U. Es también el fundamento del significado del número «doce», debido a que cada una de las cuatro posiciones tiene tres objetos, sumando así un total de doce objetos. El fundamento de cuatro posiciones es la base para la realización de la bondad de Dios y es la meta última de Su creación. Es la base mediante la cual la fuerza de Dios se canaliza para que pueda fluir dentro de toda Su creación, con el fin de mantener su existencia. Por lo tanto, el fundamento de cuatro posiciones es en definitiva el eterno propósito de la creación de Dios.

(4) Los aspectos de la existencia del fundamento de cuatro posiciones

Siempre que una creación forma un fundamento de cuatro posiciones, cumpliendo sus tres propósitos objetivos a través de la acción O-D-U, comienza a efectuar un movimiento esférico circular tridimensional. Investiguemos la razón de ello.

Cuando las características de Dios se dividen y se manifiestan en dos objetos substanciales, uno sirviendo como sujeto y el otro como objeto, inician una relación y dan lugar a una base recíproca. El objeto efectúa la acción de dar y recibir centralizándose en el sujeto a través de la fuerza centrípeta y la fuerza centrífuga. Como consecuencia, el objeto empieza a girar alrededor del sujeto, y de esta manera forman una unidad. Conforme al mismo principio, el sujeto, en cambio, llega a ser un objeto de Dios, girando a Su alrededor para formar una unidad con El. Cuando el objeto forma una unidad con el sujeto, ambos juntos llegan a ser el objeto substancial de Dios, debido a que reflejan Sus características duales. Por esta razón, cualquier objeto debe unirse antes con su sujeto para llegar a ser un objeto de Dios.

Este objeto substancial de Dios tiene dentro de sí las características duales de sujeto y objeto que realizan un continuo movimiento circular respectivamente, debido a la acción de dar y recibir que existe entre los dos. Por consiguiente, este movimiento circular forma una órbita específica en un nivel horizontal, conforme al movimiento particular del sujeto y objeto. Sin embargo, ya que este movimiento se realiza generalmente con órbitas de ángulos constantemente variables, centralizados en el sujeto, este movimiento circular se convierte en definitiva en un movimiento esférico. Por ello, todos los seres que han completado el fundamento de cuatro posiciones giran con un movimiento circular o esférico, dando lugar al aspecto de existencia tridimensional.

Observemos el ejemplo del sistema solar. Siendo el sol el sujeto, todos los planetas actúan como sus objetos, estableciendo una relación recíproca con el sol mediante la acción de dar y recibir. A causa de la acción de la fuerza centrípeta y centrífuga, cada planeta gira alrededor del sol. Durante este proceso de revolución el sol y los planetas llegan a ser una unidad, creando así el sistema solar. La tierra. aunque es por sí sola un cuerpo complejo de características duales, no es el único cuerpo que gira sobre su eje. El sol y los planetas circundantes, que también son cuerpos complejos de características duales por sí solos, también giran sobre sus propios ejes. El movimiento circular del sistema solar, que está originado por la acción de dar y recibir entre el sol y los planetas, no siempre ocurre en un mismo plano, sino que cambia constantemente su ángulo de órbita alrededor del sol. Así pues, el sistema solar llega a ser tridimensional. De esta forma, todos los cuerpos celestiales existen en tres dimensiones mediante el movimiento circular o esférico. Todo el universo, que se compone de numerosos cuerpos celestiales, existe como una unidad a través de la acción de dar y recibir y se mueve esféricamente según el mismo principio, existiendo así en tres dimensiones.

Cuando un protón y un electrón, al formar una base recíproca, efectúan la acción de dar y recibir con el protón como el centro, se origina un movimiento circular que hace que los dos formen una unidad, construyendo de esta manera un átomo. El protón y el electrón tienen también características duales que están enlazadas por un continuo movimiento individual. Por lo tanto, el movimiento circular causado por la acción de dar y recibir entre el protón y el electrón no sólo ocurre en un nivel horizontal, sino que cambia constantemente su ángulo de movimiento de manera que se convierte en un movimiento esférico. Así pues, el átomo también existe en un nivel tridimensional.

Las líneas de fuerza magnética que se crean entre los polos positivo y negativo de la electricidad también existe como un movimiento esférico por el mismo principio.

Tomemos al hombre como ejemplo. El cuerpo es el objeto de la mente, que es el sujeto. Cuando el cuerpo establece una relación recíproca con la mente, realiza un movimiento circular centralizado en la mente, formando así una unidad. El individuo llega a ser el objeto substancial de Dios, siempre y cuando la mente llegue a ser el objeto de Dios y gire alrededor de El, formando una unidad con El, y el cuerpo se una con la mente, debido a que así refleja las características duales de Dios. De esta manera, se convierte en un hombre en el cual se realiza el propósito de la creación. El cuerpo y la mente por separado contienen características duales en continuo movimiento individual; y así, el movimiento circular que ocurre por la acción de dar y recibir entre el cuerpo y la mente se convierte finalmente en un movimiento esférico al girar alrededor de Dios, cambiando constantemente su ángulo. Por lo tanto, el hombre que ha realizado el propósito de la creación es un ser tridimensional, viviendo siempre en una existencia esférica centrada en Dios. De esta forma, podrá incluso dominar el mundo invisible del espíritu (ref. Parte I, Cap. I, Sec. VI).

Similarmente, cuando el movimiento circular entre un sujeto y un objeto que empieza en un nivel horizontal llega a ser esférico a través de una órbita tridimensional, entonces se originan las maravillas de la creación. Es decir, la belleza de las cosas de la creación existe en una variedad infinita, y esto es debido a las variaciones de órbita, forma, estado, dirección, ángulo y rapidez de la acción de dar y recibir individual.

Cada ser tiene su propio carácter interno y forma externa, y naturalmente su movimiento esférico también contiene estos mismos aspectos de carácter y forma. Por lo tanto, existe el centro del carácter y el centro de la forma, incluso en el centro del movimiento. ¿Cuál será el último centro de este movimiento esférico? El hombre es el centro de toda la creación, que fue creada para ser el objeto substancial simbólico de las características duales de Dios. Dios es el centro de todos los hombres, quienes han sido creados para ser Sus objetos substanciales a Su imagen. Por lo tanto, el último centro del movimiento esférico de todo el universo es Dios.

Investiguemos esto más profundamente. Cada objeto substancial de Dios contiene un sujeto y un objeto dentro de sí mismo, y el sujeto es el centro de su relación. Por ello, el centro del cuerpo unificado de sujeto y objeto también se haya en el sujeto. El último centro del sujeto es Dios y el último centro del cuerpo unificado también es Dios. Por lo tanto, cuando los tres objetos de Dios establecen sus respectivas bases reciprocas y sus tres centros (sujetos) entran en una acción de dar y recibir centrada en Dios en completa unidad con El, cumpliendo sus tres propósitos objetivos, entonces se completa por vez primera el fundamento de cuatro posiciones.

Por ello, el último centro del fundamento de cuatro posiciones es Dios. Toda creación individual que ha realizado de esta forma el fundamento de cuatro posiciones es una encarnación individual de verdad. Como mencionamos antes, ésta existe de dos formas. La encarnación de verdad en imagen (el hombre) y la encarnación de verdad simbólica (toda la creación excepto el hombre).

El universo se compone de innumerables encarnaciones individuales de la verdad, relacionadas mutuamente en un buen orden, desde las criaturas del grado más bajo al más alto, siendo el hombre la más alta encarnación de verdad. Además, cada encarnación individual de verdad se mueve esféricamente, estando las encarnaciones individuales de verdad más bajas en la posición de objeto con respecto a las más altas. El centro del movimiento esférico de este objeto es la encarnación individual de verdad que está en la posición de sujeto, en un nivel más alto. De esta forma, los centros de las infinitas encarnaciones individuales simbólicas de la verdad están conectados los unos con los otros desde los más bajos a los más altos. El hombre, la encarnación individual en imagen, es el ser central y superior de la creación.

Consideremos esto más detalladamente. La ciencia de hoy ve a la partícula como la menor unidad de la materia y afirma que está formada por energía. Observando el propósito de la existencia de las encarnaciones individuales de verdad en los diferentes grados, podemos comprender que la energía existe con el fin de formar partículas elementales. La partícula elemental existe en cambio para formar un átomo, un átomo para formar una molécula, una molécula para formar cualquier tipo de materia y toda la materia para formar el universo entero. ¿Con qué propósito existe entonces el universo y cuál es su centro? La respuesta no es otra que para el hombre mismo. Por esto, Dios, después de crear al hombre, le dijo que dominara la tierra (Gn. 1:28). Si no hubiera hombres que vieran y apreciaran el universo, el universo podría compararse a un museo sin visitantes. Los objetos exhibidos en el museo pueden mostrar el valor de su existencia sólo cuando hay un hombre que los aprecia, que los ama y siente alegría al verlos. El hombre puede tener una relación estrecha con ellos, y de esta forma tienen valor. Si no hubiera ningún hombre que los apreciara, ¿tendrían algún significado?

Lo mismo se aplica al caso de todo el universo con el hombre como su centro. Sólo a través del hombre todos los seres pueden relacionarse mutuamente con un propósito común. La relación es evidente cuando se ve que el hombre descubre la fuente y la naturaleza de todos los materiales que forman toda la creación. Sólo el hombre estudia y descubre las características de todos los animales y plantas, incluyendo todo lo que existe en la tierra y el mar, así como las constelaciones que forman todo el universo. Como el centro y sujeto de la creación, el hombre posibilita que todas las cosas de la creación tengan una mutua relación orgánica las unas con las otras. Los materiales absorbidos por el cuerpo humano se transforman en elementos que mantienen las funciones fisiológicas del hombre, mientras que toda la creación le proporciona materiales para construir unas condiciones ambientales agradables.

Estas son las relaciones del hombre con el universo sobre la base de la forma externa, siendo el hombre el centro. Pero hay aún otra relación, con el hombre como el centro, sobre la base del carácter interno. Podemos llamar a la primera una «relación física», mientras que a la segunda una «relación espiritual».

Los elementos fisiológicos del hombre que se componen de substancia material, responden al intelecto, a la emoción y a la voluntad de su mente. Esto indica que estos materiales tienen ciertos elementos mediante los cuales pueden responder al intelecto, emoción y voluntad del hombre. Tales elementos forman el carácter interno de la materia. Así que toda creación está capacitada para responder al intelecto, a la emoción y a la voluntad humanas, aunque el grado de la respuesta pueda variar. Debido a que el hombre es el centro de la creación él puede llegar a sentirse intoxicado por la belleza de la naturaleza y experimentar el misterio de estar unido en armonía con ella. El hombre fue, pues, creado para ser el centro de toda la creación, y por ello el punto en donde Dios y el hombre forman una unidad es el centro del macrocosmos.

Estudiemos al hombre como el centro del macrocosmos desde un aspecto diferente. Llamamos a los dos mundos, el visible y el invisible, el «macrocosmos», siendo el hombre el centro substancial de todo el macrocosmos. Cada creación que forma este macrocosmos está dividida en un elemento sujeto y un elemento objeto.

Llegamos a la conclusión de que si Adán, que fue el primer antepasado humano, hubiera alcanzado la perfección, habría sido la representación substancial de todos los elementos sujetos de la creación; y si Eva hubiera alcanzado la perfección, habría sido la representación substancial de todos los elementos objetos de la creación. Si Adán y Eva hubieran crecido juntos saludablemente hasta la etapa de perfección, convirtiéndose uno en el señor de todos los sujetos y el otro en el señor de todos los objetos, y si hubieran formado un solo cuerpo como marido y esposa, habrían llegado a ser un cuerpo central dominando todo el universo, ya que Dios creó al hombre para que tuviera dominio sobre la creación.

El hombre fue creado para ser el centro de armonía de todo el macrocosmos. Así pues, si Adán y Eva hubieran llegado a ser marido y esposa después de la perfección, formando así un solo cuerpo como el centro substancial de las características duales contenidas en cada criatura, el macrocosmos, que fue creado también con características duales como un ser individual, se movería en armonía con Adán y Eva como el núcleo. De igual manera, el punto donde Adán y Eva forman una unidad como marido y esposa es también el punto donde Dios, el sujeto de amor, y el hombre, el objeto de belleza, forman una unidad, estableciendo así el centro de la bondad. Cumpliéndose así por primera vez el propósito de la creación. Dios, nuestro Padre, puede morar con los hombres perfectos como Sus hijos y vivir en paz por la eternidad. En aquel tiempo, este centro habría llegado a ser el objeto del amor eterno de Dios mediante el cual Dios se sentiría estimulado con felicidad por la eternidad. Por primera vez en la historia humana la Palabra (Verbo) de Dios se habría encarnado físicamente. Por consiguiente, este punto habría llegado a ser el centro de la verdad y también el centro de la mente original del hombre, la cual ha estado dirigiendo al hombre a lograr su propósito de la creación. Por ello, cuando un hombre y una mujer perfectos se convierten en marido y esposa, con Dios en el centro, todo el universo realiza un movimiento esférico con un propósito unificado, centralizado en el fundamento de cuatro posiciones. Sin embargo, cuando el hombre cayó, el universo perdió este centro; por ello, toda la creación ha estado gimiendo en dolores de parto suspirando que los hijos de Dios, es decir, los hombres que hayan restaurado su naturaleza original, aparezcan y tomen su posición como el centro del macrocosmos. (Rm. 8:19-22).

4. LA OMNIPRESENCIA DE DIOS

Nuestra comprensión aumenta y ahora sabemos que el fundamento de cuatro posiciones, habiéndose cumplido los tres propósitos objetivos a través de la acción O-D-U, forma una unidad con Dios por medio del movimiento esférico centralizado en El. Esto crea el fundamento básico de la fuerza que existe dentro de cada ser, a través de la cual Dios puede obrar, y de la fuerza que posibilita a todos los seres de la creación mantener su existencia. De esta forma, Dios es omnipresente en la creación.

5. LA MULTIPLICACION DE LOS CUERPOS FISIOLOGICOS

Con el fin de continuar su existencia, los cuerpos físicos deben multiplicarse y esta multiplicación ocurre mediante la acción O-D-U causada por la acción de dar y recibir. Por ejemplo, las semillas de las plantas se producen a través de la acción de dar y recibir entre el estambre y el pistilo. Las semillas se multiplican de nuevo repitiendo el mismo proceso. En el mundo animal también, el macho y la hembra crecen y tienen una relación de dar y recibir entre sí, reproduciéndose y multiplicándose. La división de las células de animales y plantas también ocurre a través de la acción de dar y recibir.

Si el cuerpo obedece a los deseos de la mente, de acuerdo a un cierto propósito, entonces inicia una acción de dar y recibir con ésta, y surge así afinidad (camaradería). Siempre que los amigos tengan una hermosa acción de dar y recibir entre ellos, su amistad se incrementará. Visto desde este aspecto, el universo es la manifestación substancial del Dios invisible originado a través de la acción de dar y recibir entre Su carácter original y Su forma original, centralizándose en el propósito de la creación.

6. LA RAZON POR LA CUAL TODOS LOS SERES CONSISTEN DE CARACTERISTICAS DUALES

Todas las cosas necesitan energía para existir y ésta viene de la acción de dar y recibir. Sin embargo, ningún ser puede de efectuar la acción de dar y recibir por sí mismo. Por lo tanto, con el fin de generar la energía para la existencia debe haber un sujeto y un objeto que puedan realizar la acción de dar y recibir.

Cualquier movimiento que vaya en línea recta llegará finalmente a acabar, y ningún ser que realice un movimiento semejante podrá existir eternamente. Por tanto, con el fin de existir eternamente, todas las cosas se mueven en un movimiento circular. Para que ocurra un movimiento circular, debe tener lugar la acción de dar y recibir. Por ello, Dios tiene características duales en orden a existir eternamente. Si Su creación tiene que ser un objeto eterno, debe ser un reflejo de las características duales de Dios. De la misma forma, el «tiempo» también mantiene su perpetuidad pasando por períodos cíclicos.

SECCION III
El Propósito de la Creación

1. EL PROPOSITO DE LA CREACION DEL UNIVERSO

Cada vez que Dios hizo una nueva especie de la creación, El vio que «estaba bien». (Gn. 1:4-31). Esto indica que Dios deseaba que todas las cosas de Su creación fueran buenos objetos. Esto es porque Dios deseaba sentir felicidad al contemplar Su creación.

¿Cómo debería ser la creación para que Dios sienta la máxima felicidad? Después de haber creado el universo, Dios finalmente creó al hombre a Su imagen, según el modelo de Su propio carácter, con la capacidad para sentir alegría, enojo, tristeza y placer y Dios quiso deleitarse al verse reflejado en él. El hombre fue creado para que disfrutara y apreciara su posición como el objeto de Dios. Por esto, cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio tres grandes bendiciones: creced y multiplicáos y llenad la tierra, y sometedla y tened dominio (Gn. 1:28). Si el hombre hubiera cumplido las palabras de esta bendición, llegando a ser feliz en el Reino Celestial de Dios, Dios también habría sentido mucha felicidad.

¿Cómo se hubieran cumplido las tres grandes bendiciones de Dios? Se habrían cumplido sólo cuando se hubiera realizado el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios, el fundamento básico de la creación. El propósito de Dios al crear el universo era sentir felicidad cuando El viera el propósito del bien realizado en el Reino Celestial, que podría haber sido establecido por toda la creación incluyendo al hombre, después de completar el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios y de cumplir Sus tres grandes bendiciones.

Por esta razón, el propósito de la existencia del universo centralizado en el hombre es devolver alegría a Dios, el Creador. Todos los seres tienen un propósito dual. Como ya fue explicado, cada existencia tiene carácter y forma; por eso, su propósito es doble, un propósito pertenece al carácter interno y el otro a la forma externa. La relación entre los dos es exactamente la misma que la que existe entre el carácter y la forma dentro de cualquier ser individual. El propósito del carácter interno es para el conjunto, mientras que el propósito de la forma externa es para el individuo. En otras palabras, el primero y el último se relacionan entre sí como causa y efecto, interior y exterior y sujeto y objeto. Por lo tanto, no puede haber ningún propósito para el individuo aparte del propósito del conjunto, ni ningún propósito del conjunto que no garantice el propósito del individuo. Todas las criaturas del universo forman un enorme organismo entrelazado entre sí por estos propósitos duales.

2. LOS OBJETOS DE BONDAD PARA LA ALEGRIA DE DIOS

Con el fin de comprender más precisamente las preguntas referentes al propósito de la creación de Dios, examinemos primero cómo se produce la alegría. La alegría no puede ser creada por un individuo solo. La alegría viene cuando tenemos un objeto, visible o invisible, que sea una proyección y reflejo de nuestro propio carácter y forma, haciéndonos sentir así nuestro propio carácter y forma a través del estímulo que recibimos del objeto.

Por ejemplo, el hombre siente alegría como creador sólo cuando tiene un objeto; es decir, cuando ve el fruto de su trabajo, ya sea una pintura o escultura, en el cual esté plasmado substancialmente su plan. De esta forma, puede sentir objetivamente su propio carácter y forma a través del estímulo que recibe del fruto de su trabajo. Cuando sólo la idea permanece en la posición objetiva, el estímulo que se recibe de ella no es substancial; por lo tanto, la alegría que se origina de la idea no puede ser tampoco substancial. La alegría de Dios se produce de la misma manera que la alegría del hombre. Por consiguiente, Dios siente alegría cuando percibe objetivamente Su carácter y forma original a través del estímulo que recibe de Su objeto substancial.

Hemos explicado que cuando se realice el Reino de los Cielos, mediante el cumplimiento de las tres grandes bendiciones basándose en el fundamento de cuatro posiciones, entonces se forma el objeto perfecto mediante el cual Dios puede sentir alegría. Estudiemos cómo se forma este objeto perfecto para la alegría de Dios.

La primera bendición de Dios para el hombre era la perfección de su individualidad. Para que el hombre perfeccione su individualidad, su mente y su cuerpo, que son la expresión dividida de las características duales de Dios, deben llegar a unirse mediante la acción de dar y recibir entre sí. Se forma así un fundamento individual de cuatro posiciones centralizado en Dios. El hombre cuya mente y cuerpo ha formado un fundamento de cuatro posiciones original centrado en Dios, se convierte en el templo de Dios (1 Co. 3:16) y forma un solo cuerpo con El (Jn. 14:20). Esto significa que el hombre adquiere divinidad. Sintiendo exactamente lo que Dios siente y conociendo la voluntad de Dios, viviría según el deseo de Dios. Un hombre que hubiera perfeccionado así su individualidad tendría un perfecto dar y recibir entre su mente y su cuerpo. Ambos en unidad, su mente y su cuerpo, formarían un objeto substancial para Dios. En este caso, Dios sería feliz porque podría sentir Su propio carácter y forma objetivamente a través del estímulo proveniente de este objeto substancial. La mente del hombre como sujeto siente lo mismo en relación con su cuerpo. Por lo tanto, cuando el hombre ha realizado la primera bendición de Dios, llega a ser un buen objeto para la alegría de Dios. Un hombre con una individualidad perfecta siente todo lo que Dios siente, como si los sentimientos de Dios fueran los suyos propios. Por ello, no podría hacer nada que causara aflicción a Dios. Esto significa que tal hombre nunca podría caer.

Preparados para realizar la segunda bendición de Dios y después de haber perfeccionado sus respectivas individualidades reflejando así completamente las características duales de Dios, Adán y Eva, los objetos substanciales divididos de Dios, deberían haberse convertido en marido y esposa, formando una unidad, multiplicar hijos y establecer el fundamento de cuatro posiciones a nivel familiar centralizado en Dios. Cualquier familia o sociedad que estableciera este fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios, se asemejaría a un hombre de individualidad perfecta. Así pues, la familia o la sociedad sería el objeto substancial del hombre centralizado en Dios, y el hombre y su objeto juntos serían el objeto substancial de Dios. Dios y el hombre serían felices, pues sentirían sus propias características duales reflejadas en semejante familia o sociedad. Cuando el hombre realiza la segunda bendición, ésta también llega a ser un buen objeto para la alegría de Dios.

Estudiemos ahora por qué el hombre será un buen objeto para la alegría de Dios cuando realice la tercera bendición de Dios. Primeramente, debemos explicar la relación entre el hombre y el universo desde el punto de vista del «carácter y forma».

Antes de crear al hombre, Dios hizo todas las cosas manifestando en imagen el Sung Sang y el Hyung Sang del hombre que crearía posteriormente. Por ello, el hombre es la encapsulación substancial de todas las cosas. Esta es la razón por la cual lo llamamos el «microcosmos».

Dios comenzó Su creación con animales de un orden inferior, luego creó animales con funciones más complicadas; y finalmente creó al hombre, quien tiene la función más elevada. Por esta razón, el hombre contiene la estructura, elementos y cualidades esenciales de los animales. Por ejemplo, las cuerdas vocales del hombre están tan perfeccionadas que pueden imitar los sonidos de todos los animales. La línea y figura humana es la más delicada y elegante, por ello se usa a menudo como un tema difícil de dibujo para los artistas estudiantes.

Cuando observamos al hombre y a las plantas, vemos que existe una diferencia en sus estructuras y funciones, pero son semejantes en que ambos consisten de células. El hombre contiene todas las estructuras, elementos y cualidades esenciales de las plantas. Para ser más exactos, la hoja de una planta, vista según su forma y función, corresponde al pulmón humano. De igual manera que la hoja absorbe dióxido de carbono del aire, el pulmón humano absorbe oxígeno. El tronco, tallo o ramas de una planta se corresponde al corazón humano en suministrar alimento a todo el cuerpo. La raíz de una planta se corresponde al estómago e intestinos de un hombre, que absorbe alimentos. También, el diseño y función de los vasos liberianos y leñosos de una planta se corresponde al de las arterias y venas en el hombre.

El hombre se compone también de tierra, agua y aire; así pues, contiene elementos minerales. Además, la estructura de la tierra es similar a la del cuerpo humano. La corteza terrestre está cubierta de plantas, existen ríos subterráneos en el subsuelo, y debajo de todo esto se encuentra lava fundida rodeada de rocas. Esto se corresponde paralelamente a la estructura del cuerpo humano; la piel está cubierta de pelos, existen los vasos sanguíneos en la musculatura, y más profundo se encuentra la médula dentro de los huesos.

La tercera bendición de Dios para el hombre significa la perfección del dominio del hombre sobre la creación. Con el fin de realizar esta bendición, el hombre debe establecer el fundamento de cuatro posiciones con el universo como su objeto, centralizado en Dios. Entonces, siendo el hombre el objeto visible hecho a imagen de Dios y la creación el objeto simbólico como Su imagen indirecta, el amor del hombre y la belleza de la creación realizan la acción de dar y recibir para formar un solo cuerpo en unidad centralizado en Dios (ref. Parte I, Cap. I, Sec. V, 2 [3]).

El universo es el objeto en el cual el carácter y la forma del hombre están manifestados en substancia. Por lo tanto, el hombre cuyo centro está fijado en Dios, siente una alegría inmensa cuando percibe objetivamente su propio carácter y forma a través de todas las cosas como sus objetos substanciales. De igual manera, Dios disfrutaría de la máxima felicidad sintiendo Su carácter y forma esencial a través del mundo de Su creación, compuesto del hombre y todas las cosas en armoniosa unidad. Cuando el hombre realiza así la tercera bendición de Dios, ésta llega a ser también un objeto de bondad para la alegría de Dios. Si el propósito de la creación se hubiera llevado a cabo de esta forma, se habría establecido en la tierra un mundo ideal en el que no habría ni rastro de pecado. Podemos designar a este mundo el Reino de los Cielos en la tierra. El hombre fue originalmente creado para vivir en el Reino de los Cielos en la tierra. En el momento de su muerte física, transmigraría al mundo espiritual donde podría disfrutar de una vida eterna en el Reino de los Cielos espiritual.

Según todo lo que hemos explicado, podemos comprender que el Reino de los Cielos es el mundo semejante a un hombre de individualidad perfeccionada según el modelo del carácter y la forma esencial de Dios. Así como en el hombre las órdenes de la mente se transmiten a todo el cuerpo mediante el sistema nervioso central, logrando que el cuerpo se mueva con un sólo propósito, así también en el Reino de los Cielos, las órdenes de Dios son transmitidas a todos sus hijos a través de los Padres Verdaderos, haciendo posible que todos obren según un solo propósito.

SECCION IV
El Valor Original de la Creación

1. LA DETERMINACION DEL VALOR ORIGINAL DE LA CREACION Y EL MODELO DEL VALOR

¿Cómo podemos determinar el valor original de las cosas? El valor de un objeto, según el juicio común, se determina por la relación recíproca entre el propósito del objeto y el deseo del hombre por él. El valor original de un cuerpo individual no está latente en él mismo como algo absoluto. Queda determinado por la relación recíproca entre el propósito del cuerpo individual (como un tipo particular de objeto centrado en el ideal de Dios de la creación) y el deseo del hombre (como sujeto) de buscar el valor original del objeto. Por esta razón, para que un objeto manifieste el valor original de su creación, debe unirse con el hombre mediante la acción de dar y recibir, formando así el fundamento original de cuatro posiciones y llegando a ser el tercer objeto de Dios.

Entonces, ¿cuál es el estándar del valor original de la creación? El valor original queda determinado cuando un objeto y un hombre, como sujeto, establecen el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios. El estándar del valor es Dios, el ser absoluto, porque El es el centro del fundamento de cuatro posiciones. Por consiguiente, el valor original de un objeto, que se determina en relación al modelo de Dios como la realidad absoluta, debe ser absoluto.

Por ejemplo, ¿cómo se determina la belleza de una flor? Su belleza original se manifiesta cuando el propósito de Dios al crear la flor y el deseo espontáneo del hombre en busca de la belleza de la flor coinciden el uno con el otro, entonces el deseo centralizado en Dios del hombre de encontrar su belleza se cumple al recibir el estímulo emocional proveniente de la flor. Esto le lleva alegría perfecta. De esta forma, la belleza de la flor llegará a ser absoluta cuando la alegría que el hombre siente de la flor esté perfectamente centrada en el propósito de la creación.

El deseo del hombre de buscar la belleza de la creación es el deseo de sentir objetivamente su propio carácter y forma. Cuando el propósito divino de la creación de la flor y el deseo del hombre de buscar su valor están en consonancia, el sujeto y el objeto forman un estado de armoniosa unidad. Por lo tanto, para que cualquier cosa posea valor original, debe establecer el fundamento de cuatro posiciones con el hombre como el sujeto y convertirse en el tercer objeto de Dios en un estado de armoniosa unidad centralizado en El. Entonces, el valor original de todas las cosas, determinado por su relación relativa a Dios, es también absoluto. Hasta ahora, el valor de un objeto nunca ha sido absoluto, sino sólo relativo, porque la acción de dar y recibir entre el objeto y el hombre caído no ha sido centralizada en Dios, sino en el propósito y deseo satánico.

2. INTELECTO, EMOCION Y VOLUNTAD ORIGINAL Y VERDAD, BELLEZA Y BONDAD ORIGINAL

La mente humana tiene tres funciones básicas constantemente en acción: intelecto, emoción y voluntad. El cuerpo del hombre actúa en respuesta a las órdenes de su mente. Según esto, podemos decir que el cuerpo responde a su intelecto, emoción y voluntad. Por consiguiente, cada acto del hombre debe ser una búsqueda de verdad, belleza y bondad. Dios, que es el sujeto de la mente humana, es también el sujeto del intelecto, emoción y voluntad humano. Cuando el hombre responde con su mente al intelecto, emoción y voluntad original de Dios, su cuerpo actúa de acuerdo a la voluntad de Dios. Por tanto, la conducta del hombre reflejaría los valores de verdad, belleza y bondad original.

3. AMOR Y BELLEZA, BIEN Y MAL Y JUSTICIA E INJUSTICIA

(1) Amor y belleza

Cuando los dos seres substanciales, que provienen de la división de las características duales de Dios, establecen un fundamento de cuatro posiciones efectuando la acción de dar y recibir sobre una base recíproca, las fuerzas emocionales obran entre el sujeto y objeto para unirlos como el tercer objeto de Dios. El amor es la fuerza emocional que el sujeto da al objeto; la belleza es la fuerza emocional que el objeto devuelve al sujeto. El poder del amor es activo y el estímulo de la belleza es pasivo.

En la relación entre Dios y el hombre, Dios da amor al hombre como el sujeto, mientras que el hombre le devuelve belleza como su objeto. Entre el hombre y la mujer, el hombre es el sujeto que da amor, mientras que la mujer es el objeto que devuelve belleza. En el universo como conjunto el hombre es el sujeto que da amor al resto de la creación, que es el objeto que responde con belleza. Sin embargo, cuando el sujeto y el objeto se unen, entonces surge un amor que está latente en la belleza y una belleza que está latente en el amor. Esto es debido a que, cuando el sujeto y objeto se unen en un movimiento circular, el sujeto puede colocarse en la posición del objeto y el objeto en la del sujeto. Entre personas, la belleza que un joven devuelve en respuesta al amor de una persona mayor se llama lealtad»; la belleza que los hijos devuelven en respuesta al amor de sus padres se llama «piedad filial»; la belleza que una esposa devuelve en respuesta al amor de su marido se llama «virtud». El propósito del amor y la belleza es que los dos cuerpos substanciales separados, como la división de las características duales de Dios, puedan llegar a ser una unidad mediante la acción de dar y recibir, estableciendo así el fundamento de cuatro posiciones y, como el tercer objeto de Dios, cumplir su propósito de la creación.

A continuación, estudiaremos la naturaleza del amor de Dios. El propósito de la creación divina del hombre se cumplirá sólo cuando Adán y Eva, después de alcanzar la perfección como los objetos substanciales de las características duales de Dios, se unan y den nacimiento a hijos. Experimentando así los tres tipos de amor que se dan a sus respectivos objetos, el amor paternal (el primer tipo de amor dado al objeto), el amor conyugal (el segundo tipo de amor dado al objeto), el amor de los hijos (el tercer tipo de amor dado al objeto), con el fin de cumplir los tres propósitos objetivos y finalmente formar el fundamento de cuatro posiciones. En relación con cada uno de los tres amores objetivos del fundamento de cuatro posiciones, el amor de Dios es sujeto. Por consiguiente, el amor de Dios se manifiesta en los tres amores objetivos y es la fuerza fundamental para el establecimiento del fundamento de cuatro posiciones. El fundamento de cuatro posiciones es un objeto perfecto de belleza en el cual podemos recibir y disfrutar completamente del amor de Dios perfectamente; es también la base fundamental de la bondad en la cual se cumple el propósito de la creación de Dios.

(2) Bien y mal

Cuando un sujeto y un objeto cumplen el propósito de la creación uniéndose por medio de la acción de dar y recibir, la acción y sus resultados se llama «bien». Cuando el sujeto y el objeto van en contra del propósito divino de la creación estableciendo el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Satán, esta acción o sus resultados se llama «mal».

Por ejemplo, cuando un individuo cumple la primera bendición de Dios para el hombre, uniendo su mente y su cuerpo a través de la acción de dar y recibir de amor y belleza, y estableciendo así el fundamento de cuatro posiciones a nivel individual, este individuo o las acciones que dan origen a tal individuo se llama «bien». Si Adán y Eva se hubieran convertido en marido y esposa mediante la acción de dar y recibir de amor y belleza en las posiciones respectivas de sujeto y objeto centralizados en Dios, y hubieran establecido el fundamento de cuatro posiciones a nivel familiar junto con sus hijos, habrían creado una familia en la cual se cumpliría el propósito de la creación, realizando así la segunda bendición de Dios para el hombre. Esta familia o las acciones para crear tal familia se llama «bien». Además, cuando un hombre individualmente perfecto pone a la creación en la posición objetiva como su segundo ser y forma una unidad con ella, da lugar al tercer objeto de Dios. Entonces, establece el fundamento de cuatro posiciones bajo su control, realizando así la tercera bendición de Dios para el hombre. Este estado o las acciones para alcanzarlo, se llaman también «bien». Por el contrario, cuando un hombre cumple un propósito contrario a las tres grandes bendiciones de Dios, estableciendo el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Satán, este acto a sus resultados se llama «mal».

(3) Justicia e injusticia

En el proceso de la realización del propósito del bien, los elementos que dan lugar a una vida de bondad se llaman «justicia». En el proceso de realizar el propósito del mal (Satán), los elementos que causan una vida de maldad se llaman «injusticia». Por ello, es natural que necesitemos vivir una vida de justicia con el fin de cumplir el propósito del bien. Por esta razón, la justicia siempre persigue el propósito del bien.

SECCION V
El Proceso de la Creación del Universo
y el Período de Crecimiento

1. EL PROCESO DE LA CREACION DEL UNIVERSO

En el Capítulo I del Génesis está escrito que la creación del universo comenzó con la creación de la luz, después del caos, el vacío y las tinieblas que cubrían la superficie del abismo. Dios primero creó el agua y entonces separó las aguas que había bajo el firmamento de las aguas que había encima del firmamento. Luego, El separó la tierra del mar. Después de haber creado las plantas, peces, pájaros y mamíferos, creó al hombre. Todo esto duró un período de seis días. Según esto, podemos ver que hubo un período de seis días relacionado con la creación del universo.

El proceso de la creación descrito en la Biblia está de acuerdo con el proceso evolutivo de la creación conocido por los científicos modernos. En el principio, el universo estaba en un estado gaseoso. Después del caos y el vacío de la era seca, fueron formados los cuerpos celestiales. Después de un período de lluvias, el mundo entró en la era acuosa con un firmamento de aguas. Entonces, debido a erupciones volcánicas, la tierra surgió del agua y fue así separada del mar. A continuación aparecieron todas las plantas y animales inferiores. Entonces, vinieron los peces, las aves, los mamíferos y finalmente el hombre, en este orden. Los científicos calculan que la edad de la tierra es de algunos miles de millones de años. Cuando consideramos el hecho de que el proceso de la creación descrito en la Biblia, que fue escrita hace miles de años, coincide con los descubrimientos de la investigación científica, comprobamos que este relato en la Biblia es realmente una revelación de Dios.

El universo no apareció de repente sin ningún lapso de tiempo, sino que para la formación del universo se necesitó un tiempo considerable. Por tanto, los seis días hasta la consumación de la creación del universo no son, naturalmente, seis días calculados por la repetición de amanecer y atardecer, sino una indicación de que hubo seis períodos en el curso de la creación.

2. EL PERIODO DE CRECIMIENTO DE LA CREACION

El hecho de que duró seis días, es decir, seis períodos, el completar la creación del universo, indica que se necesita una cierta cantidad de tiempo para completar la creación de cualquier cuerpo individual del universo.

En el Capítulo I del Génesis al leer la narración de la creación del universo vemos que se describe la creación de cada día y que a cada día se le designa por un número. Por esto, también podemos comprender que era necesario un período de tiempo para la terminación de cada creación. La Biblia dice que, después de la creación del primer día «atardeció y amaneció el día primero» (Gn. 1:5). Sin embargo, después del período que va desde la tarde, pasando por la noche, hasta la mañana siguiente, debería comenzar el segundo día; pero la Biblia dice «un día» o «día primero», porque cualquier ser creado sólo puede realizar el ideal de la creación en la nueva mañana, después de alcanzar su perfección durante la noche, que es el período de crecimiento.

De igual manera, todos los fenómenos que ocurren en el universo dan lugar a un resultado sólo después de un lapso de tiempo de intervalo. Esto es debido a que todas las cosas hechas en el principio tenían que ser perfectas al cabo de un cierto período de tiempo.

(1) Las tres etapas ordenadas del período de crecimiento

El universo es la representación del carácter y la forma esencial de Dios desarrollados substancialmente de acuerdo a principios matemáticos. Podemos deducir que Dios es, de hecho, matemático. Dios es la realidad absoluta, el centro neutral existente de las dos características; por lo tanto, El es la realidad del número tres». Cada ser creado, siendo una imagen o una expresión simbólica de Dios (Gn. 1:27), ha sido creado para seguir el curso del número «tres» en su existencia, movimiento y crecimiento.

Por ello, el fundamento de cuatro posiciones, que es el propósito divino de la creación, tenía que ser establecido mediante un curso en tres etapas: Dios, Adán y Eva, y los hijos. Para establecer el fundamento de cuatro posiciones e iniciar el movimiento circular, se deben completar las tres etapas de la acción origen-división-unión, cumpliendo los tres propósitos objetivos, sirviendo como objeto a tres sujetos y como sujeto a tres objetos. Cualquier cosa necesita al menos tres puntos de apoyo para mantenerse en una posición estable. Por consiguiente, cualquier criatura para llegar a la perfección debe crecer hasta la madurez siguiendo las tres etapas ordenadas de «formación», «crecimiento» y «perfección». El número «tres» aparece por todo el mundo natural que se compone de minerales, plantas y animales. Por ejemplo: la materia existe en tres formas: gaseosa, líquida y sólida; una planta consiste básicamente de tres partes: raíz, tronco o ramas, y hojas; un animal se compone de cabeza, tronco y extremidades.

Señalemos a continuación algunos ejemplos de la Biblia. El hombre, al caer antes de completar las tres etapas del período de crecimiento, no pudo cumplir el propósito de la creación. Por tanto, para alcanzar este propósito, debe primero recorrer estas tres etapas. En la providencia de la restauración, Dios ha obrado para restaurar el número «tres». A causa de esto, hay muchos pasajes en la Biblia de la providencia centrada en el número «tres». La Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), las tres etapas del Paraíso, los tres arcángeles (Lucifer, Gabriel y Miguel), las tres cubiertas del arca de Noé, los tres vuelos de la paloma desde el arca, las tres ofrendas de Abraham, los tres días antes de la ofrenda de Isaac, los tres días de oscuridad durante el período de Moisés, el período de tres días de separación de Satán como preparación para el Exodo, los tres períodos de 40 años de la restauración de Canaán, el período de tres días de separación de Satán centrados en Josué antes de cruzar el Jordán, los treinta años de vida privada y los tres años de ministerio público de Jesús, los tres Reyes Magos de Oriente con sus tres regalos, los tres discípulos mayores de Jesús, las tres tentaciones de Jesús, las tres oraciones en Getsemaní, las tres negaciones de Pedro, las tres horas de obscuridad durante la crucifixión, la resurrección de Jesús después de tres días.

¿En qué momento cayeron los primeros antepasados humanos? Cayeron durante su período de crecimiento, mientras estaban aún inmaduros. Si el hombre hubiera caído después de haber alcanzado la perfección, no podríamos creer en la omnipotencia de Dios. Si el hombre pudiera caer después de convertirse en una encarnación perfecta del bien, el mismo bien sería imperfecto. En consecuencia, llegaríamos a la conclusión de que Dios, el sujeto absoluto del bien, sería también imperfecto.

En Génesis 2:17, Dios advirtió a Adán y Eva que en el día que comieran del fruto del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal, ciertamente morirían. Por el hecho de que tenían dos alternativas, continuar viviendo obedeciendo la advertencia de Dios o elegir el camino de muerte yendo en contra de la advertencia, podemos imaginarnos que aún estaban en un estado inmaduro. Todas las cosas fueron creadas para alcanzar la perfección después de haber crecido en tres etapas. El hombre no pudo haber sido creado fuera de este principio.

¿En qué etapa del período de crecimiento cayó el hombre? Podemos afirmar que cayó en el nivel final de la etapa de crecimiento. Esto puede ser probado lógicamente examinando las diferentes situaciones que concurrieron en la caída de los primeros antepasados humanos y por los detalles de la historia de la providencia de la restauración. Esto será aclarado más adelante estudiando a fondo la primera y segunda parte de este libro.

(2) El dominio indirecto

Durante el período de crecimiento, todos los seres de la creación crecen autónomamente por la fuerza del Principio Divino. Por consiguiente, Dios, como el autor del Principio, se relaciona con la creación indirectamente, relacionándose directamente sólo con los resultados de su crecimiento que están de acuerdo con el Principio. Por esto, podemos llamar a este período el «dominio indirecto» de Dios o Su «dominio sobre el resultado dentro del Principio».

Todas las cosas alcanzan su perfección mediante el dominio y autonomía del mismo Principio, recorriendo el período de crecimiento (dominio indirecto). Sin embargo, el hombre está creado para lograr su perfección no sólo mediante el dominio y autonomía del mismo Principio, sino también cumpliendo su propia parte de responsabilidad durante este período. Es decir, cuando estudiamos la Palabra de Dios, que dice «…el día que comieres de él, morirás sin remedio» (Gn. 2:17), podemos comprender que la caída del hombre fue por su propia falta y no por culpa de Dios. Los primeros antepasados humanos tenían que llegar a ser perfectos creyendo en la Palabra divina y no comiendo del fruto. Sin embargo, por su incredulidad, comieron de él, causando así la caída. En otras palabras, la perfección o no perfección del hombre no sólo depende del poder de creación de Dios, sino también de la respuesta del hombre. Por consiguiente, el hombre fue creado para alcanzar su perfección recorriendo el período de crecimiento (dominio indirecto) cumpliendo su parte de responsabilidad, mientras que Dios cumplía Su parte como Creador.

Dios creó al hombre para que pudiera alcanzar su perfección sólo a través de cumplir su parte de responsabilidad. Dios no interfiere en la parte de responsabilidad del hombre. El hombre debería heredar la creatividad de Dios y participar en Su obra de la creación. Así pues, el hombre puede también disfrutar de la autoridad de un señor, que le permite gobernar todas las cosas desde la posición del creador, de la misma forma que Dios, el Creador del hombre, tiene dominio sobre el hombre (Gn. 1:28). Esta es la diferencia entre el hombre y el resto de la creación. Así pues, el hombre logra la perfección sólo después de haber adquirido la capacidad de gobernar el resto de la creación, incluyendo a los ángeles. El hombre realiza esto recorriendo el período de dominio indirecto, cumpliendo su propia parte de responsabilidad y heredando la creatividad de Dios. Por consiguiente, el hombre, que a causa de la caída perdió su calificación para ser el señor, nunca podrá cumplir el propósito de la creación, si no va de nuevo a través del dominio indirecto. De esta manera, el hombre puede restaurar su dominio sobre todas las cosas, incluyendo a Satán, al cumplir su parte de responsabilidad de acuerdo con el principio de la restauración. La providencia divina de la salvación ha sido prolongada durante tanto tiempo, debido a que las figuras centrales de Su providencia de la restauración han fallado repetidamente en cumplir sus partes de responsabilidad, en las cuales Dios no puede interferir.

Por muy grande que sea la gracia de la salvación a través de la cruz de Cristo, la providencia de la salvación que llama a la puerta del hombre será anulada si el propio hombre no tiene fe, que es su propia parte de responsabilidad. Dios otorgó el beneficio de la resurrección por la crucifixión de Jesús como Su parte de responsabilidad, pero queda la responsabilidad del hombre de tener fe (Jn. 3:16, Ef. 2:8, Rm. 5:1).

(3) El dominio directo

¿Qué es el «dominio directo» de Dios y cuál es su propósito? El hombre entra en el dominio directo de Dios cuando el marido y la esposa cumplen el propósito del bien mediante la acción perfecta de dar y recibir de amor y belleza entre sí de acuerdo a la voluntad del sujeto, en perfecta unidad con el corazón de Dios, estableciendo el fundamento de cuatro posiciones al llegar a ser un solo cuerpo unido. Por tanto, el dominio directo es el reino de la perfección. Estamos destinados a hacer realidad este dominio directo de Dios, pues debe existir para que se realice el propósito de la creación. ¿Qué significado tiene para el hombre el dominio directo de Dios?

Si Adán y Eva se hubieran perfeccionado centrados en Dios, llegando a ser un solo cuerpo unido para formar el fundamento de cuatro posiciones a nivel familiar, viviendo entonces una vida de bondad en perfecta unidad con el corazón divino, este estado sería el «dominio directo» de Dios. Un hombre en tal estado puede poner en práctica la voluntad de Dios comprendiéndola y experimentando el corazón de Dios, que es más fundamental. De igual manera que cada parte o nervio del cuerpo humano se pone en acción por las órdenes de la mente humana, que es invisible, así también el hombre actuaría según la voluntad de Dios en obediencia a Sus órdenes, cumpliendo así el propósito de la creación.

A continuación, estudiemos cómo el hombre asume un dominio directo sobre todas las cosas. Cuando el hombre perfecto como sujeto, y el mundo físico como su objeto, llegan a ser una completa unidad centralizada en Dios y establecen el fundamento de cuatro posiciones; y cuando el hombre cumple así el propósito del bien mediante una acción perfecta de dar y recibir de amor y belleza con el mundo físico de acuerdo a su voluntad, en perfecta unidad con el corazón de Dios, entonces el hombre asume dominio directo sobre todas las cosas.

SECCION VI
El Mundo Substancial Invisible y el Mundo
Substancial Visible Centrados en el Hombre

1. EL MUNDO SUBSTANCIAL INVISIBLE Y EL MUNDO SUBSTANCIAL VISIBLE

Ya que el universo fue creado según el modelo del hombre, quien fue hecho a imagen y semejanza de las características duales de Dios, toda existencia, sin excepción, se asemeja a la forma básica del hombre, que consiste de mente y cuerpo (ref. Parte I, Cap. I, Sec. I). Así pues, en el universo no sólo existe el mundo substancial visible, que se parece al cuerpo humano, sino también el mundo substancial invisible, que está modelado según la mente humana. Llamamos a este último el mundo substancial invisible, porque no se puede percibir con nuestros cinco sentidos físicos; sin embargo, podemos percibirlo con nuestros cinco sentidos espirituales. El mundo invisible, al igual que el mundo físico, es un mundo de realidad. Se siente y percibe realmente mediante los cinco sentidos espirituales. Los dos mundos substanciales juntos se denominan el «macrocosmos».

De igual manera que el cuerpo no puede actuar sin una relación con la mente, asimismo el hombre original de la creación no puede actuar sin una relación con Dios. El mundo visible tampoco puede disfrutar de su valor original sin relacionarse con el mundo invisible. De la misma manera que no podemos comprender la conducta de un hombre sin conocer su mente, así también no podemos conocer realmente el significado fundamental de la vida humana sin conocer a Dios. Sin comprender el mundo invisible, tampoco podemos conocer perfectamente el mundo visible. Así pues, el mundo invisible es el mundo subjetivo y el mundo visible es el mundo objetivo, este último es como una sombra del primero (He. 8:5). El hombre, en el momento de su muerte, después de su vida en el mundo visible, va al mundo invisible con un cuerpo espiritual, después de dejar sus «ropas de carne» (Job. 10 :11), y vive allí para siempre.

2. LA POSICION DEL HOMBRE EN EL UNIVERSO

Primero, Dios creó el hombre para ser el señor del universo (Gn. 1:28). El universo, excepto el hombre, no tiene sensibilidad interna para percibir a Dios. Por esta razón, Dios no domina al mundo directamente; sino que, al crear al hombre con completa sensibilidad para percibir el universo, Dios deja que él gobierne al universo directamente. Al crear al hombre, Dios creó su carne con ingredientes de agua, tierra y aire, que son los elementos principales del mundo físico. Dios lo hizo así para que el hombre esté capacitado para percibir y dominar este mundo. El creó al hombre espiritual con elementos espirituales, capacitándole para percibir y tener dominio sobre el mundo invisible. En el Monte de la Transfiguración, Moisés, que había muerto aproximadamente 1.600 años antes, y Elías, que había muerto 900 años antes, se aparecieron a Jesús (Mt. 17 :3). Eran realmente los espíritus de Moisés y Elías. Solamente el hombre, que se compone a la vez de espíritu y carne, puede ser el señor de los dos mundos, pues está capacitado para dominar el mundo visible y el invisible.

Segundo, Dios creó al hombre para ser el mediador y centro de armonía del universo. Cuando el espíritu y la carne del hombre, uniéndose mediante la acción de dar y recibir, llegan a ser un objeto substancial de Dios, también el mundo visible y el invisible llegan a ser un objeto de Dios, uniéndose mediante la acción de dar y recibir centralizada en el hombre. Así pues, el hombre es el mediador o centro de armonía entre los dos mundos. Por tanto, el hombre es como el aire, que hace posible que suene un diapasón. Debido a que el hombre está hecho para comunicarse con el mundo invisible, tiene que reflejar todas las cosas que ocurren en el mundo del espíritu.

Tercero, Dios creó al hombre como el microcosmos substancial de todo el universo. Dios, primero, creó el universo desarrollando substancialmente el carácter y la forma del hombre. Así pues, el hombre espiritual es el resumen substancial del mundo invisible, debido a que Dios creó el mundo invisible como el desarrollo substancial del carácter y la forma del hombre espiritual. De igual manera, el hombre físico es el resumen substancial del mundo visible, ya que Dios creó el mundo visible como el desarrollo substancial del carácter y la forma del hombre físico. Por esta razón, el hombre es un microcosmos, el resumen de todo el macrocosmos.

No obstante, debido a la caída del hombre, toda la creación perdió a su señor. Leemos en Romanos 8:19, que la creación expectante, desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. (hombres de naturaleza original restaurada). Romanos 8:22, sigue diciendo: «la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto». Esto es debido a que la acción de dar y recibir entre el mundo visible y el invisible ha sido interrumpida debido a la caída del hombre; dejándolos sin posibilidad de unirse; ya que el hombre tenía que ser el mediador y centro de armonía. Jesús vino como un hombre perfecto en carne y espíritu. Así que él era el microcosmos substancial del universo. Por esta razón la Biblia dice que Dios había sometido todas las cosas bajo los pies de Cristo (1 Co. 15 :27). Jesús es nuestro salvador. El vino al mundo con el fin de perfeccionar a los hombres caídos esforzándose en que se unieran con él.

3. LA RELACION RECIPROCA ENTRE EL HOMBRE FISICO Y EL HOMBRE ESPIRITUAL

(1) La estructura y función del hombre físico

El hombre físico se compone de características duales; la mente física (sujeto) y el cuerpo físico (objeto). La mente física posibilita al cuerpo carnal que se multiplique y le provee de protección. El instinto de un animal se corresponde a la mente carnal. Con el fin de que el hombre físico crezca con buena salud, debe absorber aire y luz, que son alimentos invisibles de carácter positivo, y también tomar elementos materiales, que son alimentos visibles de carácter negativo. Todos éstos juntos deben efectuar una acción perfecta de dar y recibir por medio de la circulación de la sangre.

El hecho de que la conducta del hombre físico sea buena o mala influye en su hombre espiritual haciéndolo bueno o malo. Esto es debido a que el hombre físico da ciertos elementos al hombre espiritual, que se llaman «elementos de vitalidad». En nuestra vida diaria, sabemos que nuestra mente se alegra cuando el cuerpo hace buenas obras, pero siente ansiedad después de una mala conducta. Esto es debido a que los elementos de vitalidad, que pueden ser buenos o malos conforme a las obras del hombre, son asimilados por nuestro hombre espiritual.

(2) La estructura y función del hombre espiritual

El hombre espiritual, que existe como un ser substancial invisible, fue creado para ser el sujeto del hombre físico y se puede sentir y percibir a través de nuestros sentidos espirituales. Mediante el hombre espiritual podemos comunicarnos directamente con Dios y tener dominio sobre el mundo invisible, incluyendo a los ángeles. Nuestro hombre espiritual es idéntico en apariencia a nuestro hombre físico, y vive por la eternidad en el mundo invisible después de dejar el cuerpo físico. El hombre desea vivir eternamente porque tiene dentro de sí mismo un hombre espiritual que tiene una naturaleza eterna.

Este hombre espiritual se compone de características duales; la mente espiritual (sujeto) y el cuerpo espiritual (objeto). La mente espiritual es la parte central del hombre espiritual, donde Dios puede habitar. Nuestro hombre espiritual crece por medio de la acción de dar y recibir entre los «elementos de vida» (positivos) que vienen de Dios, y los «elementos de vitalidad» (negativos) que vienen del hombre físico. El hombre espiritual no sólo recibe los elementos de vitalidad del hombre físico, sino que también manda ciertos elementos a cambio que se llaman «elementos espirituales de vida». Hemos podido observar cómo un hombre influido por otro espíritu más elevado, puede sentir una alegría infinita y una nueva fuerza que fluye dentro de él, tan grande que incluso puede curarle una enfermedad crónica. Tales ejemplos ocurren debido a que el hombre físico recibe elementos espirituales de vida del hombre espiritual. Además, el hombre espiritual sólo puede crecer utilizando como base al hombre físico. Por lo tanto, la relación entre el hombre espiritual y el hombre físico es semejante a la que existe entre el fruto y el árbol. Cuando la mente física responde a los deseos de la mente espiritual, el hombre físico actúa de acuerdo al propósito de la mente espiritual. Entonces, el hombre físico recibe los elementos espirituales de vida del hombre espiritual. Esto lleva buenos sentimientos y energía al hombre espiritual. Por consiguiente, el hombre físico, cuando devuelve elementos de vitalidad saludables al hombre espiritual, le influye para que crezca normalmente en la dirección del bien.

La verdad nos enseña qué es lo que nuestra mente espiritual desea. Cuando el hombre llega a comprender, mediante la verdad, lo que nuestra mente espiritual desea y cuando poniéndolo en práctica cumple su parte de responsabilidad, entonces los elementos espirituales de vida y los elementos de vitalidad inician la acción de dar y recibir para el propósito del bien. La relación entre los elementos espirituales de vida y los elementos de vitalidad se corresponden a la relación entre carácter y forma. Debido a que los elementos espirituales de vida están siempre obrando en cada individuo, la mente original siempre le dirige hacia el bien, incluso si es una persona mala. Sin embargo, a no ser que el hombre lleve una vida buena, los elementos espirituales de vida no pueden ayudar en nada el mejoramiento del hombre físico. Tampoco se puede disfrutar de una acción normal de dar y recibir con los elementos de vitalidad. De esta manera, nuestro hombre espiritual sólo puede ser perfecto a través de nuestra vida física sobre la tierra.

Nuestro hombre espiritual, de acuerdo con el principio de la creación, debería perfeccionarse creciendo gradualmente a través de las tres etapas ordenadas en conjunción con nuestro hombre físico, centralizados en la mente espiritual. Un hombre espiritual que está en la etapa de formación se llama «espíritu de formación», en la etapa de crecimiento, «espíritu de vida» y en la etapa de perfección, «espíritu divino».

Cuando nuestro hombre espiritual y nuestro hombre físico establecen el fundamento de cuatro posiciones, efectuando la acción perfecta de dar y recibir centrada en Dios, formando así un cuerpo unido, entonces el hombre espiritual llega a ser un espíritu divino. En este nivel, el hombre espiritual puede sentir y percibir todas las cosas del mundo invisible. Ya que todos los fenómenos espirituales que son percibidos por el hombre espiritual se reflejan y resuenan en el hombre físico, presentándose como fenómenos físicos, el hombre llega finalmente a sentir estos fenómenos espirituales incluso con sus cinco sentidos físicos. El Reino de Dios en los cielos es el lugar donde los espíritus van a vivir eternamente después de dejar sus cuerpos físicos, cuando terminan su vida física en el Reino de Dios en la tierra. El Reino de Dios en el cielo solamente puede ser establecido después de la realización del Reino de Dios sobre la tierra.

La sensibilidad de nuestro hombre espiritual tiene que ser cultivada por medio de su relación recíproca con nuestro hombre físico durante la vida física en la tierra. Por consiguiente, el hombre debería ser perfecto y experimentar el amor perfecto de Dios en la tierra con el fin de que su hombre espiritual experimente el amor perfecto de Dios en el mundo substancial invisible después de su muerte física. Así pues, el carácter y las cualidades del hombre espiritual se forman durante su vida terrenal. La agravación del mal en el espíritu de un hombre caído es debido a su conducta mala durante su vida en la tierra. De igual forma, el mejoramiento de un hombre espiritual caído sólo es posible mediante la redención de sus pecados durante su vida física en la tierra. Por esta razón, Jesús vino a la tierra en la carne para salvar a la humanidad llena de pecado. Así pues, debemos llevar una vida buena en la tierra. Jesús le dio las llaves del Reino de los Cielos a Pedro (Mt. 16:19), y le dijo que todo lo que atara en la tierra quedaría atado en el cielo y todo lo que desatara en la tierra quedaría desatado en el cielo (Mt. 18:18), porque el propósito primario de la providencia de la salvación debe ser realizado en la tierra.

El destino del hombre espiritual queda determinado por el propio hombre espiritual, no por Dios. Originalmente, el hombre fue hecho para que después de su perfección pudiera respirar completamente el amor de Dios. Si un hombre espiritual no puede respirar este amor perfectamente debido a su conducta mala, siente angustia cuando se presenta ante Dios, que es el sujeto del amor perfecto. Por ello, tal espíritu iría automáticamente al infierno que es el estado más separado del amor de Dios. Además, la multiplicación de los hombres espirituales ocurre al mismo tiempo que la multiplicación de los hombres físicos en la vida física del hombre, debido a que el hombre espiritual fue creado para crecer sólo con el cuerpo del hombre físico.

(3) La mente humana vista según la relación entre la mente espiritual y la mente física

La relación entre la mente espiritual y la mente física es como la que existe entre el carácter y la forma. Cuando estas dos se unen a través de la acción de dar y recibir centralizada en Dios, naturalmente el hombre espiritual y el hombre físico llegan a ser una armoniosa unidad. La acción de dar y recibir entre la mente espiritual y la mente física produce un cuerpo unido, la mente humana, que dirige al individuo hacia el cumplimiento del propósito de la creación. El hombre cayó en la ignorancia de Dios debido a la caída. Así pues, llegó a desconocer el modelo absoluto del bien. Pero, de acuerdo con la naturaleza original de la creación, la mente humana siempre dirige al hombre hacia lo que él cree que es bueno. Esta fuerza directiva se llama la conciencia humana. Sin embargo, el hombre caído al desconocer el modelo absoluto del bien, no puede mantener un modelo absoluto de conciencia. Como el modelo del bien varía, lo mismo le ocurre a la conciencia, y esto causa frecuentes conflictos entre quienes abogan por una vida de buena conciencia. La parte de la mente humana que se corresponde al carácter, que siempre dirige al hombre hacia un modelo absoluto del bien, se llama la «mente original» y la que se corresponde a la forma se llama la «conciencia».

Por consiguiente, cuando el hombre, debido a su ignorancia, establece un modelo del bien diferente del modelo de la naturaleza original de la creación, la conciencia humana lo dirige hacia este modelo; sin embargo, la mente original lo rechaza y trata de desviar la dirección de la conciencia hacia el modelo de la mente original. Cuando la mente espiritual y la mente física que están bajo la sujeción de Satán forman una unidad mediante la acción de dar y recibir, el hombre se mueve aceleradamente en la dirección del mal. Llamamos a esta unidad la «mente mala».

La mente original y la conciencia del hombre rechazan a esta mente mala y dirigen al hombre hacia el bien, ayudándole a separarse de Satán y a presentarse a Dios.


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