Capítulo III – La Consumación de la Historia Humana

Hemos vivido hasta ahora sin conocer de qué manera comenzó la historia humana, hacia dónde se dirige y cuál es su meta. Aún desconocemos las cuestiones referentes a la consumación de la historia humana.

Muchos cristianos creen literalmente lo que está escrito en la Biblia, en la que se afirma que en los Ultimos Días los cielos se encenderán y disolverán, y los elementos se derretirán con el fuego (2 P. 3:12); que el sol se obscurecerá y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo (Mt. 24 :29); y que, a la llamada del arcángel y el sonido de la trompeta de Dios, los muertos en Cristo resucitarán primero, y aquellos que vivan y los que queden serán arrebatados juntos con ellos en las nubes, para encontrarse con el Señor en el aire (1 Ts. 4:16-17).

La cuestión es saber si estas cosas se realizarán literalmente, como dice la Biblia, o si están escritas en términos simbólicos, como en el caso comprobado de muchas otras partes importantes de la Biblia. Para resolver este problema, debemos primero contestar a ciertas cuestiones referentes al propósito de Dios al crear todas las cosas, el significado de la caída humana y el propósito de la providencia de la salvación.

SECCION I
La Realización del Propósito de la Creación de Dios y la Caída del Hombre

1. LA REALIZACION DEL PROPOSITO DE LA CREACION DE DIOS

Como ya se ha analizado detalladamente en «Los Principios de la Creación», el propósito por el cual Dios creó al hombre fue sentir alegría al verse en él. Por lo tanto, el propósito de la vida del hombre es devolver alegría a Dios. ¿De qué manera puede el hombre devolver alegría a Dios y manifestar perfectamente el valor original de su existencia?

El universo fue creado para ser el objeto de la alegría de Dios tal como está. Sin embargo, el hombre, como ha sido aclarado en «Los Principios de la Creación», fue creado para ser el objeto substancial de Dios, devolviéndole alegría por la acción de su propia libre voluntad. Por ello, el hombre no puede llegar a ser el objeto de la alegría de Dios a no ser que conozca la voluntad de Dios y viva de acuerdo a ella por su propio esfuerzo. Por esta razón, el hombre fue creado de tal forma que pudiera conocer la voluntad de Dios y vivir conforme a ella eternamente, experimentando el corazón de Dios como si fuera el suyo propio. A este estado del hombre le podemos llamar la «perfección de la individualidad». Adán y Eva antes de la caída y muchos profetas y santos también, han podido aunque sea parcialmente comunicarse con Dios directamente, debido a que el hombre fue creado con estas facultades.

La relación entre Dios y un hombre de individualidad perfecta puede ser comparada a la que existe en nuestra mente y nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo, es el templo donde habita nuestra mente, obedece las órdenes de nuestra mente y actúa de acuerdo a ella. Dado que Dios habita en la mente de un hombre de individualidad perfecta, tal hombre llegará a ser el templo de Dios y vivirá de acuerdo con la voluntad de Dios. Un hombre de individualidad perfecta llega a formar un solo cuerpo en unidad con Dios, de igual manera que ocurre con nuestra mente y nuestro cuerpo. Por ello, 1 Corintios 3:16 dice, «¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?», y Juan 14:20 dice, «Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros». El hombre que haya alcanzado la unidad con Dios, logrando que Su Espíritu more en él, al perfeccionar su individualidad y formar así un templo para Dios, tendrá entonces divinidad y no puede de ninguna manera cometer pecado; naturalmente, un hombre semejante no puede caer. Un hombre de individualidad perfecta es un cuerpo perfecto de bondad que realizó el propósito de la creación. Si un cuerpo perfecto de bondad cayera, daría el lógico resultado de contener la posibilidad de su propia destrucción. Por otra parte, si un hombre creado por el Dios omnipotente cayera después de la perfección, tendríamos que negar la omnipotencia de Dios. Por consiguiente, un hombre de individualidad perfecta nunca podría caer, porque, siendo el objeto de alegría de Dios, que es el sujeto eterno y absoluto, el hombre debería de igual manera poseer las cualidades de ser absoluto y eterno.

Si Adán y Eva con individualidades perfectas, sin posibilidad de pecar, hubieran establecido un hogar y una sociedad sin pecado, multiplicando hijos del bien conforme a la bendición de Dios (Gn. 1:28), se habría realizado justamente el Reino de los Cielos, que tendría la forma de una gran familia centralizada en los mismos padres. Como el Reino de los Cielos tiene justamente la forma de un hombre de individualidad perfecta, de igual manera que los miembros de un cuerpo trabajan con una relación horizontal entre sí de acuerdo a las órdenes verticales del cerebro, también la sociedad debería estar organizada de tal forma que los hombres vivieran en una relación horizontal entre sí conforme a las órdenes verticales de Dios. En una sociedad semejante la gente no podría realizar ningún acto que dañara a sus vecinos, porque toda la sociedad experimentaría la misma aflicción que Dios siente hacia quienes sufren.

Aunque los hombres de esta sociedad fueran totalmente puros y sin pecado, si tuvieran que vivir en una civilización subdesarrollada similar a los pueblos primitivos, este mundo no podría ser la clase de mundo que Dios y el hombre ansiosamente han esperado. Ya que Dios bendijo al hombre para que fuese el señor de todas las cosas (Gn. 1:28), los hombres de individualidad perfecta subyugarían al mundo natural mediante una ciencia altamente desarrollada, y establecerían un ambiente social extremadamente confortable sobre la tierra. Este sería el lugar donde el ideal de la creación se habría realizado. No sería otra cosa más que el Reino de los Cielos sobre la tierra.

Cuando el hombre perfecto, después de haber vivido en el Reino de los Cielos sobre la tierra, va al mundo espiritual, dejando su cuerpo físico, entonces el Reino de los Cielos se realizaría en el mundo espiritual. Por lo tanto, el propósito de la creación de Dios es establecer el Reino de los Cielos sobre la tierra.

2. LA CAIDA DEL HOMBRE

Como se explica en «Los Principios de la Creación», el hombre cayó mientras era inmaduro y estaba aún en el período de crecimiento. Preguntas como por qué era necesario un período de crecimiento para el hombre y la prueba de por qué solamente nos queda pensar que los primeros antepasados del hombre cayeron durante su inmadurez, fueron contestadas en aquel capítulo.

El hombre, debido a su caída, no pudo llegar a ser el templo de Dios; en su lugar, se convirtió en la morada de Satán, formando una unidad con él. Naturalmente, el hombre adquirió una naturaleza mala en vez de poseer divinidad. Provocando así que los hombres de naturaleza mala, al multiplicar hijos del mal, establecieran hogares y sociedades malas y un mundo malo. Esto es el Infierno sobre la tierra, en el cual los hombres caídos han estado viviendo hasta ahora. Los hombres en el Infierno no han podido establecer buenas relaciones horizontales entre sí, debido a que su relación vertical con Dios fue interrumpida. Por ello, se complacieron en actos que injuriaban a sus vecinos, porque no podían sentir el sufrimiento y los problemas de sus vecinos como los suyos propios.

Los hombres que viven en el Infierno en la tierra pasan al Infierno en el mundo espiritual después de dejar sus cuerpos físicos. De esta manera, los hombres establecieron el mundo de la soberanía de Satán en vez del mundo de la soberanía de Dios. Por esto, se designó a Satán como «el príncipe de este mundo» (Jn. 12:31) o «el dios de este mundo» (2 Co. 4:4).

SECCION II
La Providencia de la Salvación

1. LA PROVIDENCIA DE LA SALVACION ES LA PROVIDENCIA DE LA RESTAURACION

Este mundo de maldad y pecado no sólo de aflicción al hombre, sino también a Dios (Gn. 6:6). ¿Dejaría Dios tal como está a este mundo de dolor? Si el mundo del bien, que Dios creó para la máxima alegría, va a continuar siempre siendo un mundo de pecado, lleno de dolor debido a la caída humana, Dios acabaría siendo un Dios fracasado e incapaz. Por consiguiente, Dios está obligado a salvar a este mundo de pecado por todos los medios.

¿En qué medida salvará Dios a este mundo? Está demás decir que la salvación será total. Primeramente, Dios debe salvarlo hasta el punto en que el hombre pueda restaurar la posición que había alcanzado antes de la caída de los primeros antepasados humanos, eliminando completamente el poder malo de Satán (Hch. 26:18). Entonces, Dios debe desarrollar Su providencia hasta el grado en el que El pueda dominar al mundo directamente mediante el cumplimiento del propósito bueno de la creación (Hch. 3:21).

Salvar a un hombre enfermo es restaurarlo al estado de salud que disfrutaba antes de la enfermedad. Salvar a un hombre que está ahogándose, es restaurarlo al estado en el que estaba antes de que se cayera al agua. De igual manera, salvar a un hombre caído en pecado, significa entonces, restaurarlo a la posición original de pureza que disfrutaba en un principio. Por lo tanto, «la providencia de la salvación de Dios es la providencia de la restauración» (Hch. 1:6, Mt. 17:11).

La caída humana es, naturalmente, el resultado del propio error del hombre. Sin embargo, Dios, como el Creador, es también responsable del resultado. Si Dios no hubiera creado al hombre, la caída no habría ocurrido. Por ello, Dios se ha sentido obligado a restaurar las consecuencias del error del hombre a su estado original de antes de la caída. Dios es el sujeto eterno. Por consiguiente, la vida del hombre, que fue creado como Su eterno objeto de alegría, debería también ser eterna. De acuerdo con el Principio, Dios creó al hombre para la eternidad. Aunque el hombre cayó, Dios no puede destruirlo, debido a que esto negaría los principios de la creación. Por lo tanto, Dios debe salvar al hombre y restaurarlo a su posición original en la creación.

Dios prometió realizar Sus tres grandes bendiciones después de la creación del hombre (Gn. 1:28). El dice en Isaías 46:11: «Tal como lo he dicho, así se cumplirá; como lo he planeado, así lo haré». Conforme a sus propias palabras, Dios ha estado obrando para cumplir Su promesa desarrollando la providencia de la restauración de estas bendiciones, perdidas al principio a causa de Satán. Cuando Jesús dijo a sus discípulos en Mateo 5 :48, «Sed, pues, vosotros perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial», les estaba ordenando restaurarse a la posición del hombre original de la creación, porque según los principios de la creación, el hombre original de la creación debería ser tan perfecto como Dios, adquiriendo divinidad eterna debido a su unidad con El.

2. EL PROPOSITO DE LA PROVIDENCIA DE LA RESTAURACION

¿Cuál es, entonces, el propósito de la providencia de la restauración? Es realizar el Reino Celestial, el eterno objeto de bondad para Dios, pues éste es Su propósito original de la creación. En el principio, Dios creó a los hombres sobre la tierra y proyectó realizar el Reino de los Cielos sobre la tierra centralizado en ellos. Sin embargo, como no pudo cumplir Su voluntad, debido a la caída humana, el propósito primordial de la providencia de la restauración no puede ser otro que restaurar el Reino de los Cielos sobre la tierra. Jesús, que vino con el fin de cumplir el propósito de la providencia de la restauración, dijo a sus discípulos que oraran para que la voluntad de Dios fuera hecha así en la tierra como en el cielo (Mt. 6:10), y advirtió a su pueblo que se arrepintieran, porque el Reino de los Cielos estaba cerca (Mt. 4:17). Esto comprueba que el propósito de la providencia de la restauración es restaurar el Reino de los Cielos sobre la tierra.

3. LA HISTORIA HUMANA ES LA HISTORIA DE LA PROVIDENCIA DE LA RESTAURACION

Hemos aclarado previamente que la providencia de la salvación de Dios es la providencia de la restauración. Por lo tanto, la historia humana es la historia providencial mediante la cual Dios planea salvar al hombre caído y hacer que restaure el mundo original del bien. Estudiemos ahora, según diferentes puntos de vista, el hecho de que la historia es la historia de la providencia de la restauración.

Primeramente, consideraremos la historia humana según el punto de vista de la historia del desarrollo de las esferas culturales. En todo tiempo y lugar, incluso los hombres más malos tienen en común el deseo de la mente original de perseguir el bien, rechazando el mal. Por consiguiente, todos los hombres abrigaban el idéntico propósito fundamental de perseguir y realizar el bien, aunque es también verdad que han creado una historia de luchas llena de constantes conflictos que surgían a causa de las diferencias, según el tiempo y lugar, en las concepciones del bien y sus métodos para llevarlo a la práctica.

¿Por qué la mente original del hombre se dirige irresistiblemente hacia el bien, trascendiendo tiempo y espacio con una fuerza que nadie puede parar? Es debido a que Dios, el sujeto del bien, creó al hombre como Su objeto substancial para que realizara el propósito del bien. Por ello, como la mente original del hombre busca el bien, aunque el hombre caído sea incapaz de llevar una vida buena, debido a la obra de Satán, la meta de la historia que ha sido confeccionada por tales hombres no puede ser otra que un mundo de bondad.

A pesar de los esfuerzos de la mente original del hombre por dirigirse hacia el bien, el hombre nunca encuentra el bien verdadero en este mundo bajo el control de Satán. Por esta razón, el hombre ha deseado encontrar su sujeto del bien en el mundo trascendente del tiempo y del espacio. La religión ha nacido como una consecuencia de esta inevitable demanda de los hombres. El hombre, que cayó en la ignorancia de Dios debido a la caída, siempre ha tratado de comunicarse con El persiguiendo constantemente el bien mediante la religión. Aunque los individuos, razas o naciones de una cierta religión hayan perecido, la religión misma ha sobrevivido hasta el presente. Estudiemos ahora estos hechos históricos, centrados en la historia del alzamiento y decadencia de las naciones.

En primer lugar, cuando examinamos la historia de China, encontramos que cada era de Ch’un Ch’iu fue seguida por una era unificada de Ch’in; y las eras de Ch’ien Han, Shin, Hou Han, San Kuo, Si Tsin, Tung Tsin y Nan Pei Ch’ao, fueron seguidas por la era unificada de Sui y T’ang; y las eras de las Cinco Dinastías (Pei Sung, Nan Sung, Yuan, Ming y Ch’ing), fueron seguidas por la República de China actual. Aunque durante todas estas eras se han sucedido el alzamiento y la decadencia de muchas naciones y con ello muchos cambios en el poder político, sin embargo las tres religiones del Lejano Oriente, Confucionismo, Budismo y Sun-Kyo aún existen con plena fuerza.

A continuación, cuando estudiamos la historia de India, vemos que el imperio de Mauryas, fue seguido por el de Andhra, el cual fue seguido en cambio por los de Gupta, Barudanah, Sahman, Razuni, Maghal y la India actual. Aunque la nación sufrió muchos cambios durante todas estas eras, el Hinduismo sobrevivió. De nuevo, cuando observamos la historia del Oriente Medio, vemos que el Imperio Sarraceno, fue seguido por el Califato del Este y Oeste, que en cambio fue seguido por Selpuk Turquía y Osman Turquía, con sus poderes políticos en constante cambio. Sin embargo, la religión del Islam ha continuado existiendo.

Busquemos también una prueba substancial dentro de la corriente principal de la Historia Occidental. La dirección del mundo occidental estuvo sucesivamente en manos de Grecia, Roma, Gales, España y Portugal. Luego, temporalmente en manos de Francia y Holanda; luego fue arrebatada por Gran Bretaña y está recientemente dividida entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. No obstante, el Cristianismo ha continuado floreciendo. Incluso en la Unión Soviética, bajo la tiranía establecida sobre el fundamento del materialismo, el Cristianismo ha sobrevivido.

Examinando profundamente los vestigios del alzamiento y decadencia de las naciones, podemos también ver que las potencias que persiguieron a la religión todas perecieron, mientras que aquellas que protegieron y fomentaron la religión prosperaron. La historia nos testifica que, al pasar el papel central de una nación a otra, en todos los casos se traspasaba a otro país que elevaba la religión aún más que el anterior. De esta manera la historia de la religión nos enseña que vendrá sin duda el día en el que el mundo del comunismo, que persigue a la religión, perecerá.

Han existido muchas religiones en la historia humana. De entre ellas, las religiones de mayor influencia han venido formando inevitablemente esferas culturales, y sólo contando aquellas de las que se tiene registro, son un número de 21 a 26. Sin embargo, con el fluir de la historia, las inferiores han sido absorbidas por las superiores o se han fusionado con ellas gradualmente. En los años recientes, de las mencionadas del alzamiento y decadencia de las naciones, han permanecido cuatro grandes esferas culturales. La esfera cultural de extremo oriente (Confucionismo, Budismo), el Hinduismo, el Islamismo (Mahometismo) y el Cristianismo. Estas muestran la tendencia a formar una sola esfera cultural mundial centrada en el Cristianismo. Por ello, también podemos darnos cuenta según esta tendencia histórica que el Cristianismo tiene, como su misión última, la realización del propósito de todas las religiones que han estado dirigiéndose hacia la meta del bien. La historia del desarrollo de las esferas culturales nos muestra una tendencia hacia la formación de una única esfera cultural mundial, centrada en una religión, mediante la unificación de numerosas religiones. Esta es una prueba de que la historia humana está dirigida hacia la restauración de un solo mundo unificado.

La segunda manera de comprender que la historia humana es la historia de la providencia de la restauración, es examinando la tendencia de la religión y la ciencia. Como ya fue afirmado en la «Introducción General», la unificación de la religión y la ciencia, que han obrado respectivamente para vencer los dos aspectos de la ignorancia humana originada por la caída, es una cuestión que debe ser resuelta hoy. La religión y la ciencia, que hasta ahora han estado desarrollándose sin ninguna conexión, están destinadas a encontrarse en un mismo lugar, después de haber llegado hasta donde pudieron. Esto nos enseña claramente que la historia humana ha seguido el curso providencial de la restauración del mundo original de la creación. Si no hubiera sido por la caída, la capacidad intelectual del hombre se habría desarrollado al máximo grado en espíritu (verdad interior), estimulando así, naturalmente, a un grado correspondiente de desarrollo exterior a través de la ciencia. La ciencia, entonces, habría avanzado muy rápidamente, llegándose al nivel de desarrollo científico actual en los días de nuestros primeros antepasados humanos.

Sin embargo, debido a la caída, el hombre cayó en la ignorancia, no siendo capaz de lograr tal sociedad. A partir de entonces, ha luchado para restaurar el mundo ideal del desarrollo científico que debería haberse logrado en el comienzo, tratando de vencer la ignorancia por medio de la ciencia. El elevado desarrollo científico actual está restaurando exteriormente la etapa inmediatamente anterior a la transición a un mundo ideal.

La tercera manera por la que podemos observar que la historia humana es la historia de la providencia de la restauración, es según la tendencia en la historia de luchas. Las batallas por las riquezas, tierras y pueblos han acompañado al desarrollo de la sociedad humana a lo largo de todos los días de la historia hasta el presente. Estas luchas han ampliado su campo, extendiéndose desde la familia a la tribu, y así en adelante hasta el nivel social, nacional y finalmente mundial, en el cual los dos mundos de la democracia y el comunismo se enfrentan ahora en una guerra final ideológica. En este tiempo, al término de la historia pecaminosa de la humanidad, la moral celestial bajo el nombre de la democracia, llevó a las naciones a superar la etapa histórica en la que se creía lograr la felicidad de las riquezas, tierras y pueblos que saqueaban. Después de la I Guerra Mundial, vimos que las naciones derrotadas fueron obligadas a liberar sus colonias, pero después de la II Guerra Mundial las naciones victoriosas, a su debido tiempo liberaron voluntariamente a sus colonias. Las grandes potencias de hoy han permitido a las pequeñas potencias, a veces más pequeñas y débiles que una sola ciudad de las grandes potencias, que se conviertan en estados miembros de las Naciones Unidas. Las grandes potencias las han hecho naciones hermanas no sólo proporcionándoles alimentos, sino también dándoles derechos y deberes al igual que las demás grandes potencias.

¿Cómo será la lucha final? Será una lucha entre ideologías. Sin embargo, la lucha entre los dos mundos de la democracia y el comunismo nunca cesará a menos que aparezca la verdad definitiva, que pueda superar completamente a la visión materialista de la historia que amenaza al mundo actual. Cuando aparezca esta última verdad que pueda resolver los problemas de la religión y la ciencia en un solo tema unificado, la ideología comunista, que hasta ahora ha intentado desarrollarse sólo dando importancia a la ciencia, negando la religión, será superada. Finalmente, los dos mundos serán completamente unificados bajo una sola ideología. Así, vemos que según la tendencia de la historia de luchas humanas, no podemos negar el hecho de que la historia humana es la historia providencial de la restauración del mundo original de la creación.

La cuarta manera es analizar un poco más esta cuestión centrados en la Biblia. El propósito de la historia humana es restaurar el Jardín del Edén con el Arbol de la Vida en el centro (Gn. 2 :9; ref. Parte I, Cap. II, Sec. I, 1). «El Jardín del Edén» no significa el área limitada en la cual fueron creados Adán y Eva, sino toda la tierra. Si el Jardín del Edén fuera la región limitada donde los primeros antepasados humanos fueron creados, ¿cómo podrían vivir los innumerables miembros de la humanidad en un lugar tan pequeño? Sería necesario un número extremadamente grande de gente para llenar la tierra conforme a la bendición de Dios dada al hombre (Gn. 1:28).

Debido a la caída de los primeros antepasados humanos, este Jardín del Edén terrenal, que Dios pensó establecer con el Arbol de la Vida en su centro, cayó en manos de Satán (Gn. 3:24). Por lo tanto, cuando la historia mala de la humanidad que comenzó en el Alfa concluya en el Omega, la esperanza y gloria de los hombres caídos será lavar sus vestiduras y entrar en el Jardín del Edén restaurado, y restaurar así su derecho al Arbol de la Vida (Ap. 22:13-14). Entonces, ¿qué significan estos versículos bíblicos ?

Como fue aclarado en «La Caída del Hombre», el Arbol de la Vida significa el Adán perfecto, es decir el Padre Verdadero de la humanidad. Debido a la caída de los primeros padres humanos, sus descendientes nacieron con pecado original; por consiguiente, con el fin de que estos hijos del pecado puedan ser restaurados en hombres originales de la creación, todos los hombres deben nacer de nuevo, como dijo Jesús (ref. Parte I, Cap. VII, Sec. IV, 1). Por lo tanto, la historia del hombre es la búsqueda del Padre Verdadero, que pueda dar nueva vida a toda la humanidad; es decir, Cristo. El Arbol de la Vida mencionado en el Apocalipsis a quien los creyentes de los Ultimos Días deben encontrar, no significa otra cosa sino Cristo, el Salvador. Según estos versículos bíblicos, sabemos que el propósito de la historia humana es restaurar el Jardín del Edén en su forma original, centrado en Cristo, que viene como el Arbol de la Vida.

También en Apocalipsis 21:1 leemos que en los últimos días aparecerán un nuevo cielo y una nueva tierra. Esto significa precisamente, que el viejo cielo y la vieja tierra que habían estado bajo el dominio satánico serán restaurados como un nuevo cielo y una nueva tierra bajo el dominio de Cristo, centralizado en Dios. En Romanos 8:19-22, leemos que también la creación que gime bajo el dominio de Satán, no va a consumirse en el fuego en los últimos días, sino que se restaurará a la posición original y está escrito que para renovarse (Ap 21:5), anhela la manifestación de los restaurados hijos de Dios, calificados para dominarla.

Considerada desde este punto de vista, podemos percibir muy claramente que la historia humana es la historia de la providencia divina de la restauración del mundo original de la creación.

SECCION III
Los Ultimos Días

1. SIGNIFICADO DE LOS ULTIMOS DIAS

Hemos explicado ya que las tres grandes bendiciones, que Dios concedió a nuestros antepasados humanos, a causa de la caída no fueron realizadas centralizadas en Dios, sino que en vez de ello fueron realizadas centradas en Satán fuera del Principio. La historia humana, aunque comenzó con el mal, es en verdad la historia providencial divina de la restauración. De esta manera el mundo malo bajo el dominio de Satán, tomando como punto de transición a la llegada del Mesías será transformado en el mundo de la buena soberanía, una vez que sean realizadas las tres grandes bendiciones centralizadas en Dios.

La era en la que el mundo malo bajo la soberanía de Satán se transforma en el mundo ideal de la creación bajo la soberanía de Dios se llama los «Ultimos Días». En otras palabras, los «Ultimos Días» significa la era en la que el Infierno en la tierra se transforma en el Reino de los Cielos en la tierra. Por consiguiente, no será un día de terror en el que ocurrirán muchas catástrofes naturales, como los cristianos han creído hasta el presente, sino un día de alegría en el que se realizará la esperanza más grande de la humanidad, mantenida firmemente durante todo el largo curso de la historia desde la creación del mundo. A partir de la caída humana, Dios ha obrado continuamente en Su providencia de destruir el mundo del pecado y restaurar el mundo del bien conforme a la naturaleza original de la creación (los detalles serán explicados en la Parte II, Cap. I). No obstante, en todos los casos, el hombre falló en cumplir su parte de responsabilidad, frustrando así la realización de la voluntad de Dios. Como consecuencia de esto, la Biblia aparentemente indica que ha habido varios Ultimos Días.

(1) Los días de Noé también fueron los Ultimos Días

Génesis 6:13, dice: «He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencia por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra», indicando así que también los días de Noé fueron los Ultimos Días.

¿Por qué los días de Noé fueron los Ultimos Días? Dios pensó destruir el mundo corrupto centrado en Satán mediante el juicio del diluvio después de los 1.600 años de historia llena de pecado, dejando sólo a la familia de Noé, que servía solamente a Dios y sobre esa base El pensó en restaurar el mundo ideal de Su soberanía. Sobre la base de la fe de Noé, Dios pensó restaurar el mundo ideal de Su soberanía. Por lo tanto, los días de Noé pueden ser llamados los Ultimos Día. (ref. Parte II, Cap. I, Sec. II). Debido al acto corrupto de Cam (Gn. 9:22), el segundo hijo de Noé, la voluntad de Dios no fue realizada, porque ellos fallaron en cumplir la parte de responsabilidad humana.

(2) Los días de Jesús también fueron los Ultimos Días

La predestinación divina de Su voluntad de cumplir el propósito de la providencia de la restauración es absoluta, pues no puede ser cambiada (ref. Parte I, Cap. VI).

Por lo tanto, aunque Su providencia de la restauración centrada en Noé no fue cumplida, Dios escogió a otros profetas para que establecieran un fundamento de fe, y sobre ese fundamento, mandar a Jesús para que destruyera el mundo malo centrado en Satán y restaurara el mundo ideal centrado en Dios. Entendemos así que los días de Jesús fueron también los Ultimos Días. Por esta razón, Jesús se refirió a sí mismo diciendo que vino como el Señor del Juicio (Jn. 5:22). En aquel tiempo también estaba la profecía de Malaquías que decía: «Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno, y serán todos los arrogantes y los que cometen impiedad como paja; y los consumirá el Día que viene.. hasta no dejarles raíz ni rama». (Mt. 3:19)

Jesús vino para restaurar el mundo ideal en la forma proyectada al tiempo de la creación. Sin embargo, debido a la incredulidad del pueblo infiel, la parte de responsabilidad del hombre no fue cumplida, prolongándose la realización de la voluntad de Dios hasta el tiempo de la Segunda Llegada del Señor.

(3) Los días de la Segunda Llegada del Señor son también los Ultimos Días

Jesús fue crucificado al sufrir la incredulidad del pueblo judío, dando así sólo la salvación espiritual. Por consiguiente, el tiene que completar el propósito de la providencia de la salvación del espíritu y del cuerpo en el tiempo de la Segunda Llegada (ref. Parte I, Cap. I5/, Sec. I, 4), realizando así la restauración del Reino de Dios sobre la tierra. Por eso, los días de la Segunda Llegada del Señor son también los Ultimos Días.

Así, Jesús dijo que: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre» (Lc. 17:26), y también dijo que sucederían muchas catástrofes naturales en el tiempo de la Segunda Llegada (Mt. 24:29).

2. PASAJES BIBLICOS REFERENTES A LOS SIGNOS DE LOS ULTIMOS DIAS

Muchos cristianos creen que en los Ultimos Días ocurrirán en la sociedad humana numerosas catástrofes naturales y cambios radicales más allá de la imaginación de los hombres modernos, como los versículos bíblicos dicen literalmente. Sin embargo, si nosotros comprendemos que la historia humana es la historia providencial de la restauración del mundo a la forma original proyectada por Dios en el tiempo de la creación, entonces podemos darnos cuenta que los signos de los Ultimos Días registrados en la Biblia no ocurrirán literalmente. Examinemos lo que simbolizan los relatos bíblicos que se refieren a los Ultimos Días.

(1) El cielo y la tierra serán destruidos (2 Pe. 3:12, Gn. 6:13) y un cielo nuevo y una tierra nueva serán creados (Ap. 21:1, 2 Pe. 3:13, Is. 66:22)

Génesis 6:13, dice que también en el tiempo de Noé, que fueron los Ultimos Días, Dios quería destruir la tierra. Sin embargo, El no destruyó literalmente el mundo. Sabemos que la tierra es eterna según versículos bíblicos tales como Eclesiastés 1:4, que dice: «Una generación va, otra generación viene, pero la tierra para siempre permanece», y en Salmos 78:69, que dice: «Construyó, como las alturas del cielo, Su santuario, como la tierra que fundó para siempre». Dios, el sujeto, es eterno; por lo tanto sus objetos deben ser también eternos. Por consiguiente, la tierra, que fue creada como el objeto de Dios, debería ser eterna.

Dios, omnipotente y omnisciente, no pudo haber sentido alegría de Su creación si la hubiera hecho con la posibilidad de ser destruida por Satán. Entonces, ¿con qué podemos comparar estas predicciones? Destruir una nación significa derribar la soberanía, mientras que erigir una nueva nación (Ap. 21:1), es establecer una nación con una nueva soberanía. De igual manera, destruir el cielo y la tierra, significa derribar la soberanía de Satán, que es quien los domina; y fundar un cielo nuevo y una tierra nueva, significa restaurar un nuevo cielo y tierra bajo la soberanía de Dios (Ap. 21:1).

(2) El cielo y la tierra serán juzgados por el fuego (2 P. 3:12)

2 Pedro 3 :12, dice que en los Ultimos Días «…los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán». En Malaquías 3 :19, está profetizado que, en los días de Jesús, El vendrá como el Señor del Juicio (Jn. 5 :22, 9 :39) y que juzgará con fuego. En Lucas 12:49, Jesús dijo que venía a traer fuego en la tierra. No obstante, no podemos encontrar ningún indicio de que Jesús juzgó con fuego. Esto, sin dudas, es en sentido figurado. Santiago 3:6, dice: «La lengua es fuego». Por ello, podemos comprender que el juicio por fuego es el juicio por la lengua, que significa naturalmente el juicio por la Palabra. Así, el juicio por fuego es el juicio por la Palabra.

Busquemos entonces versículos bíblicos que se refieran al juicio por la Palabra. Juan 12:48, dice que quien rechaza a Jesús y no recibe sus palabras, ya tiene juez que le juzgue, y que la Palabra que Jesús ha hablado será su juez en los últimos días.

2 Tesalonicenses 2 :8, dice que el Impío se manifestará y el Señor Jesús le matará con el «soplo de su boca»; es decir, su Palabra. Además, en Isaías 11 :4, se lee: «… Herirá el hombre cruel con la vara de su boca (lengua), con el soplo de sus labios (palabras) matará al malvado»; mientras que Juan 5 :24, dice: «el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida». Por esto, el juicio por fuego significa el juicio por la Palabra.

¿Cuál debe ser, pues, la razón del juicio por la Palabra? Juan 1:3, afirma que el hombre fue creado por la Palabra. En consecuencia, el propósito divino de la creación era que el primer hombre debería haber cumplido el propósito de la Palabra, convirtiéndose en la encarnación de la Palabra; pero cayó sin guardar la Palabra de Dios, no cumpliendo así dicho propósito.

Por consiguiente, Dios intentó de nuevo cumplir el propósito de la Palabra, recreando a los hombres caídos conforme a la Palabra; ésta es la providencia de la restauración por la Palabra de verdad (Biblia). Juan 1:14, dice: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único». Así, Cristo vendrá de nuevo como la perfección de la Palabra. Convirtiéndose en el estándar de juicio, él juzgará hasta qué grado la humanidad ha cumplido el propósito de la Palabra. El propósito de la providencia de la restauración será realizado cuando se cumpla el propósito de la Palabra; Dios debe realizar el juicio estableciendo el estándar por medio de la Palabra. En Lucas 12:49, cuando Jesús dice: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendida!», expresa su lamento al ver que los judíos no querían aceptarlo ni a él, que vino como la encarnación de la palabra (Jn 1:44) ni a las palabras de vida que ya había proclamado.

(3) Los muertos resucitarán de sus tumbas (Mt. 27:52, 1 Ts. 4:16)

En Mateo 27:52-53, dice que cuando Jesús murió:

« Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos».

Esto no significa que se levantó otra vez la carne descompuesta (ref. Parte I, Cap. V, Sec. II, 3). Si los creyentes de la Era del Antiguo Testamento, que vivían en el mundo espiritual se le hubieran aparecido a muchos en la ciudad, reviviendo de sus tumbas literalmente como dice la Biblia, ellos por saber que Jesús era el Mesías, indudablemente habrían dado testimonio de Jesús a los judíos. De ser así, aunque en aquel tiempo Jesús ya había muerto en la cruz, ¿quién no creería en Jesús después de escuchar el testimonio de ellos? Si los creyentes del Antiguo Testamento salieron de la tumba en la carne, sin ninguna duda habría quedado registrado en la Biblia sobre lo que ellos hicieron después de haber resucitado, sin embargo no hay nada escrito acerca de ellos.

Entonces, ¿cuál es el significado de «resucitar de las tumbas»? Esto es lo que escribieron aquellos que vieron espiritualmente a los hombres espirituales de la Era del Antiguo Testamento que resucitaron por retorno y se aparecieron de nuevo en la tierra en espíritu (ref. Parte I, Cap. V, Sec. II, 3), de igual manera que Moisés y Elías se aparecieron a Jesús en el Monte de la Transfiguración (Mt. 17:3).

Entonces, ¿qué significa la «tumba»? El reino de los espíritus de formación, la morada de los santos de la Era del Antiguo Testamento, era un lugar más obscuro que el Paraíso abierto por Jesús, por ello es llamado «tumba». Los hombres espirituales de la Era del Antiguo Testamento que moraban en esta región del mundo espiritual se aparecieron a los santos de la tierra.

(4) Los hombres de la tierra serán arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire (1 Ts. 4:17)

El «aire» mencionado aquí, no significa la atmósfera. En la Biblia, «tierra» significa generalmente el mundo caído de la soberanía mala, mientras que el «cielo» significa el mundo sin pecado de la soberanía buena. Nuestra comprensión aumenta cuando leemos el versículo bíblico que dice: « Padre nuestro que estás en los cielos» (Mt. 6: 9), a pesar de que Dios es omnipresente y se encuentra también en la tierra. También leemos, «…sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn. 3:13), aunque Jesús nació en la tierra.

Entonces, «encontrarse con el Señor en el aire», significa que los santos recibirán al Señor en el mundo de la soberanía buena, cuando Cristo vuelva de nuevo y restaure el Reino de los Cielos sobre la tierra, destruyendo la soberanía satánica.

(5) El sol y la luna se obscurecerán, las estrellas caerán del cielo (Mt. 24:29)

Génesis 37:9, describe el sueño de José, el undécimo hijo de los doce hijos de Jacob:

«Volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Díjoles: `He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí’. Se lo contó a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: `¿Qué sueño es ese que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a venir a inclinarnos ante ti hasta el suelo?’».

José creció hasta convertirse en un hombre y llegó a ser el primer ministro de Egipto. Entonces se hizo realidad el sueño cuando sus padres y hermanos de verdad fueron y se inclinaron ante él. De acuerdo con estos pasajes bíblicos, el sol y la luna simbolizan a los padres, y las estrellas simbolizan a los hijos. Como se explica en «Cristología» (ref. Parte I, Cap. VII), Jesús y el Espíritu Santo vinieron como los Padres Verdaderos, en lugar de Adán y Eva para dar renacimiento a la humanidad. Por consiguiente, el sol y la luna simbolizan a Jesús y al Espíritu Santo y las estrellas simbolizan a los santos como sus hijos.

En la Biblia, Jesús fue comparado a la «Luz verdadera» (Jn. 1:9), porque él vino como la Palabra hecha carne (Jn. 1:14), e irradiaba la luz de la verdad. Consecuentemente, la luz del sol se refiere a la luz de las palabras de Jesús y la luz de la luna significa la luz del Espíritu Santo, que vino como el Espíritu de la verdad (Jn. 16:13). Por lo tanto, que el sol y la luna pierdan su luz, significa que las palabras del Nuevo Testamento de Jesús y el Espíritu Santo perderán su luz.

¿Cómo van a perder su luz las palabras del Nuevo Testamento. De igual manera que las palabras del Antiguo Testamento perdieron su luz cuando Jesús y el Espíritu Santo vinieron con nuevas palabras, con el fin de completar las palabras del Antiguo Testamento, así también las palabras del Nuevo Testamento que Jesús dio a la gente en su Primera Llegada perderán su luz cuando Cristo venga de nuevo con la nueva palabra, con el fin de completar las palabras del Nuevo Testamento, para construir un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1, ref. Parte I, Cap. III, Sec. V, 1). En este sentido, que las palabras pierdan su luz, significa que el período de su misión ha concluido con la llegada de la nueva era.

Que las estrellas caerán del cielo significa que los creyentes de los Ultimos Días fallarán todos. De igual manera que los líderes de la religión judía, quienes estaban ansiosamente esperando la llegada del Mesías, se perdieron todos al desconocer a Jesús, el Mesías, así también fue profetizado que, por ignorancia, muchos cristianos que anhelan ansiosamente la Segunda Llegada del Señor, se opondrán igualmente en ese día, perdiéndose de igual forma (ref. Parte II, Cap. VI, Sec. II, 2).

En Lucas 18:8, Jesús preguntó «…cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?». En otra ocasión (Mt. 7:23), dijo que declararía a los cristianos fervientes, « ¡Jamás os conocí; apartos de mí, agentes de iniquidad! ». Todo esto lo dijo para advertir a los cristianos de los Ultimos Días en contra de su posible rechazo, debido a que él previó su incredulidad.

SECCION IV
Los Ultimos Días y los Días Actuales

Cuando Jesús habló acerca de la futura muerte de Pedro, Pedro le preguntó qué sería de Juan, Jesús le contestó diciendo: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? » (Jn. 21:18-22). Los discípulos oyendo esto, pensaron que Jesús volvería durante la vida de Juan. Además, Jesús les dijo a sus discípulos: «…no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre» (Mt. 10 :23) y de nuevo dijo: «Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al hijo del hombre venir en su Reino» (Mt. 16 :28). Debido a tales palabras, no sólo los discípulos de Jesús, sino también numerosos cristianos desde entonces han creído que el Señor podría venir en sus vidas, y siempre estaban obsesionados por el sentimiento de tensión que sus días eran los Ultimos Días. Esto es debido a que desconocían el significado fundamental de los Ultimos Días.

Examinando el fenómeno de cómo se van restaurando las tres grandes bendiciones, que Dios estableció como el propósito de Su providencia de la restauración, podemos probar que hoy estamos en los Ultimos Días. Por esta razón, Jesús dijo:

«De la higuera aprended esta parábola; cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, caed en la cuenta de que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todo esto, caed en cuenta de que El está cerca, a las puertas» (Mt. 24:32-33).

1. EL FENOMENO DE LA RESTAURACION DE LA PRIMERA BENDICION

Como ya se explicó en «Los Principios de la Creación», la primera bendición de Dios prometió a Adán y Eva era la perfección de su individualidad. Según los siguientes fenómenos, podemos decir que la providencia de Dios de la restauración de los hombres caído a su estado original de la creación de individualidad perfecta, ha alcanzado su etapa final.

Primero, podemos ver que es así, por el hecho de que el nivel espiritual de los hombres caídos está siendo restaurado. Como se afirmó anteriormente, un hombre de perfección llega a formar completamente un solo cuerpo con Dios en corazón, de tal manera que el hombre y Dios se pueden comunicar el uno con el otro completa y libremente. Adán y Eva, aunque no eran totalmente perfectos, estaban en una etapa en la que podían comunicarse directamente con Dios, antes de caer y causar que su descendencia cayera en la ignorancia de Dios.

El nivel espiritual se restaura gradualmente a medida que los hombres caídos reciben el beneficio de la era en la providencia de la restauración. Por ello, en los Ultimos Días muchos santos alcanzarán el punto en el cual puedan comunicarse con Dios, como se dice en Hechos 2:17:

«En los últimos días… Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizará sus hijos y sus hijas; y los jóvenes tendrán visiones y los ancianos sueños».

Al ver que en estos días hay muchos creyentes con capacidad de comunicación espiritual apareciendo como brotes de bambú después de la lluvia, podemos decir que estamos entrando en una nueva era en la cual podremos restaurar la primera bendición de Dios, después de haber perfeccionado nuestra individualidad, debido a que estamos en los Ultimos Días.

Segundo, la tendencia histórica de los hombres caídos por la restauración de la libertad de la mente original nos muestra esto aún más. El hombre fue privado de la libertad de dirigirse a Dios porque debido a la caída, se sometió al dominio de Satán, y desde entonces ha tenido una libertad limitada. Pero hoy día el corazón del hombre ha alcanzado su máximo nivel, pues la gente busca la libertad de la mente original a riesgo de sus vidas. Esto es la prueba de que, con la llegada de los Ultimos Días, los hombres caídos están ahora entrando en la nueva era, en la cual podrán presentarse libremente ante Dios. Los hombres caídos entrarán en la nueva era al perfeccionar sus individualidades, restaurando así la primera bendición que Dios les dio y que Satán les arrebató desde el principio.

Tercero, podemos saberlo aún más al observar el fenómeno de que el valor original de los hombres caídos, que fue recibido al tiempo de la creación, está siendo restaurado. El valor original de los hombres, observado horizontalmente, es el de la igualdad entre las personas, y esto puede no parecer tan precioso. Pero cuando se observa verticalmente, centrado en Dios, cada individuo lleva consigo el más glorioso valor macrocósmico (ref. Parte I, Cap. VII, Sec. I). Los hombres perdieron su valor original a causa de la caída. En la era actual, sin embargo, la ideología democrática ha llegado a su culminación, y los hombres han llegado a descubrir el valor original de la individualidad recibido al tiempo de la creación. Esto se puede ver por la liberación de los esclavos, la liberación de grupos minoritarios y la liberación de las pequeñas potencias junto con las demandas por la dignidad humana, igualdad entre sexos e igualdad entre todos los pueblos. Esto es una prueba de que los Ultimos Días han llegado y que los hombres caídos están entrando ahora en la nueva era, en la cual restaurarán la primera bendición de Dios para los hombres.

Cuarto, nos lo está diciendo el hecho de que el amor original recibido al tiempo de la creación está siendo restaurado por el hombre caído. El mundo en el que esté realizado el ideal de la creación de Dios, tendrá la forma de un hombre perfecto. La gente de este mundo, al formar un solo cuerpo verticalmente con Dios, formarán naturalmente un solo cuerpo horizontalmente los unos con los otros. Por ello, la gente de este mundo está destinada a llegar a ser un único cuerpo, interrelacionado vertical y horizontalmente por el amor absoluto de Dios. Debido a la caída, el amor vertical del hombre con Dios fue interrumpido, causando así la ruptura del amor horizontal entre la gente; y así la historia humana ha sido entretejida con luchas. Hoy día, sin embargo, ya que el humanitarismo está alcanzando su punto más alto, los hombres están persiguiendo cada vez más el amor original.

Entonces, podemos reconocer que los días actuales son verdaderamente los Ultimos Días, en los cuales los hombres pueden perfeccionar sus individualidades centrados en el amor de Dios, restaurando la primera bendición de Dios para los hombres.

2. EL FENOMENO DE LA RESTAURACION DE LA SEGUNDA BENDICION

La segunda bendición de Dios es para que Adán y Eva perfeccionen una verdadera paternidad multiplicando hijos buenos y entonces establezcan hogares, sociedades y un mundo de soberanía buena. Pero debido a la caída, Adán y Eva se convirtieron en padres malos y toda la humanidad se convirtió de esta forma en hijos malos y formaron así un mundo bajo la opresión de la soberanía mala. Dios por un lado, ha llevado a cabo la providencia para restaurar el nivel espiritual de la humanidad, separando de Satán a los hombres internamente a través de la religión, y externamente El los ha separado a través de diferentes guerras y luchas. Así pues, El ha conducido Su providencia de la restauración de Su soberanía a un nivel interior y exterior al mismo tiempo.

La historia humana, entonces, ha sido la restauración de la segunda bendición de Dios para los hombres, realizada por la separación de los hombres de Satán a un nivel interior y a un nivel exterior, y por la búsqueda de aquellos hijos de Dios que puedan servir al Señor venidero, nuestro Padre Verdadero. Por consiguiente, según el fenómeno de la restauración de la soberanía de Dios a un nivel interior y exterior, vemos que los días actuales son verdaderamente los Ultimos Días. (Esta restauración se ha cumplido mediante el desarrollo de las esferas culturales centralizadas en la religión, y mediante la historia del alzamiento y decadencia de las naciones).

Estudiemos primero cómo ha progresado la historia del desarrollo de las esferas culturales, para hacer que la era actual sea los Ultimos Días. Como ya se ha estudiado repetidamente, en la historia de las esferas culturales, Dios estableció las esferas culturales, mandando profetas y santos a los hombres caídos. Estos santos establecieron varias religiones en consonancia con la mente original del hombre, que estaba dirigida hacia el bien último. Por consiguiente, han surgido muchos tipos de esferas culturales en la historia de la humanidad. A medida que el tiempo transcurría, éstas se han unido o han sido absorbidas por otras mayores. Los días actuales muestran que hay una clara tendencia hacia una única esfera cultural mundial establecida, centrada en el Cristianismo. Esta clase de tendencia histórica nos indica que la segunda bendición de Dios a los hombres se está restaurando, conviviendo juntas todas las razas mano a mano como hermanos centralizados en Cristo, que es el núcleo del Cristianismo.

Lo que hace al Cristianismo diferente de las demás religiones es que su propósito es restaurar la gran familia mundial que Dios había pensado en el tiempo de la creación. Esto tiene que cumplirse encontrando a los Padres Verdaderos de la humanidad, mediante los cuales todos los hombres puedan convertirse en hijos del bien por medio del nuevo nacimiento. Esto significa que el Cristianismo es la religión central que cumplirá el propósito de la providencia divina de la restauración.

Entonces, la restauración de la segunda bendición de Dios para los hombres puede verse en la formación de una última esfera cultural mundial centralizada en el Cristianismo, en el cual todos los hombres serán elevados a la posición de hijos del bien centralizados en Cristo y el Espíritu Santo, que son los Padres Verdaderos de la humanidad (ref. Parte I, Cap. VII). No podemos negar que hoy día estamos llegando a los Ultimos Días.

A continuación, investigaremos por qué la historia del alzamiento y decadencia de las naciones, que ha estado progresando en la dirección del propósito de restaurar la soberanía del bien, está conduciendo la era presente hacia los Ultimos Días. Es un error, originado por la ignorancia fundamental de la providencia de Dios, considerar que la causa de las luchas y guerras son meramente el conflicto de intereses o de diferentes ideologías.

La historia de la humanidad ha sido una historia llena de mal que empezó con la soberanía mala centrada en Satán, causada por la caída de los primeros antepasados humanos. Dado que el propósito de la creación de Dios es incambiable, la meta final de la historia humana es la restauración de la soberanía del bien de Dios, que tiene que ser lograda mediante la separación de los hombres de Satán. Si el mundo de la soberanía mala continuara sin luchas ni divisiones, entonces este mundo malo continuaría para siempre y no se restauraría nunca la soberanía del bien. Por consiguiente Dios envía santos al hombre caído, establece un patrón de bondad haciendo surgir religiones y con esto causa que soberanías de más bondad acaben con las soberanías de maldad y gradualmente realiza la providencia de restaurar la soberanía del lado celestial.

Las luchas y guerras han sido un curso inevitable que los hombres han tenido que seguir con el fin de cumplir la providencia de la restauración. En la Parte II se explicará más detalladamente esta cuestión. Debido a que la historia humana está siguiendo el curso providencial de la restauración por indemnización, el mal a veces parece prevalecer cuando se ve dentro de un espacio de tiempo limitado; pero al final seguramente será destruido, o absorbido y asimilado dentro de un ambiente de más bondad. El alzamiento y decadencia de las naciones motivado por las guerras es, pues, un resultado inevitable del curso providencial de la restauración de la soberanía del bien.

Por esta razón, Dios ordenó a los israelitas destruir las siete tribus de Canaán. Cuando Saúl le desobedeció, dejando a algunos de los amalecitas vivir con sus ganados, Dios lo castigó severamente (1 S. 15:18-23). Así, Dios no sólo ordenó directamente a los israelitas que destruyeran a los gentiles, sino que incluso destruyó a los israelitas de la dinastía del norte cuando se volvieron al mal, entregándolos en manos de los asirios. (2 R. 17:23). Debemos comprender que Dios actuó así con el fin de destruir la soberanía mala y restaurar la soberanía buena. Por lo tanto, las luchas y guerras entre individuos del lado de Dios son malas debido a que ocasionan la destrucción de su propia soberanía buena, pero que la soberanía buena destruya a la soberanía mala es un acto bueno debido a que es para cumplir el propósito de la providencia divina de la restauración.

De esta manera, la historia de luchas para la separación de la soberanía de Satán obteniendo gradualmente tierras y riquezas por todo el mundo ha llegado prácticamente a restaurar la soberanía celestial. De igual forma, los hombres han estado restaurándose hacia el lado celestial a un nivel mundial, pasando por el nivel individual, familiar, social y nacional. Así pues, la providencia de la separación de los hombres de Satán, que comenzó en la era de la sociedad de clan, pasando por las eras del feudalismo y la monarquía, ha culminado ahora en la era de la democracia. En la sociedad humana actual, vemos la división de los dos mundos de la democracia y el comunismo, siendo la primera la ideología para el establecimiento de la soberanía celestial, y la segunda para el establecimiento de la soberanía satánica.

De esta forma, la historia humana, que comenzó bajo la soberanía mala centrada en Satán, ha llegado ahora a formar dos soberanías opuestas a una escala mundial. A medida que se despierta la naturaleza original humana, dirigida hacia el bien último mediante la religión, filosofía y ética, se produce gradualmente la separación del poder de la soberanía buena del poder de la soberanía mala. Estas dos soberanías, con propósitos opuestos, de ningún modo pueden coexistir. En la consumación de la historia humana, indefectiblemente llegarán a un punto de cruce, provocándose un conflicto de un carácter interno centrado en la ideología, que muy posiblemente desembocará en una guerra externa centrada en el poder militar. Entonces, finalmente la soberanía de Satán acabará para siempre restaurándose por fin la soberanía de Dios como la única y siempre eterna soberanía del Cielo.

Hoy día estamos en los Ultimos Días, porque éste es el tiempo de intersección en el cual el mundo de la soberanía buena bajo Dios y el mundo de la soberanía mala bajo Satán están luchando entre sí en la batalla final.

En la historia humana, en la que hasta ahora se ha estado separando la soberanía buena de la soberanía mala, la soberanía mala irá gradualmente en decadencia hacia la destrucción, mientras que la soberanía buena se irá elevando continuamente por el camino de la prosperidad, de igual manera que en el agua turbia el lodo va hacia abajo mientras que el agua clara se eleva hacia arriba. Entonces, en los Ultimos Días, estas dos soberanías del bien y el mal durante un período se encontrarán en un punto de intersección, la primera permanecerá eternamente como la soberanía de Dios, mientras que la última perecerá.

Por ello, el tiempo en que el curso histórico en que estas dos soberanías del bien y del mal están en el punto de intersección, se llama los Ultimos Días. Puesto que éste es el tiempo en el que debe ser restaurada por indemnización la perfección de la etapa de crecimiento, desde la cual cayeron Adán y Eva, toda la humanidad vagará en medio de un caos ideológico, de igual manera que los primeros antepasados en el Jardín del Edén se encontraron confundidos sin saber qué hacer después de la caída.

Durante el largo curso de la providencia de la restauración han habido varios Ultimos Días, en los cuales las dos soberanías del bien y el mal llegaron a un punto de intersección. El tiempo de Noé y el de Jesús fueron llamados los Ultimos Días, en los cuales las dos soberanías estaban en un punto de intersección, pero en ambos casos los hombres fallaron en cumplir su parte de responsabilidad y no pudieron destruir la soberanía del mal; y Dios tuvo que comenzar de nuevo Su providencia de la separación del bien de la soberanía mala. Por consiguiente, veremos otro punto de intersección de las dos soberanías en el tiempo de la Segunda Llegada del Señor. El curso de la providencia de la restauración los acontecimientos se han repetido así periódicamente en un movimiento espiral dirigiéndose a través de un curso circular hacia el propósito de la creación. Por esta razón se formaron inevitablemente períodos de un carácter similar (ref. Parte II, Cap. III, Sec. I).

3. EL FENOMENO DE LA RESTAURACION DE LA TERCERA BENDICION

La tercera bendición de Dios a los hombres significa el dominio de Adán y Eva sobre el mundo de la creación después de que alcanzaran la perfección. El dominio del hombre sobre el mundo de la creación tiene dos aspectos, el interior y el exterior. En la era presente podemos ver que los dos aspectos del dominio del hombre, perdidos en la caída humana, están siendo restaurados; esto es otro indicio que estamos en los Ultimos Días.

El dominio interior significa el dominio de corazón. Cuando un hombre ha perfeccionado su individualidad llega a ser una unidad en corazón con Dios; entonces, puede experimentar el corazón de Dios. En el día en que el hombre, después de haberse perfeccionado, ame al mundo de la creación con un corazón idéntico al de Dios, y reciba la belleza correspondiente de la creación, se convertirá en el señor de corazón del mundo de la creación. Sin embargo, debido a la caída el hombre falló en experimentar el corazón de Dios y no ha sido capaz de tratar a la creación con ese mismo corazón. No obstante, Dios ha estado trabajando en Su providencia de la restauración por medio de la religión, la filosofía y la ética, elevando constantemente, por etapas, el nivel espiritual de los hombres caídos hacia El. Así, el hombre en la era presente está restaurando sus calificaciones como el señor de corazón sobre el mundo de la creación.

El dominio exterior significa el dominio a través de la ciencia. Si el hombre, habiéndose perfeccionado, hubiera sido capaz de dominar internamente el mundo de la creación, tratándolo con un corazón idéntico al de Dios en el tiempo de la creación, los descubrimientos científicos podrían haberse alcanzado en un tiempo extremadamente corto, debido a que la sensibilidad espiritual del hombre se habría desarrollado a su más alta dimensión. De esta manera, los hombres habrían dominado exteriormente todas las cosas de la creación. A consecuencia de esto, el hombre no sólo habría subyugado muy rápidamente el mundo de la naturaleza, incluidos los cuerpos celestiales, sino que también habría llevado a cabo unas condiciones de vida muy confortables debido al desarrollo económico que habría acompañado a los descubrimientos científicos.

Sin embargo, el hombre al perder su luz espiritual por la caída y al ser así privado de su dominio interior sobre las cosas de la creación, cayó a un estado de barbarie con una sensibilidad espiritual tan nula como los animales. Por ello, también perdió el dominio externo sobre la creación. Pero, a medida que el hombre se va iluminando espiritualmente gracias a la providencia divina de la restauración, va restaurando su dominio interno sobre la creación y consecuentemente el dominio externo. Por esta razón, en los días actuales, el progreso científico ha alcanzado su más alto grado. Y por causa del progreso económico originado en el progreso científico, el hombre moderno llega a realizar un ambiente de vida extremadamente confortable. De esta manera, al observar el fenómeno de la restauración de la tercera bendición divina, derivada de la restauración del dominio del hombre caído sobre la creación, no podemos negar que los días actuales son los Ultimos Días.

Como hemos observado repetidamente, el desarrollo de las esferas culturales también nos muestra que ahora se está formando una esfera cultural mundial centrada en una religión. Las naciones también se están dirigiendo hacia un organismo de soberanía mundial, empezando con la Liga de Naciones, siguiendo con las Naciones Unidas y tendiéndose hoy día hacia el gobierno mundial. Considerando el desarrollo económico, el mundo está ahora en el umbral de la formación de un mercado común. Los transportes y comunicaciones altamente desarrollados facilitan la reducción de las limitaciones de espacio y tiempo. Los hombres pueden comunicarse entre sí en la tierra tan fácilmente como si la tierra fuera el jardín de una casa en la que gente de todas las diferentes razas del Este y del Oeste vivieran como una sola familia. Toda la humanidad está reclamando un amor fraternal universal.

Sin embargo, un hogar se forma cuando hay padres; y solamente así puede surgir un verdadero amor fraternal. Por lo tanto, cuando venga el Señor de la Segunda Llegada como el Padre Verdadero de la humanidad, todos los hombres vivirán armoniosamente como una sola familia.

Según esto también podemos saber que hoy día estamos, con completa seguridad, en los Ultimos Días. Debe haber un regalo final que la historia, progresando en este sentido, debe estar a punto de presentar a la humanidad. Debe ser la ideología de naturaleza macrocósmica que pueda abrazar a todos los hombres, que viven ahora como extraños en completa confusión en un mundo sin ningún verdadero propósito, y formar así una sola familia centralizada en los mismos padres.

SECCION V
Los Ultimos Días, la Nueva Verdad y Nuestra Actitud

1. LOS ULTIMOS DIAS Y LA NUEVA VERDAD

El hombre caído, despierta su espiritualidad y su intelectualidad con el espíritu y la verdad (Jn. 4:23) a través de la religión y así va superando su ignorancia interna. Pero en lo que respecta a la verdad, esta tiene dos aspectos: la interior que por medio de la religión va superando su ignorancia interna y la exterior que por medio de la ciencia va superando su ignorancia externa. Por lo tanto, también la intelectualidad, tiene dos aspectos: el interno que se va despertando por medio de la verdad interna y el externo que lo hace por medio de la verdad externa. Entonces, la intelectualidad interna busca la verdad interior y establece religiones, mientras que la intelectualidad externa busca la verdad externa y establece ciencias.

Las realidades del mundo invisible son percibidas espiritualmente por el cuerpo espiritual a través de los cinco sentidos espirituales, esto a su vez entra en resonancia con los cinco sentidos físicos, siendo así percibido fisiológicamente y la verdad es percibida por medio de los órganos sensoriales fisiológicos del hombre, directamente del mundo visible. La percepción pasa por un proceso espiritual-físico.

Dado que el hombre fue hecho de tal manera que pudiera ser completo solamente cuando su hombre espiritual y su hombre físico estuvieran unidos, el espíritu y la verdad deben estar en perfecta armonía, despertando el nivel espiritual e intelectual del hombre, con el fin de que las dos clases de cognición que vienen por el canal espiritual y el físico puedan coincidir completamente. Entonces, por vez primera el hombre llegará a tener una cognición perfecta de Dios y de todo el mundo de la creación.

De esta manera, Dios está conduciendo Su providencia para restaurar a los hombres a su estado original en la creación, elevando mediante el espíritu y la verdad, el nivel espiritual e intelectual de los hombres, que cayeron en la completa ignorancia debido a la caída. A medida que la historia progresa, el hombre, recibiendo el beneficio de la era de la providencia de la restauración de Dios, ha estado gradualmente restaurando su nivel espiritual e intelectual. Por lo tanto, ambos, el espíritu y la verdad, que son los medios para elevar el nivel espiritual e intelectual, deben también ser elevados gradualmente a niveles más altos. Aunque el espíritu y la verdad deben ser únicos, eternos e incambiables, la extensión, grado y método de enseñanza y expresión a los hombres, que están en el proceso de ser restaurados del estado de ignorancia, deberían variar de acuerdo a la era.

Por ejemplo, en la era anterior al Antiguo Testamento (de Adán a Moisés), Dios no dio al pueblo palabras de verdad, sino meramente les mandaba ofrecer sacrificios. Los hombres de aquella era, siendo ignorantes, no podían recibir la verdad directamente de El. Cuando el nivel espiritual e intelectual del pueblo se elevó, El les dio la Ley en el tiempo de Moisés, y el Evangelio en el tiempo de Jesús. Jesús no dijo que sus palabras eran la verdad, sino que él mismo era el camino, la verdad y la vida (Jn. 14:6). Esto es debido a que sus palabras eran solamente un medio de expresarse a sí mismo como la verdad; y la extensión, grado y método de expresión de la verdad variaban de acuerdo a quienes recibían las palabras.

Según esto, debemos darnos cuenta que las palabras bíblicas son un medio de expresar la verdad y no son la verdad en sí misma. Viendo esto según este punto de vista, podemos comprender que el Nuevo Testamento fue dado como un libro de texto gradual para la enseñanza de la verdad a la gente de hace 2.000 años, gente cuyo nivel espiritual e intelectual era muy bajo, comparado con el de hoy día. Es por ello definitivamente imposible satisfacer en forma completa el deseo del hombre por la verdad en esta moderna civilización científica, usando el mismo método de expresión de la verdad, en parábolas y símbolos, que fue usado para despertar a la gente de aquella época. Por consiguiente, hoy día debe aparecer la verdad con un contenido más elevado y de acuerdo con un método científico de expresión para que la pueda comprender el inteligente hombre moderno.

Llamamos a esto la nueva verdad. Esta nueva verdad, como estudiamos en la «Introducción General», debe ser capaz de resolver completamente los problemas de la religión y la ciencia conforme a un tema unificado, superando así la ignorancia interior y exterior del hombre.

Investiguemos, desde otro aspecto, otras razones por las cuales la nueva verdad debe aparecer.

Como se señaló, la Biblia no es la verdad en sí misma sino un libro de texto que nos enseñaría la verdad. En este libro de texto la mayoría de las partes importantes de la verdad están expresadas en parábolas y símbolos. Por ello, el método de interpretación puede diferir de acuerdo al lector. Las diferencias en interpretaciones han dado lugar a muchas denominaciones. Puesto que la causa principal de las divisiones denominacionales no es el hombre sino son las expresiones usadas en la Biblia, las divisiones y conflictos se incrementarán irremediablemente. Por lo tanto, no podemos esperar que las divisiones y conflictos entre denominaciones lleguen a acabar. Esto impedirá el cumplimiento de la providencia de la restauración de la unificación del Cristianismo, a menos que aparezca una nueva verdad que pueda desvelar los contenidos fundamentales de la Biblia tan claramente que todo el mundo pueda reconocerlo y estar de acuerdo con ella. Por consiguiente, Jesús prometió darnos nuevas palabras de verdad en los Ultimos Días. diciendo:

«Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os instruiré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre». (Jn. 16 :25)

Jesús murió en la cruz sin poder decir todo lo que deseaba decir debido a la incredulidad del pueblo judío. El dijo, «Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?» (Jn. 3:12). Jesús también dijo a sus discípulos: «Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis con ello» (Jn. 16:12). Esto revela cuán apenado estaba, debido a que no podía decir ni incluso a sus propios discípulos lo que tenía en el fondo de su corazón.

Las palabras que Jesús no dijo, no permanecerán para siempre en secreto, sino tienen que ser reveladas algún día como una nueva verdad a través del Espíritu Santo, como Jesús nos dijo:

« Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, os anunciará lo que ha de venir» (Jn. 16 :13).

Además, leemos:

«Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito el anverso y el reverso, sellado con siete sellos» (Ap. 5:1).

Precisamente en este libro estaban las palabras que el Señor va a darnos en los Ultimos Días. Cuando Juan lloró debido a que no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro ni de leerlo, ya que no había nadie en el cielo, en la tierra o bajo la tierra que fuera capaz de hacerlo, uno de los ancianos dijo:

«…el León de la tribu de Judá, el Retoño de David; él podrá abrir el libro y sus siete sellos» (Ap. 5 :3-5).

El León nacido del linaje de David, significa Cristo. Llegará el día en el que Cristo abrirá el libro sellado, que desde hace mucho tiempo ha permanecido como un secreto para la humanidad, y revelará la nueva verdad a todos los santos. Por ello se dice: «Tienes que profetizar otra vez contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes» (Ap. 10:11). De nuevo, se dijo:

«Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes tendrán visiones, y los ancianos sueños. Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu» (Hch 2:17-18).

Entonces según los diferentes puntos de vista la nueva verdad debe venir en los Ultimos Días.

2. LA ACTITUD QUE DEBEMOS TOMAR QUIENES ESTAMOS EN LOS ULTIMOS DIAS

Si observamos la progresión de la historia de la providencia de la restauración, vemos que lo nuevo siempre comienza cuando lo viejo está a punto de extinguirse. Por consiguiente, el período en el que lo viejo acaba es precisamente el período en el que lo nuevo comienza. El final de la historia vieja es el período inicial de la nueva historia.

La humanidad está ahora en el punto de intersección donde las dos soberanías del bien y el mal están enfrentándose entre sí. Estas dos soberanías, que comenzaron en el mismo punto, se han dirigido desde entonces en direcciones opuestas, y han producido sus propios frutos a una escala mundial respectivamente. La gente de esta era internamente caerá en la inseguridad, el terror y el caos debido a la carencia de sus ideales e ideologías. Externamente temblará en medio de las fricciones y las luchas armadas. En los Ultimos Días ocurrirán muchos fenómenos devastadores como la Biblia lo indica:

«Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino y habrá en diversos lugares hambre y terremotos» (Mt. 24:7).

Es inevitable que ocurra esta desgracia, con el fin de que el dominio del mal sea aniquilado y que el dominio del bien sea exaltado. Dios, sin lugar a dudas, establecerá el centro de la soberanía del bien para comenzar una nueva era que partirá del medio de esta situación miserable. Noé, Abraham, Moisés y Jesús eran las figuras centrales que Dios estableció en las respectivas eras. Por esta razón, en este período histórico de transición debemos encontrar a la figura central de la nueva historia, a quien Dios ha designado, para que así podamos ser participantes en la nueva era como Dios quiere que seamos.

La providencia de la nueva era no comienza después de la completa liquidación de la era antigua, sino que nace y crece en las circunstancias del período de la consumación de la era antigua, y siempre que aparece entra en conflicto con la era anterior. Por ello, esta providencia no es fácilmente comprendida por quienes están acostumbrados a los convencionalismos de la era antigua. Por esta razón, los sabios de la historia, que vinieron para hacerse cargo de la providencia de una nueva era, todos fueron víctimas de la era antigua. Podemos dar el ejemplo de Jesús, quien viniendo al término de la Era del Antiguo Testamento como el centro de la nueva providencia de la Era del Nuevo Testamento, fue considerado por los creyentes de la Ley Mosaica como un hereje a quien no podían comprender. Finalmente fue rechazado a causa de su incredulidad y luego fue crucificado. Por esta razón Jesús dijo: «sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos» (Lc. 5:38).

Cristo volverá de nuevo al término de la Era del Nuevo Testamento como centro de la nueva providencia para establecer un nuevo cielo y tierra, y nos dará una nueva verdad para la construcción de la nueva era (Ap. 21:1-7). Por consiguiente, es muy posible que sea rechazado o perseguido por los cristianos en el tiempo de la Segunda Llegada, de igual manera que Jesús fue perseguido y ridiculizado por los judíos cuando vino, quienes decían que estaba poseído por Beelzebul, el príncipe de los demonios (Mt. 12:24). Por lo tanto, Jesús predijo que al principio el Señor debía sufrir muchas cosas y ser rechazado por la generación del tiempo de la Segunda Llegada (Lc. 17:25). Por ello, aquellos quienes, en el período transicional de la historia, estén tenazmente ligados a las circunstancias de la era antigua y confortablemente acomodados en ella serán juzgados junto con la era antigua.

Los hombres caídos, teniendo muy deteriorada su sensibilidad hacia las cosas espirituales, generalmente han dado más valor a la verdad antigua durante el curso de la providencia de la restauración. En otras palabras, aunque la providencia de la restauración esté en el comienzo de la nueva era, esta gente no responderá ni seguirá la providencia de la nueva era, debido a que en la mayoría de los casos están apegados a la visión de la verdad de la era antigua. El hecho de que los judíos, quienes estaban apegados a las escrituras del Antiguo Testamento no pudieron responder a la providencia de la Era del Nuevo Testamento de seguir a Jesús, es un buen ejemplo para demostrar esto. Aquellos que puedan percibir cosas espirituales por medio de la oración, no obstante, comprenderán la providencia de la nueva era espiritualmente, y corresponderán a ella, a pesar de que se enfrenten a discrepancias entre la nueva visión de la verdad y la antigua.

Por esta razón, los discípulos de Jesús no estaban completamente apegados al Antiguo Testamento. Más bien, ellos seguían lo que sentían espiritualmente en sus corazones. Esta es la razón por la cual los hombres de mucha oración y de buena conciencia no pueden evitar sentir una especie de extrema ansiedad y urgencia espiritual en los Ultimos Días, pues ellos sienten vagamente las cosas espirituales y están dispuestos a seguir la providencia de la nueva era en sus corazones, pero no han encontrado la nueva verdad que pueda dirigir su cuerpo en esta dirección. Por consiguiente, estos hombres si solamente escucharan la nueva verdad que les dirigiera hacia la providencia de la nueva era, el espíritu y la verdad despertarían simultáneamente su corazón e intelecto. Como ellos serán capaces de percibir completamente el llamado de la providencia de Dios para la nueva era, responderán entonces con una alegría indescriptible. Así pues, el hombre moderno debe tratar por sobre todas las cosas de percibir lo espiritual mediante oraciones humildes.

Por esta razón, no deberíamos estar ligados a ideas convencionales, sino que deberíamos a toda costa encontrar la nueva verdad que nos dirija a la providencia de la nueva era. Podemos hacer esto conduciendo nuestro ser exterior a corresponder al espíritu. Entonces debemos asegurarnos de que la verdad así encontrada llega a ser una unidad con nuestro espíritu, produciéndose una verdadera alegría celestial en lo profundo de nuestro corazón. Haciendo esto, los creyentes de los Ultimos Días podrán encontrar el camino de la verdadera salvación.


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