Capítulo I – La Era Providencial para el Fundamento de la Restauración

SECCION I
La Providencia de la Restauración Centrada en la Familia de Adán

Aunque la caída humana fue causada por el propio fallo del hombre, ya hemos explicado (ref. Parte I, Cap. III, Sec. II, 1) cómo Dios se vio obligado a obrar para salvar al hombre caído, comenzando tempranamente en la familia de Adán Su providencia para restaurar a los hombres caídos, haciéndoles establecer el fundamento para recibir al Mesías.

Como hemos visto en la «Introducción», Adán, a causa de su relación de sangre con Satán, se hallaba en una posición intermedia en la que podía relacionarse tanto con Dios como con Satán. Por consiguiente, el hombre caído, que se encuentra en esta posición intermedia, debe cumplir por sí mismo ciertas condiciones de indemnización con el fin de separarse de Satán y dirigirse al lado celestial para establecer el fundamento para recibir al Mesías. La providencia de la restauración no podía realizarse a menos que la familia de Adán establezca las condiciones de indemnización para restaurar el fundamento de fe y el fundamento de substancia, mediante los cuales se logra el fundamento para el Mesías y sobre este fundamento, recibir finalmente al Mesías.

1. EL FUNDAMENTO DE FE

En primer lugar, para establecer el fundamento de fe, deben haber ciertos objetos condicionales para su restauración por indemnización. Originalmente, Adán, debido a su incredulidad, perdió la Palabra de Dios dada como condición para establecer el fundamento de fe. Por ello, para que Adán, quien cayó en una posición en la que no podía recibir directamente la Palabra de Dios restaurase el fundamento de fe, debería haber ofrecido ciertos objetos condicionales agradables a Dios en lugar de la Palabra. Este objeto condicional que debía ser ofrecido en la familia de Adán en lugar de la Palabra era la ofrenda.

En segundo lugar, para restaurar el fundamento de fe debe haber una figura central, capaz de restaurar dicho fundamento. La figura central para restaurar el fundamento de fe en la familia de Adán era naturalmente el mismo Adán. Por lo tanto, Adán debería ofrecer los sacrificios. El éxito o no en establecer el fundamento de fe dependía de que los ofreciera de una manera aceptable o no.

El relato bíblico nos muestra que Adán no pudo ofrecer sacrificios, sino que en su lugar lo hicieron Caín y Abel. ¿Cuál debió ser la razón? De acuerdo con los principios de la creación, el hombre fue creado originalmente para relacionarse con un solo señor.

Por consiguiente, Dios no puede llevar a cabo Su providencia dentro de los principios de la creación con un ser que está en la posición de depender de dos señores. Si Dios hubiera aceptado a Adán y a su ofrenda, Satán también podría relacionarse con ellos sobre la base de tener una relación de sangre con Adán. En ese caso, Adán estaría situado en la posición, fuera del Principio, de tener que tratar con dos señores, Dios y Satán. Al no poder llevar a cabo esta providencia fuera del Principio, Dios tuvo que seguir con la providencia de dividir a Adán, el origen de los dos caracteres, el bueno y el malo, en dos seres; es decir, el ser que representa el carácter bueno y el ser que representa el carácter malo. Con este propósito Dios dio a Adán dos hijos, representando el bien y el mal respectivamente. El hizo que cada uno de ellos ofreciese sacrificios poniéndolos en las posiciones respectivas de relacionarse con Dios y con Satán; es decir, los puso en la posición dentro de los principios de la creación de servir a un solo señor.

Entonces ¿quién de los dos, Caín y Abel, hijos de un mismo padre, tenía que estar en la posición de relacionarse con Dios, como representación del bien, y quién en la posición de relacionarse con Satán, como representación del mal? Tanto Caín como Abel eran el fruto de la caída de Eva. Por lo tanto, esta cuestión debería ser decidida de acuerdo con el curso de la caída de Eva, que fue el origen de la caída.

La caída de Eva consistió de dos tipos de relaciones ilícitas de amor. La primera fue la caída espiritual a través del amor con el arcángel. La segunda fue la caída física a través del amor con Adán. Ambas son, desde luego, semejantes en el sentido de que son acciones caídas. Sin embargo cuando queremos decidir cuál de las dos está más de acuerdo con el Principio y cuál es más digna de perdón, debemos decir que la segunda acción es relativamente mejor que la primera. Esto es porque en el segundo acto de la caída, Eva tuvo relaciones con Adán, quien iba a ser su esposo según el Principio, impulsada por el deseo de regresar a Dios después de darse cuenta de la naturaleza ilícita de su relación con el arcángel (ref. Parte I, Cap. II, Sec. II, 2). En el primer acto de la caída ella tuvo relaciones con el arcángel, quien no era su esposo según el Principio, impulsada por su excesivo deseo de disfrutar de lo que aún no era tiempo de disfrutar; es decir, llegar a ser como Dios, con los ojos abiertos (Gn. 3:5).

Caín y Abel eran los frutos del amor ilícito de Eva. Por consiguiente, Dios tenía que hacer una distinción entre los dos tipos de actos ilícitos de amor cometidos centralizados en Eva teniendo en cuenta las condiciones de la caída, y tenía que poner a Caín y a Abel en las respectivas posiciones representando las diferentes situaciones. En otras palabras, siendo Caín el fruto del primer amor, fue situado en la posición de relacionarse con Satán, como la representación del mal, simbolizando el primer acto caído de amor con el arcángel. Abel, siendo el fruto del segundo amor, fue situado en la posición de relacionarse con Dios, como representación del bien, simbolizando el segundo acto caído de amor con Adán.

Debido a que Satán tomó posesión del mundo que Dios creó, va realizando previamente, en contra del Principio, un mundo semejante en su forma al mundo de los principios de Dios.

Originalmente, Dios estableció que el primer hijo debía heredar el derecho de primogenitura. Por lo tanto, Satán tenía también más apego por el mayor que por el menor. Además, estando Satán en la posición de gobernador del mundo creado, pensó tomar a Caín con quien estaba más ligado. Por consiguiente, Dios tomó a Abel.

Tomemos un ejemplo de la Biblia. Dios dijo a Caín: «Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado» (Gn. 4:7). Según esto podemos comprender que Caín estaba situado en la posición de relacionarse con Satán. Cuando los israelitas huyeron de Egipto, Dios no sólo mató a los primogénitos de los egipcios, sino también a las primicias del ganado (Ex. 12:29), porque todos ellos estaban en la posición de objetos de Satán. Por otro lado, cuando los israelitas fueron llevados a Canaán, sólo los levitas, que estaban en la posición de segundo hijo, Abel, podían llevar el Arca de la Alianza (Dt. 31:25). Hay también un relato bíblico que dice que Dios amó al segundo hijo Jacob y odió al primer hijo Esaú, cuando aún estaban en el vientre de su madre (Gn. 25:23). Es así porque solamente la distinción de su nacimiento como primer o segundo hijo justificaba las respectivas posiciones de Caín y Abel. En el caso de la bendición de Jacob a sus nietos Efraín y Manasés, los bendijo cruzando sus manos y poniendo su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, el más joven, a quien quería dar prioridad (Gn. 48:14). Es debido también a que Efraín estaba en la posición de Abel. Conforme a este principio, Dios hizo ofrecer sacrificios a Caín y a Abel, después de haberlos colocado respectivamente en las posiciones en las que cada uno podía relacionarse con un solo señor, Dios o Satán (Gn. 4:3-5).

Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. ¿Cuál debió haber sido la razón? Dios aceptó la ofrenda de Abel (Gn. 4:4) porque ofreció con buena fe un sacrificio aceptable ante Dios, en una posición objetiva en que Dios podía tomarlo (He. 11: 4). De esta forma, fue establecido el fundamento de fe que debía ser establecido en la familia de Adán. Esto nos enseña igualmente que Dios está dispuesto a aceptar a todo hombre, aunque sea caído, si se forma una condición favorable que posibilite a Dios tomarlo. Dios no rechazó la ofrenda de Caín porque le odiara realmente. Fue porque Dios no podía aceptar su ofrenda a menos que el propio Caín estableciese una cierta condición que justificara la aceptación de la ofrenda, pues Caín estaba situado en una posición en la cual podía ser tomado por Satán.

Por medio de este ejemplo, Dios nos mostró que para que un hombre en la posición de objeto de Satán vuelva al lado de Dios, debe cumplir una cierta condición de indemnización. ¿Qué clase de condición de indemnización debería haber cumplido Caín? Era la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída de la que trataremos en detalle a continuación.

2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA

Para que la familia de Adán estableciera el fundamento de substancia, Caín habría tenido que establecer la «condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída», de forma tal que Dios pudiese aceptar su ofrenda con alegría. ¿Cómo debería haber establecido la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída?

Los primeros antepasados de la humanidad cayeron a causa del arcángel, heredando así su naturaleza caída. Por consiguiente, para eliminar la naturaleza caída, el hombre debería haber establecido una condición de indemnización conforme al principio de la restauración por indemnización, tomando un curso inverso al camino que lo llevó a adquirir la naturaleza caída.

El arcángel cayó porque fracasó en amar a Adán, a quien Dios amaba más. Por consiguiente, se originó la naturaleza caída de no tomar la misma actitud que Dios. Por ello, para eliminar la naturaleza caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel debería haber amado a Abel, que estaba en la posición de Adán, tomando así la misma actitud que Dios.

Después el arcángel cayó porque fracasó en recibir el amor de Dios a través de Adán, quien estaba más cerca de Dios como mediador. En lugar de ello, el arcángel pensó en tomar la posición de Adán. Por consiguiente, apareció la naturaleza caída de no guardar la propia posición. Para eliminar esta naturaleza caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel, debería haber tomado la posición de recibir el amor de Dios a través de Abel, que estaba en la posición de Adán como mediador, siendo capaz en esta situación de guardar su posición.

El arcángel cayó también porque dominó a Adán y Eva, quienes debían dominarlo. Por consiguiente, surgió la naturaleza caída de invertir el orden de dominio. Por lo tanto, para que se pudiera eliminar esta naturaleza caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel, debería haber establecido la ley y el sistema de orden de dominio situándose en la actitud de obediencia a Abel, que estaba en la posición de Adán, y dejarse así dominar por él.

La voluntad de Dios de que el hombre realizara el bien, no debiendo comer del fruto del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal debería haber sido transmitida de Dios a Adán, de Adán a Eva y de Eva al arcángel, multiplicando así el bien. Sin embargo, por lo contrario el arcángel transmitió a Eva la voluntad de realizar la iniquidad de que el fruto podía ser tomado y comido. Después Eva lo transmitió a Adán, causando así la caída del hombre. Por lo tanto, apareció la naturaleza caída de multiplicar los pecados. Con el fin de eliminar este tipo de naturaleza caída, Caín, que estaba en la posición del arcángel, debería haber establecido la condición de multiplicar el bien, situándose en una posición muy cercana a Abel, quien estaba más próximo a Dios que él mismo, y recibir así la voluntad de realizar el bien a través de Abel.

Mostremos ahora algunos ejemplos correspondientes a las ofrendas de Caín y Abel. En nuestro ser individual, la mente, que nos dirige hacia el bien (Rm. 7:22) se encuentra en la posición de Abel, mientras que nuestro cuerpo, que tiende a servir a la ley del pecado (Rm. 7:25) está en la posición de Caín. Por consiguiente, nuestro ser individual llegará a ser bueno solamente cuando nuestro cuerpo obedezca las órdenes de nuestra mente. Sin embargo, nuestro cuerpo siempre se rebela contra las órdenes de la mente, repitiendo así la misma acción en la que Caín mató a Abel. Por ello, nuestro ser individual se convierte en malo. Así, la vida religiosa puede ser considerada como la vida cuyo fin es hacer que nuestro cuerpo obedezca a nuestra mente, dirigida por la voluntad de Dios, de igual manera que Caín debería haber obedecido a Abel. Además, el hombre cayó y llegó a ser el ser más perverso de entre todas las cosas (Jer. 17:9); así, tenía que acercarse a Dios a través de las cosas creadas, poniendo a estas en la posición de Abel. Esto era la «ofrenda». La tendencia del hombre de buscar buenos líderes y buenos amigos, considerando el resultado, proviene del deseo de la mente original de acercarse a Dios, encontrando a alguien en la posición de Abel más cerca de Dios y uniéndose con él.

La fe cristiana nos enseña a ser mansos y humildes para que podamos asegurarnos una posición ante Dios, practicando estas virtudes con una persona de tipo Abel que encontremos en nuestra vida cotidiana. Desde el individuo hasta la familia, la sociedad, la raza, la nación y el mundo, siempre hay dos tipos de personas; a saber, el tipo Caín y el tipo Abel. Por consiguiente, para restaurar todas estas cosas a la posición original de la creación, la persona tipo Caín debe obedecer y someterse a la persona tipo Abel. Jesús vino como el Abel a quien toda la humanidad tenía que servir y obedecer. Por ello dijo: «… Nadie va al Padre sino por mí» (Jn. 14:6).

Si Caín hubiera obedecido a Abel, la familia de Adán habría tenido éxito en establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, alcanzando así el fundamento de substancia sobre el fundamento de fe ya establecido. Entonces, después de recibir al Mesías, podrían haber restaurado el fundamento de cuatro posiciones proyectado originalmente en la creación, sobre el fundamento para recibir al Mesías a nivel familiar. Sin embargo, Caín mató a Abel, reiterando la naturaleza caída del arcángel que causó la caída del hombre y así la familia de Adán fracasó en establecer el fundamento de substancia que debía ser establecido en aquel entonces. Por consiguiente, la providencia de la restauración centrada en la familia de Adán terminó en un fracaso.

3. EL FUNDAMENTO PARA RECIBIR AL MESIAS EN LA FAMILIA DE ADAN Y SU PERDIDA

El fundamento para recibir al Mesías se realiza estableciendo el fundamento de substancia sobre la base de haber restaurado por indemnización el fundamento de fe. Desde el punto de vista de la ofrenda de sacrificios, el fundamento de fe debe ser restaurado presentando de forma aceptable la ofrenda simbólica, y el fundamento de substancia debe ser realizado presentando de forma aceptable la ofrenda substancial. Indaguemos, el significado y el propósito de la ofrenda simbólica y de la ofrenda substancial.

Las tres grandes bendiciones de Dios dadas al hombre, el propósito de Su creación, tenían que ser realizadas cuando Adán y Eva, después de haber alcanzado la perfección individualmente, llegaran a ser marido y mujer, multiplicaran hijos para formar una familia y por último dominaran la creación entera. Sin embargo, a causa de la caída las tres grandes bendiciones no fueron realizadas. Para restaurar esto, debemos seguir el curso inverso y establecer el fundamento de fe ofreciendo sacrificios simbólicos, a través de los cuales pueda establecerse al mismo tiempo la condición de indemnización para restaurar todas las cosas creadas y la condición simbólica de indemnización para restaurar al hombre.

A continuación, debemos establecer el fundamento para recibir al Mesías, después de establecer el fundamento de substancia ofreciendo los sacrificios substanciales que son al mismo tiempo la condición para restaurar a los hijos y, sobre esta base, para restaurar a los padres. Primeramente, podemos considerar separadamente el significado y propósito de la ofrenda simbólica.

Como ya se ha visto en el capítulo «La Caída del Hombre», Satán, que llegó a dominar a los hombres caídos, ha dominado también todas las cosas que estaban destinadas a estar bajo el dominio del hombre. Por esta razón la Biblia dice que todas las cosas sufren con dolores de parto (Rm. 8:22). Por consiguiente, el primer objetivo de las ofrendas simbólicas es establecer la condición de indemnización para restaurar todas las cosas, que son los objetos substanciales simbólicos de Dios. Después, el hombre, que por la caída llegó a ser el ser más perverso de todas las cosas creadas (Jer. 17:9), puede acercarse a Dios yendo a través de las cosas de la creación, que están más próximas a Dios que él mismo, según el orden de los principios de la creación. Por consiguiente, el segundo objetivo de las ofrendas simbólicas es establecer la condición de indemnización simbólica para restaurar a los hombres substancialmente a Dios.

La ofrenda substancial es una ofrenda de tipo interior; que debe realizarse después de haber presentado de forma aceptable la ofrenda simbólica de tipo exterior, siguiendo el modelo de la creación de todas las cosas en primer lugar y del hombre a continuación. Por consiguiente, debemos primeramente presentar de forma aceptable la ofrenda simbólica, haciendo así al mismo tiempo la condición de indemnización para restaurar todas las cosas y la condición simbólica de indemnización para restaurar al hombre. Sobre esta base debemos hacer las ofrendas substanciales como condición de indemnización para restaurar al hombre substancialmente. La ofrenda substancial es establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída a fin de restaurar al hombre. Si una persona tipo Caín establece la condición de indemnización para restaurar a los hijos haciendo la ofrenda substancial con la persona tipo Abel, ésta será también considerada como la condición de indemnización para restaurar a los padres, como será explicado más adelante; de esta forma, esta ofrenda substancial será una ofrenda aceptable.

Para que la familia de Adán estableciese el fundamento para recibir al Mesías, el propio Adán debía primeramente establecer el fundamento de fe por medio de la ofrenda simbólica. Como hemos dicho anteriormente, la ofrenda no fue hecha por Adán, porque si Adán hubiera ofrecido los sacrificios, tanto Dios como Satán habrían podido reclamarlos, encontrándose así en una posición contraria al Principio. Además, hay otra razón desde el punto de vista del sentimiento y el corazón. El Adán caído era de hecho la mismísima persona que causó la aflicción de Dios por miles de generaciones. Por ello, Adán no podía ser de ningún modo el objeto del corazón de Dios, con quien Dios pudiese relacionarse directamente en Su providencia de la restauración.

Por lo tanto, Dios hizo ofrecer los sacrificios simbólicos al segundo hijo Abel, en lugar de Adán. Así fueron establecidas al mismo tiempo la condición de indemnización para restaurar todas las cosas y la condición simbólica de indemnización para restaurar a los hombres. Entonces, si sobre esta base Caín y Abel hubieran establecido la condición de indemnización para restaurar a los hijos mediante la ofrenda substancial, Adán, como el padre, se habría situado sobre este fundamento de substancia y se habría realizado así el fundamento para recibir al Mesías en aquel tiempo.

Con el fin de ofrecer los sacrificios substanciales estableciendo la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, se debía escoger primeramente la figura central para ofrecer el sacrificio. Por ello, debemos comprender que la ofrenda simbólica de Abel tenía dos objetivos: en primer lugar, establecer el fundamento de fe en lugar de Adán, y en segundo lugar, calificar a Abel como la figura central para hacer la ofrenda substancial.

Caín tenía que establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, y debemos saber qué consecuencias habría tenido que la familia de Adán estableciera la condición en su totalidad. Si los antepasados humanos hubieran obedecido las palabras de Dios, la voluntad de Dios habría sido realizada en aquel tiempo; si el pueblo judío hubiera creído en Jesús, la voluntad de Jesús podría haber sido realizada en su vida. En este caso igualmente, si Caín hubiera cumplido la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída obedeciendo a Abel, ambos, Caín y Abel podrían haber estado en la posición de haber establecido como hijos la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Ya que Caín y Abel eran los seres substanciales derivados de la división de Adán, quien era la fuente del bien y del mal, Adán, como el padre, se podría haber separado de Satán sobre la base del fundamento de substancia establecido, si Caín y Abel hubieran hecho la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída separándose de Satán. Entonces, el fundamento para recibir al Mesías podría haber sido establecido en la familia de Adán. De esta forma, la condición de indemnización para restaurar a los padres podía ser establecida por medio de la ofrenda simbólica y la ofrenda substancial.

Abel ofreció un sacrificio aceptable. Por ello, se estableció con éxito la condición para restaurar por indemnización el fundamento de fe, centrado en Adán, y la posición de Abel como la figura central para hacer la ofrenda substancial. Sin embargo, como Caín mató a Abel, cayeron de nuevo en el mismo estado del arcángel y Eva después de la caída. Por lo tanto, la ofrenda substancial fue un fracaso. No pudieron establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Por consiguiente, fracasaron también en el establecimiento del fundamento de substancia. Esto les impidió establecer el fundamento para recibir al Mesías. Por ello, la providencia de la restauración centrada en la familia de Adán no pudo ser realizada.

4. LECCIONES APRENDIDAS DE LA FAMILIA DE ADAN

En primer lugar, el fracaso de la providencia de la restauración centrada en la familia de Adán nos muestra la predestinación de Dios de la realización de la voluntad y Su actitud con respecto a la parte de responsabilidad del hombre. Originalmente, la predestinación de la voluntad de Dios podía ser realizada solamente cuando se unieran la parte de responsabilidad de Dios y la parte de responsabilidad del hombre. Dios no podía instruir a Caín y Abel sobre la forma de ofrecer los sacrificios porque la decisión de Caín de ofrecer o no los sacrificios a través de Abel era su parte de responsabilidad.

En segundo lugar, después de que Caín mató a Abel, Dios siguió Su providencia a través de Set. Esto nos muestra que la predestinación de Dios de Su voluntad es absoluta, mientras que Su predestinación para que el hombre lleve a cabo Su voluntad es relativa. Dios predestinó que Abel llegara a ser la figura central de la ofrenda substancial, cumpliendo su propia parte de responsabilidad en correspondencia a la parte de responsabilidad de Dios. Por consiguiente, cuando Abel falló en cumplir su parte de responsabilidad, Dios se propuso llevar a cabo Su voluntad, que estaba predestinada de forma absoluta, poniendo a Set en su lugar.

En tercer lugar, las ofrendas de Caín y Abel nos muestran que todo hombre puede cumplir la voluntad de Dios cuando encuentra a una persona tipo Abel y le obedece en completa sumisión.

Por otra parte, la misma providencia que Dios tenía la intención de realizar en la familia de Adán se ha estado repitiendo desde entonces, a causa de los continuos fracasos originados por la incredulidad del hombre. Por consiguiente, esta providencia continúa siendo nuestro propio curso de indemnización hoy día. La providencia de la restauración centrada en la familia de Adán es una lección viviente para nosotros, que nos muestra el curso modelo a seguir.

SECCION II
La Providencia de la Restauración Centrada en la Familia de Noé

La providencia de la restauración centrada en la familia de Adán no se realizó debido a que Caín mató a Abel. Sin embargo ya que la voluntad de Dios de realizar el propósito de la creación es absoluta e incambiable, El estableció a Set en lugar de Abel sobre la base de que Abel había sido leal y filial de corazón (Gn. 4:25).

Entonces de entre sus descendientes Dios escogió a la familia de Noé para sustituir a la familia de Adán y recomenzó Su providencia. Dios dijo:

«He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencia por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra» (Gn. 6:13).

El llevó a cabo el juicio del diluvio. Esto nos muestra claramente que aquellos tiempos también fueron los Ultimos Días. Es así porque Dios se determinó a realizar el propósito de la creación enviando al Mesías, sobre el fundamento que estableciera la familia de Noé después del juicio del diluvio. La familia de Noé tenía que establecer la condición de indemnización para restaurar el fundamento de fe, y basado sobre éste tenía que establecer la condición de indemnización para restaurar el fundamento de substancia. Haciendo estas cosas, la familia de Noé habría restaurado a través de indemnización el fundamento para recibir al Mesías, que la familia de Adán había fallado en establecer.

1. EL FUNDAMENTO DE FE

(1) La figura central para restaurar el fundamento de fe

En la providencia de la restauración centrada en la familia de Noé, la figura central para restaurar el fundamento de fe era Noé. Dios lo llamó después de diez generaciones, mil seiscientos años después de Adán, con el fin de realizar la voluntad que fracasó con Adán. Por consiguiente, Dios bendijo a Noé para que creciera y se multiplicase (Gn. 9:7), tal y como lo hizo con Adán (Gn. 1:28). En ese sentido Noé es el segundo progenitor humano.

Noé fue llamado cuando la tierra estaba llena de violencia a causa de los hombres (Gn. 6:11), y trabajó en el arca durante ciento veinte años en la montaña, en obediencia al mandato de Dios, pese a todas las risas y burlas de la gente. Sobre esa condición, Dios pudo aventurarse a juzgar la tierra con el diluvio, centrado en la familia de Noé. Bajo este aspecto, Noé es el primer padre de la fe. Sabemos que Abraham es el padre de la fe, pero originalmente iba a serlo Noé. Debido al acto pecaminoso de su hijo Cam, la misión de Noé como padre de la fe fue transferida a Abraham.

Adán debía ser la figura central para restaurar el fundamento de fe, pero por las razones citadas anteriormente, él mismo no podía ofrecer los sacrificios. Sin embargo, Noé fue llamado sobre el fundamento de fidelidad y de espíritu filial que había mostrado Abel ofreciendo de forma aceptable los sacrificios simbólicos. Además, como puede verse por su linaje, era descendiente de Set (Gn. 4:25), llamado en lugar de Abel. Por otro lado, era un hombre justo a los ojos de Dios (Gn. 6:9). Por lo tanto, pudo ofrecer los sacrificios simbólicos directamente, construyendo el arca obedeciendo a la voluntad de Dios.

(2) El objeto condicional para restaurar el fundamento de fe

Para Noé, el objeto condicional que hacía posible la restauración del fundamento de fe era el arca. ¿Qué significaba el arca? Para que Noé pudiera situarse en la posición de Adán como el segundo progenitor de la humanidad, tenía que establecer la condición para restaurar por indemnización el universo entero que se encontraba bajo el control satánico a causa de la caída de Adán. En consecuencia, tuvo que ofrecer como sacrificio, de una forma aceptable para Dios, cierto objeto condicional que simbolizaba el nuevo universo. El arca era su objeto condicional.

Esta se componía de tres pisos, que simbolizaban al universo creado a través de las tres etapas de crecimiento. Los ocho miembros de la familia de Noé que entraron en el arca debían restaurar por indemnización a los ocho miembros de la familia de Adán, que habían caído en el seno de Satán. Ya que el arca era el símbolo de todo el universo, el señor del arca, Noé, simbolizaba a Dios. Su familia simbolizaba a la humanidad y los animales simbolizaban a toda la creación.

¿Cuál fue el propósito de los cuarenta días de juicio de Dios por el diluvio que tuvo lugar después de acabar el arca? Según los principios de la creación, el hombre fue hecho para servir a un solo señor. Dios no podía llevar Su providencia de forma contraria al Principio entrando en relación con la humanidad, mientras que el hombre permaneciera bajo la dominación de Satán a causa de su propio libertinaje.

Por consiguiente, Dios ejecutó la providencia del juicio por el diluvio para exterminar a los hombres sometidos a Satán y para establecer a los objetos mediante los cuales pudiera cumplir Su providencia. ¿Por qué decidió que Su juicio durara cuarenta días? Como se verá más adelante (ref. Parte II, Cap. III, Sec. II, 4), el número «diez» es el número de la unidad. Por consiguiente, Dios estableció a Noé diez generaciones después de Adán para restaurar por indemnización el ideal dejado sin cumplir a causa de la caída de Adán. Dios estableció el período de indemnización para restaurar el número «diez» como un segundo intento de unificación. A lo largo de las diez generaciones hasta Noé, Dios también siguió la providencia de establecer a cada generación como el período de indemnización para restaurar el número «cuatro», y así cumplir el propósito del fundamento de cuatro posiciones. Por lo tanto, el período que va de Adán a Noé fue el período de indemnización para restaurar el número «cuarenta». A causa del libertinaje de los hombres de aquella época, el período de indemnización del número «cuarenta» fue invadido por Satán. Para poder comenzar de nuevo Su providencia para realizar el fundamento de cuatro posiciones a través del arca de Noé, Dios se propuso restaurar el fundamento de fe estableciendo el período de cuarenta días de juicio como período de indemnización para restaurar el número «cuarenta» invadido por Satán.

De esta forma, el número «cuarenta» llegó a ser necesario como el número para separar al hombre de Satán, con el fin de restaurar más tarde el fundamento de fe, en el curso providencial de la restauración por indemnización. Por ejemplo, vemos muchos casos comparables a los cuarenta días de juicio de la época de Noé; el período de 400 años que va de Noé a Abraham; los cuatrocientos años de esclavitud de los israelitas en Egipto; los 40 años errando en el desierto; los 40 días de ayuno de Moisés; los 40 años de reinado de cada uno de los reyes Saúl, David y Salomón; los 40 días de ayuno de Elías; los 40 días de predicación por Jonás sobre la destrucción de Nínive; los 40 días de ayuno y oración de Jesús; y el período de 40 días después de su resurrección. Todos son períodos de indemnización para la separación de Satán.

Leemos también en la Biblia que después del juicio, Noé soltó por la ventana del arca un cuervo y una paloma. Estudiemos ahora qué clase de providencia para el futuro anunciaba Dios a través de esto, pues Dios dijo: «No, no hace nada el Señor Yahvéh sin revelar su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7). El período de cuarenta días de juicio como la condición de indemnización para restaurar el universo se corresponde al período del caos (Gn. 1:2). Por consiguiente, todas las cosas centradas en el arca después de los cuarenta días son la representación simbólica del curso entero de la historia que comienza después de que Dios terminara Su creación del cielo y de la tierra.

¿Qué quería predecir Dios cuando Noé echó por la ventana del arca un cuervo (Gn. 8:6-7) que voló alrededor hasta que las aguas bajaron? Esto indicaba que Satán estaba al acecho detrás de la puerta de la familia de Noé, incluso después del juicio del diluvio, buscando la condición que le permitiera invadirla, tal como el arcángel buscaba una oportunidad de ganar el amor de Eva poco después de la creación del hombre, y de la misma forma que Satán esperaba la ocasión favorable de invadir a Caín y Abel, cuando ofrecían los sacrificios (Gn. 4:7).

Entonces ¿qué quería predecir Dios cuando Noé soltó por tres veces una paloma por la ventana del arca? En la Biblia se dice que la paloma fue enviada para descubrir si el agua había bajado. Sin embargo, si éste hubiera sido el único fin, podemos pensar que Noé podría haber mirado directamente por la ventana para saberlo por sí mismo, en lugar de enviar una paloma. Por consiguiente, podemos figurarnos que el propósito del envío de la paloma se hallaba en algo más importante que el hecho de ver si el agua había bajado.

Debemos comprender el significado de la providencia de Dios en esta situación. El diluvio llegó siete días después de que Dios había anunciado por Noé el juicio del diluvio (Gn. 7:10). Después del período de 40 días de juicio, Noé envió por primera vez la paloma. La Biblia dice que la paloma salió y voló de un lado a otro por encima del agua pero que, al no encontrar ningún lugar donde posarse, volvió y Noé la hizo entrar en el arca (Gn. 8:9). La primera paloma simbolizaba al primer Adán. Por consiguiente, este relato significa que Dios creó al hombre sobre la tierra de forma que Su ideal de la creación, que estaba en El antes de crear, pudiese realizarse en Adán como la perfecta encarnación. Pero, por la caída de éste, Dios no pudo realizar Su ideal de la creación sobre la tierra mediante Adán, así Dios tuvo que retirar Su ideal de la tierra por aquel entonces y dejar esto para más tarde.

Siete días más tarde, Noé envió a la paloma por segunda vez. No pudo posarse entonces sobre la tierra porque las aguas no habían bajado. Volvió al arca con una rama de olivo en su pico, indicando que podría posarse la próxima vez (Gn. 8:10-11). La segunda paloma simbolizaba a Jesús, pues era el segundo Adán, que vendría como la perfecta encarnación del ideal de la creación. Por consiguiente, este segundo pasaje significa que Jesús vendría a la tierra para completar la providencia de la restauración. Pero en el caso de que el pueblo judío cayera en la incredulidad, Jesús volvería al seno de Dios por medio de la cruz, dejando la promesa de volver, ya que sin un lugar donde «posar sus pies» no podría realizar la voluntad sobre la tierra. Por supuesto, esta predicción indica que si las aguas se hubieran secado de modo que la paloma hubiera podido posarse en tierra y encontrar algo para comer, no habría tenido que regresar al arca, pero tuvo que hacerlo porque el agua aún no había bajado. De la misma forma, esto nos muestra que si el pueblo judío hubiera creído en Jesús y le hubiera servido, Jesús no habría tenido que morir, pudiendo entonces realizar el Reino de los Cielos sobre la tierra en aquel tiempo. Pero en el caso de que hubiese falta de fe, Jesús tendría que morir en la cruz, y volvería más tarde, en un momento más favorable.

Después de otro período de siete días, Noé envió a la paloma por tercera vez. Está escrito que esta vez la paloma no volvió al arca porque las aguas se habían secado (Gn. 8:12). La tercera paloma simbolizaba al Señor de la Segunda Llegada que vendrá como el tercer Adán. Por consiguiente, este pasaje nos muestra que, cuando Cristo vuelva será capaz de realizar indefectiblemente el ideal divino de la creación sobre la tierra, de forma que el ideal no tendrá que volver nunca más al seno de Dios. Cuando Noé vio que la tercera paloma no volvía, entonces descendió del arca a tierra y disfrutó del nuevo cielo y la nueva tierra. Esto nos anuncia que cuando el ideal de la creación sea realizado sobre la tierra por el tercer Adán, entonces la nueva Jerusalén descenderá del cielo y la morada de Dios estará con los hombres (Ap. 21:1-3).

El relato del envío de la paloma por tres veces nos muestra que, como ha sido aclarado en el capítulo sobre la predestinación, la providencia de Dios para la restauración podría ser prolongada en caso de que el hombre, quien es el objeto de la providencia, no pudiera cumplir su parte de responsabilidad. Esto predice que, como consecuencia del fracaso de Adán en el cumplimiento de su responsabilidad a causa de su incredulidad, tendría que venir Cristo como el segundo Adán, y que si el pueblo judío fracasaba en el cumplimiento de su responsabilidad a causa de su incredulidad, Jesús tendría que morir en la cruz y por lo tanto Cristo tendría que volver como el tercer Adán. El período de siete días nos muestra que, así como la creación de Dios duró siete días, hace falta también un cierto período de tiempo en la providencia para restaurar el elemento de tiempo perdido.

Al mismo tiempo, la familia de Noé pudo restaurar por indemnización el fundamento de fe, estableciendo de forma aceptable el arca, como la condición para restaurar el fundamento a través del juicio de cuarenta días.

2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA

Noé restauró por indemnización el fundamento de fe teniendo éxito en presentar de forma aceptable la ofrenda simbólica del arca a Dios. Haciendo esto, Noé estableció al mismo tiempo la condición de indemnización para la restauración de la creación y también la condición de indemnización para la restauración simbólica de los hombres. A continuación, si los hijos de Noé, Sem y Cam, hubieran tenido éxito en la ofrenda substancial estableciendo la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, en las respectivas posiciones de Caín y Abel, el fundamento de substancia podría haber sido establecido en aquel tiempo.

Para que la familia de Noé realizara de forma aceptable la ofrenda substancial, después del éxito en la ofrenda simbólica, el segundo hijo, Cam, que era la figura central en la ofrenda substancial, debería haber restaurado la posición del segundo hijo, Abel, que había sido la figura central en la ofrenda substancial de la familia de Adán. En el caso de la familia de Adán, Abel, el hijo, presentó la ofrenda simbólica en lugar de Adán. Por consiguiente, al tener éxito en esta ofrenda, Abel pudo restaurar por indemnización el fundamento de fe, mientras que al mismo tiempo se calificó para ser la figura central en la ofrenda substancial. Sin embargo, en el caso de la familia de Noé, el mismo Noé ofreció el sacrificio simbólico. Para que Cam pudiese colocarse en la posición de Abel, quien había tenido éxito en la ofrenda simbólica, debería haber permanecido en una posición de inseparable unidad con el corazón y los sentimientos de Noé, quien había tenido éxito en la ofrenda simbólica. Examinemos cómo llevó a cabo Dios Su providencia para que Cam pudiese situarse en esta posición.

Leemos (Gn. 9:20-26) que Cam, viendo a su padre Noé echado desnudo en la tienda, no sólo se sintió avergonzado, sino incluso sintió desagrado, y transmitió el mismo sentimiento a sus hermanos Sem y Jafet. Entonces ellos también se turbaron a causa de Cam por el mismo sentimiento y se avergonzaron de la desnudez de su padre; y en un esfuerzo por no ver aquella escena, volvieron sus caras y caminaron de espaldas para cubrir el cuerpo de su padre con un manto. Sin embargo, esto constituyó una falta tan grande que Noé maldijo a Cam, diciendo que su hijo Canaán sería esclavo de sus hermanos.

¿Por qué obró Dios en Su providencia de esta forma y por qué el sentimiento de vergüenza ante la desnudez de Noé fue un pecado tan grande? Para comprender esto, determinemos primeramente qué es el pecado. Satán no puede generar el poder de la existencia y de la acción a menos que encuentre un objeto con el que pueda formar una base recíproca que permita una relación mutua de dar y recibir. Por consiguiente, el pecado se crea cada vez que un ser establece una condición que permite a Satán invadirle y, por lo tanto, llegar a ser así un objeto con el cual Satán puede trabajar.

A continuación, debemos comprender por qué Dios probó a Cam a través de la desnudez de Noé. Ha sido ya aclarado que el arca simbolizaba al universo entero y que todos lo hecho ocurridos inmediatamente después de la ofrenda aceptable del arca, por los cuarenta días de juicio, simbolizaban todos los acontecimientos después de la creación del universo. En consecuencia, la posición de Noé después de los cuarenta días de juicio era idéntica a la de Adán después de la creación del universo.

Podemos imaginarnos fácilmente con qué libertad y afecto vivirían Adán y Eva el uno con el otro después de la creación, y qué francos y sin secretos estarían ante Dios. Podemos sacar esta conclusión del hecho de que no tenían el sentimiento de vergüenza, aunque estaban desnudos (Gn. 2:25). Después de la caída, se avergonzaron de la desnudez de sus partes bajas, las cubrieron con hojas de higuera y se escondieron de los ojos de Dios, temiendo que pudiera verles (Gn. 3:7). Por consiguiente, su actitud provocada por el sentimiento de vergüenza de sus partes bajas era una expresión de su estado de ánimo debido a su relación de sangre pecaminosa con Satán, que fue cometida con sus partes bajas. La acción de esconderse tapando sus partes bajas era la expresión de su conciencia culpable, que les impedía aparecer ante Dios después de su relación de sangre con Satán.

Noé, en la posición separada de Satán por el juicio de cuarenta días, estaba situado en la posición de Adán inmediatamente después de la creación del universo. En este caso, Dios quería restaurar por indemnización el corazón y el sentimiento de alegría, que El había experimentado viendo al hombre inocentemente desnudo y sin secretos antes de cometer el pecado, al contemplar que la familia de Noé no sintiera vergüenza ni tratara de ocultarse al ver la desnudez de su padre. Dios permitió que Noé se tendiera desnudo, con el fin de realizar este deseo tan profundo. Por consiguiente, Cam podría haber establecido la condición de indemnización para restaurar la posición de la familia de Adán antes de haber conocido la vergüenza a causa del primer pecado, sobre el fundamento de su inseparable unidad con Noé, relacionándose con él sin ninguna vergüenza; es decir, desde la misma posición y con el mismo corazón que Dios.

Sin embargo; los hijos de Noé se avergonzaron de la desnudez de su padre y lo cubrieron con un manto, mostrando así que no podían presentarse ante Dios porque tenían vergüenza de su relación de sangre con Satán, como sucedió en la familia de Adán después de la caída. Por consiguiente, Satán, que había estado acechando para ver si encontraba una condición que le permitiera invadir a la familia de Noé, como había sido anunciado por medio del cuervo, reclamó a los hijos de Noé como sus objetos, porque habían mostrado ser descendientes directos de él.

De esta forma, la actitud de Cam sintiéndose avergonzado de la desnudez de su padre llegó a ser un pecado, porque creó una condición que permitió a Satán reclamarlo. Por lo tanto, Cam fracasó en restaurar por indemnización la posición de Abel, en la cual debía ofrecer un sacrificio substancial, y fracasó en el establecimiento del fundamento de substancia. Así, la providencia de la restauración centrada en Noé acabó en un fracaso.

¿Sentir vergüenza de su desnudez sería un pecado para todo el mundo? No. Noé tenía la misión de eliminar todas las condiciones que permitieran la invasión de Satán, porque Noé estaba substituyendo a Adán. Por consiguiente, la familia de Noé debería haber establecido la condición de indemnización para restaurar la posición de la familia de Adán antes de la relación de sangre con Satán, demostrando que ellos no sentían vergüenza de la desnudez y por lo tanto que no se preocupaban de cubrirla. Consecuentemente, la condición de indemnización de mostrar que no sentían vergüenza de la desnudez, ni preocupación de cubrirla, era una condición que sólo podía establecer la familia de Noé, porque estaba en la posición de la familia de Adán.

3. LECCIONES APRENDIDAS DE LA FAMILIA DE NOE

No es fácil comprender por qué Noé construyó un arca sobre la montaña durante ciento veinte largos años. Cam sabía que la familia de Noé había sido salvada gracias al duro trabajo de su padre, trabajo por el cual recibió burlas y críticas. Considerando todas estas cosas, Cam debería haber visto las obras de su padre como buenas y llenas de significado, aunque le desagradase verlo desnudo.

En lugar de confiar en Noé, que estaba del lado de Dios, Cam lo criticó según su punto de vista personal y mostró su desagrado por su acción. Por consiguiente, la providencia centrada en la familia de Noé, que Dios había establecido mediante el juicio de los cuarenta días de diluvio, 1.600 años después de Adán, acabó en un fracaso. Esto nos muestra que necesitamos paciencia y obediencia para seguir el camino del cielo.

Aparte de esto, la providencia de Dios con la familia de Noé nos muestra Su actitud con respecto a la predestinación y el cumplimiento de la propia responsabilidad del hombre. Sabemos suficientemente bien que Dios había encontrado a la familia de Noé después de 1.600 años de búsqueda, la dirigió durante ciento veinte años hasta que Noé acabó el arca, y la protegió durante el sacrificio de toda la humanidad por los cuarenta días de diluvio. Sin embargo, cuando Satán invadió a la familia por la falta de Cam, Dios abandonó sin contemplaciones a la familia entera, que era el objeto de Su providencia de la restauración, y así, Su providencia centrada en la familia de Noé terminó en un fracaso.

Además, la providencia con la familia de Noé nos muestra cómo es la predestinación de Dios para el hombre. No debemos olvidar que a pesar de haber encontrado a Noé como padre de la fe al cabo de un período tan largo, Dios abandonó a la familia una vez que hubo fracasado en el cumplimiento de su parte de responsabilidad y en su lugar eligió a la familia de Abraham.

SECCION III
La Providencia de la Restauración Centrada en la Familia de Abraham

A causa del acto caído de Cam, la providencia de la restauración centrada en la familia de Noé no se realizó. Sin embargo, dado que Dios predestina de una forma absoluta la voluntad de realizar el propósito de la creación, llamó a Abraham sobre el fundamento del corazón que Noé había establecido por su lealtad, y comenzó de nuevo Su providencia de la restauración centrada en la familia de Abraham.

Por lo tanto, Abraham tenía que restaurar el fundamento para recibir al Mesías, que la familia de Noé había dejado incompleto, y debería recibir al Mesías sobre este fundamento. Por consiguiente, Abraham también tenía que restaurar por indemnización el fundamento de fe y, sobre éste, el fundamento de substancia.

1. EL FUNDAMENTO DE FE

(1) La figura central para restaurar el fundamento de fe

La figura central para restaurar el fundamento de fe en la providencia de la restauración centrada en la familia de Abraham era el mismo Abraham. Por ello, Abraham fue escogido como el personaje central para hacerse cargo de la voluntad de Dios y llevarla a cabo. Por consiguiente, si Abraham no restauraba por indemnización todas las condiciones invadidas por Satán a causa del acto pecaminoso de Cam, fracasaría en la misión de cumplir la voluntad de Dios centrada en Noé, pues había sido escogido para realizar el mismo curso.

La primera condición que Noé perdió en manos de Satán fue las diez generaciones desde Adán hasta Noé, así como los cuarenta días. Por lo tanto, Abraham debía restaurar por indemnización estas diez generaciones perdidas. Entonces, tenía que restaurar el número «cuarenta» del juicio, colocándose en la posición de cada una de las diez. El cálculo de 40 años para la restauración por indemnización de cada generación se originó a causa del fracaso de una generación (la de Noé), que debía ser restaurada a través de un período de cuarenta días. Más tarde, en el curso de Moisés los israelitas restauraron por indemnización el fracaso de los cuarenta días de exploración en Canaán por el período de cuarenta años errantes en el desierto (Num. 14:34). Dios escogió a Abraham en lugar de Noé después de un período de 400 años de indemnización y diez generaciones a partir de Noé. De esta forma, al acortarse la duración de la vida humana después de Noé, la época en la cual se habían restaurado diez generaciones en un período de 1.600 años pasó a ser la época en la cual las diez generaciones se podían restaurar en un período de 400 años.

La segunda condición de la que Noé se vio desposeído por Satán fue la posición del padre de la fe, así como la posición de Cam, que se hallaba en el lugar de Abel. Por consiguiente, Abraham no podía colocarse en la posición de Noé a menos que restaurase por indemnización la posición de Cam y la del padre de la fe. Para ello Abraham, sustituyendo a Noé, tenía que ofrecer un sacrificio simbólico con fe y lealtad, tal y como lo hizo Noé construyendo el arca.

Como se ha expuesto anteriormente, Dios tuvo también que dejar a Cam en manos de Satán; Cam estaba en la posición de Abel, a quien Dios amaba (los dos eran segundos hijos que desempeñaban el papel central en las ofrendas substanciales). Por lo tanto, Dios a su vez tuvo que tomar, conforme al principio de restauración por indemnización, a los que se hallaban en la posición de ser más amados por Satán. Por esto Dios llamó a Abraham, el primer hijo de Téraj, que era un fabricante de ídolos (Jos. 24:2-3).

Abraham era el personaje que representaba al Adán restaurado, porque era el sustituto de Noé y, naturalmente, del mismo Adán. Por lo tanto, Dios bendijo a Abraham diciéndole que sus descendientes se multiplicarían, que una gran nación nacería de él y que sería fuente de bendición, tal como Dios había bendecido anteriormente a Adán y a Noé (Gn. 12:2). Después de esta bendición, Abraham en obediencia al mandamiento de Dios, dejó la casa de su padre en Jarán y entró en Canaán con su mujer Sara, su sobrino Lot y todas las riquezas y personas que pudo tomar de su casa (Gn. 12:4-5). De esta forma, Dios estableció el curso de Abraham como el curso modelo que Jacob y Moisés seguirían más tarde; es decir, restaurar a su mujer, hijos y riquezas, llevando a Canaán todo lo que había arrebatado al mundo satánico (Jarán y Egipto) bajo circunstancias difíciles.

Esto anunciaba el curso futuro de Jesús: a saber, restaurar a todos los hombres y cosas tomadas del mundo satánico (ref. Parte II, Cap. II, Sec. I, 2), llevándolos al mundo de Dios.

(2) El objeto condicional para restaurar el fundamento de fe

(i) La ofrenda simbólica de Abraham

Dios mandó a Abraham que ofreciese en sacrificio una paloma, un carnero y una novilla, siendo todas estas cosas el objeto condicional para restaurar el fundamento de fe (Gn. 15:9). Así como Noé había demostrado fe antes de ofrecer el sacrificio simbólico del arca, Abraham también tuvo primeramente que probar su fe antes de ofrecer el sacrificio simbólico. La Biblia no contiene ningún relato preciso de cómo Noé probó su fe. Sin embargo, dice que era un hombre justo (Gn. 6: 9), y podemos imaginarnos que debió haber establecido ciertas condiciones de fe antes de ser suficientemente justo a los ojos de Dios, como para recibir el mandamiento divino de la construcción del arca. De hecho, la providencia de la restauración debe realizarse por medio de la fe; pues la fe y el que es justo por la fe, son reconocidos por Dios (Rm. 1:17). Examinemos ahora qué tipo de fe estableció Abraham antes de ofrecer su sacrificio simbólico.

Abraham tenía que restaurar la posición de Noé, el segundo progenitor de la humanidad. Debía igualmente situarse en la posición de Adán. Por consiguiente, antes de ofrecer el sacrificio simbólico tenía que establecer la condición simbólica de indemnización para la restauración de la posición de la familia de Adán.

El arcángel tomó a Eva cuando Adán y Eva estaban aún en la posición de hermanos en un estado de inmadurez, llevando a todas las cosas creadas, así como a sus propios hijos a estar bajo su dominio. Con el fin de que Abraham estableciese la condición para restaurar por indemnización la situación arriba mencionada, fue privado por el Faraón, que simbolizaba a Satán, de su esposa Sara, que estaba en la posición de hermana de Abraham. Entonces tuvo que tomar de nuevo a Sara, en la posición de su esposa, juntamente con Lot, simbolizando a toda la humanidad, y sus riquezas simbolizando el mundo de la creación (Gn. 14:16). El curso de Abraham fue por lo tanto, el curso que Jesús debería seguir más tarde. Una vez que Abraham estableció esta condición de indemnización, pudo ofrecer el sacrificio simbólico con la paloma, el carnero y la novilla.

¿Qué significa el sacrificio simbólico de Abraham? Para que Abraham llegara a ser el padre de la fe, tenía que restaurar por indemnización la posición de Noé, a quien Dios pensó establecer como el padre de la fe, así como la posición de la familia de Noé. Naturalmente, también tenía que situarse en la posición de Adán y su familia. Por lo tanto, tenía que ofrecer un objeto condicional como un símbolo que le permitiera restaurar por indemnización todas las cosas que estaban destinadas a ser restauradas en la familia de Adán, teniendo por centro las ofrendas de Caín y Abel. Además, tenía que ofrecer como sacrificios aceptables ante Dios, ciertas cosas simbólicas con el fin de restaurar por indemnización todas las cosas que deberían haber sido restauradas teniendo por centro el arca de la familia de Noé. Las ofrendas simbólicas de Abraham eran de esta naturaleza.

¿Qué simbolizaban entonces los sacrificios de Abraham, a saber, la paloma, el carnero y la novilla? Estas tres ofrendas simbolizaban al universo entero que fue creado para alcanzar la perfección, a través de tres etapas de crecimiento. Primeramente, la paloma simbolizaba la etapa de formación. Jesús vino como la perfección de la providencia en la etapa de formación que estaba representada por las palomas. Por esta razón, cuando Jesús fue bautizado por Juan Bautista en el Jordán, el Espíritu de Dios descendió como una paloma, que se posó sobre él (Mt. 3:16). Por otro lado, Jesús vino para restaurar el fallo de Abraham en su ofrenda. Naturalmente, tenía que estar en la posición de haber restaurado la paloma que fue invadida por Satán en aquel tiempo. Por consiguiente, Dios mostró por medio de la paloma que Jesús venía como la perfección de la providencia del Antiguo Testamento en la etapa de formación.

A continuación, la cabra o el carnero simbolizaban la etapa de crecimiento. Jesús vino para restaurar el fracaso de Abraham en la ofrenda. Sobre el fundamento de la providencia del Antiguo Testamento, habiendo restaurado todas las cosas simbolizadas por la paloma, tenía también que restaurar todas las cosas simbolizadas por la cabra o el carnero, como quien iba a comenzar la providencia del Nuevo Testamento en la etapa de crecimiento. Un día después de que Juan Bautista dio testimonio de que Jesús era la perfección de la providencia en la etapa de formación, simbolizada por la paloma, de nuevo dio testimonio de Jesús, como el que iba a comenzar su misión en la etapa de crecimiento. Cuando vio venir a Jesús hacia él, dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29).

La novilla simbolizaba la perfección. Leemos en Jueces 14:18 que ante la adivinanza puesta por Sansón, los filisteos pudieron responder haciendo que la mujer de Sansón le tentase y le presionase mucho para obtener la respuesta. Entonces Sansón les dijo: «Si no hubiérais arado con mi novilla, no habríais acertado mi adivinanza». De esta forma, Sansón llamó metafóricamente novilla a su mujer. Ya que Jesús vino como el novio para toda la humanidad, todos los santos hasta el tiempo de la Segunda Llegada, son cada uno como una «novia» de Jesús, el novio venidero. Sin embargo, después de las Bodas del Cordero, cuando todos los santos como novias, estén unidos con el Señor, vivirán en el Reino de Dios Celestial con Cristo como esposo, no siendo meramente novia sino esposa. Por consiguiente, debemos saber que la Era del Testamento Completo después de la Segunda Llegada del Señor es la era de la novilla, la era de la mujer. La novilla simboliza por lo tanto la perfección. Esto es por lo que muchas personas sensibles espiritualmente reciben la revelación de que estamos hoy día en la era de la vaca o de la novilla.

¿Qué restaura por indemnización estos tres tipos de ofrendas? Abraham, por medio de sus ofrendas simbólicas, tenía que establecer la condición simbólica de indemnización que le permitiera restaurar todas las cosas anteriormente dejadas en manos de Satán, a causa de los fracasos en la restauración por indemnización, por medio de los sacrificios simbólicos y las ofrendas substanciales de las familias de Adán y de Noé. Por ello, la ofrenda simbólica de Abraham tenía que restaurar de una vez horizontalmente, por medio de las tres clases de ofrendas, la condición simbólica de indemnización de la providencia vertical de las tres generaciones de Adán, Noé y Abraham.

Abraham ofreció sobre el altar los sacrificios de la paloma, el carnero y la novilla, que simbolizaban las tres etapas de formación, crecimiento y perfección, con el fin de cumplir de una vez y horizontalmente la providencia vertical que Dios proyectó restaurar por indemnización a través de las tres generaciones (desde el punto de vista de Su voluntad): Adán, simbolizando la formación, Noé, el crecimiento, y Abraham, la perfección. Por consiguiente, esta ofrenda representaba simbólicamente la voluntad de Dios de cumplir a la vez la providencia entera de la restauración, restaurando por indemnización todas las condiciones representadas por el número «tres», que habían sido invadidas por Satán.

Debemos saber de qué forma ofreció Abraham el sacrificio simbólico. Leemos (Gn. 15:10-13) que Abraham cortó las ofrendas en dos y puso cada mitad frente a la otra, pero no cortó las palomas en dos. Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres y Abraham las espantó. Dios se apareció a Abraham aquella tarde al ponerse el sol y le dijo:

«Has de saber que tus descendientes serán forasteros en una tierra extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años» (Gn. 15 :13).

Las aves de presa descendieron sobre los cadáveres debido a que Abraham no había cortado las palomas en dos. A causa de esto los israelitas sufrieron cuatrocientos años de esclavitud en Egipto.

¿Por qué fue un pecado tan grande no cortar las palomas? Esta cuestión ha permanecido hasta nuestros días sin solución y sólo puede ser aclarada por medio del Principio. Estudiemos primeramente la razón de cortar los sacrificios. El propósito de la providencia de la salvación es restaurar la soberanía del bien, separando el bien y el mal, destruyendo el mal y estableciendo el bien. Por ello, cuando Dios, después de haber separado a Adán en Caín y Abel, mandó que fueran ofrecidos sacrificios y cuando destruyó el mal para exaltar el bien por medio del juicio del diluvio en tiempos de Noé, lo hizo para restaurar la soberanía del bien. En consecuencia, Dios se propuso realizar los actos simbólicos de separación del bien y el mal, cosa que no logró llevar a cabo a través de Adán y Noé, haciendo ofrecer a Abraham los sacrificios cortados en dos.

El acto de cortar los sacrificios en dos era, primeramente, para restaurar la posición separada de Caín y Abel en la familia de Adán con el fin de separar a Adán, el origen del bien y del mal, en dos partes representando respectivamente el bien y el mal. En segundo lugar, era para restaurar la posición de Noé, habiendo separado el bien y el mal por el diluvio de cuarenta días. En tercer lugar, era para establecer la condición simbólica de separar el mundo de la soberanía del bien del mundo bajo el dominio de Satán. En cuarto lugar, este acto era para establecer la condición de santificación, eliminando la sangre de muerte que había venido por la relación ilícita de sangre.

¿Por qué era, entonces, un pecado tan grande no cortar el sacrificio en dos?

En primer lugar, fue análogo a no haber separado a Caín y a Abel; por lo tanto, no había un objeto del tipo Abel que Dios pudiese tomar. Por consiguiente, el sacrificio era inaceptable para Dios y el fracaso en el sacrificio de Caín y Abel no fue restaurado.

En segundo lugar, esto representó no haber separado el bien y el mal en tiempos del juicio del diluvio en la providencia de la restauración centrada en Noé; por lo tanto, no había un objeto de bondad que Dios pudiera tomar y con el cual pudiera llevar a cabo Su providencia. Por consiguiente, acabó en un fracaso de la misma forma que había fracasado el juicio del diluvio.

En tercer lugar, no se logró establecer la condición simbólica de separación del mundo de la soberanía del bien del mundo bajo el dominio de Satán, con el fin de que Dios pudiese tomar su mundo.

En cuarto lugar, el sacrificio no fue purificado porque la sangre de muerte no fue eliminada y este sacrificio no pudo constituir algo sagrado que Dios pudiese tomar y obrar con él en Su providencia. De esta forma, la ofrenda de los sacrificios sin haber cortado la paloma en dos era como ofrecer lo que pertenecía a Satán, y así, los sacrificios ofrecidos se hallaban en posesión de Satán.

Así pues, la paloma, que era la ofrenda que simbolizaba la etapa de formación, quedó en poder de Satán. El carnero y la novilla que simbolizaban el crecimiento y la perfección, que tenían que ser establecidos sobre el fundamento a nivel de formación, fueron entonces invadidos por Satán. Por esta razón, toda la ofrenda simbólica terminó bajo el poder de Satán y el pecado fue no haber cortado la paloma en dos.

Examinemos ahora el significado de las aves de presa que descendieron sobre la ofrenda simbólica (Gn. 15:11). Desde la caída de los primeros antepasados de la humanidad, Satán ha estado persiguiendo siempre a los que han abogado por la voluntad de Dios. Cuando Caín y Abel ofrecieron sacrificios, Satán estaba acechando a la puerta (Gn. 4:7); de la misma forma, en tiempos de Noé, el cuervo simbolizaba a Satán, que buscaba la ocasión favorable de invadir a su familia después del juicio (Gn. 8:7). Similarmente, en el tiempo de la ofrenda simbólica de Abraham, Satán, que había estado buscando la oportunidad de invadir la ofrenda, vio que la paloma no estaba cortada en dos, y la invadió. La Biblia representa simbólicamente este hecho describiendo cómo las aves de presa descendieron sobre la ofrenda.

¿Qué consecuencia trajo este fracaso en la ofrenda simbólica? El fracaso de Abraham en la ofrenda simbólica causó la anulación de todas las condiciones que tenían que ser restauradas por indemnización, por medio de la ofrenda simbólica. Por consiguiente, los descendientes de Abraham estuvieron sometidos a esclavitud durante 400 años en Egipto, el país del Faraón. Estudiemos ahora la razón de esto.

Dios había establecido un período de 400 años para la separación de Satán, con el fin de restaurar por indemnización el número «cuarenta» del juicio, así como las diez generaciones que habían sido invadidas por Satán a causa de la falta de Cam; sobre esta base, llamó a Abraham y le hizo ofrecer sacrificios simbólicos. El fallo de Abraham permitió a Satán reclamar la ofrenda; por ello, el período de 400 años desde Noé, período de indemnización para establecer a Abraham como el padre de la fe por medio de la ofrenda simbólica, fue igualmente invadido por Satán. Con el fin de restaurar por indemnización a la vez la posición de Abraham antes de su fracaso en la ofrenda simbólica y la posición de Noé cuando fue llamado para la construcción del arca, Dios tuvo que establecer de nuevo un período de 400 años para la separación de Satán. El período de 400 años de esclavitud de los israelitas en Egipto tenía como fin poner a Moisés sobre el fundamento de haber restaurado por indemnización a nivel nacional la posición de Noé o de Abraham al tiempo en el que estaban a punto de comenzar su misión como los padres de la fe. Este período de esclavitud fue el período de castigo por el fallo de Abraham en la ofrenda, así como el período para establecer el fundamento de la separación de Satán, para la nueva providencia de Dios.

Hemos explicado que Dios pensó realizar al mismo tiempo toda la providencia representada por la formación, el crecimiento y la perfección, tratando que Abraham ofreciera con éxito un sacrificio simbólico de tres clases de animales sobre un mismo altar. Cuando Abraham fracasó, la providencia de Dios fue prolongada hasta Isaac y Jacob, o sea tres generaciones.

(ii) La ofrenda de Isaac por Abraham

Después del fallo de Abraham en la ofrenda simbólica, Dios le ordenó que ofreciese a su único hijo Isaac en holocausto (Gn. 22:2), por lo que Dios comenzaba una nueva providencia para restaurar por indemnización el fracaso de la ofrenda simbólica de Abraham. Según la teoría de la predestinación del Principio, Dios no utiliza por segunda vez una persona que habiendo sido llamada para una cierta misión, fracasa en el cumplimiento de su propia parte de responsabilidad. ¿Cómo podía Dios, entonces, continuar Su providencia por medio de la ofrenda de Isaac, para restaurar el fracaso de Abraham en su ofrenda simbólica, pese a que su fracaso en la ofrenda simbólica anulaba la voluntad que debía ser establecida por la ofrenda?

Primeramente, en lo referente a la providencia de Dios para restaurar el fundamento para recibir al Mesías, la providencia centrada en la familia de Adán fue la primera, mientras que la providencia centrada en la familia de Noé fue la segunda, y la centrada en la familia de Abraham fue la tercera. El número «tres» es el número de la perfección (ref. Parte II, Cap. III, Sec. II, 4) y ya que la providencia por medio de Abraham era la tercera tentativa de restaurar el fundamento para recibir al Mesías, había una condición en el Principio que posibilitaba la realización de esta providencia. Por consiguiente, Abraham podía, simbólicamente, restaurar todos los objetos o condiciones perdidas a causa de su fracaso en la ofrenda simbólica, ofreciendo a su propio hijo como una ofrenda substancial, estableciendo así una condición de indemnización de mucho más valor que la condición precedente.

En segundo lugar, como se ha dicho ya, la posición de Abraham al ofrecer los sacrificios era la de Adán. En aquel tiempo, Satán invadió a dos generaciones sucesivas, a Adán y a su hijo Caín. Según el principio de la restauración por indemnización, el lado celestial podía llevar a cabo la providencia de tomar dos generaciones, Abraham y su hijo.

En tercer lugar, Adán no podía ofrecer los sacrificios directamente ante Dios, pero Noé pudo ofrecer directamente la ofrenda simbólica del arca, por hallarse sobre el fundamento del corazón de Abel, que había hecho posible el éxito en la ofrenda simbólica de la etapa de formación, estando en la posición de Adán. De esta forma, Abraham fue llamado a la vez sobre el fundamento de Abel, que había tenido éxito en la ofrenda simbólica de la etapa de formación, y sobre el fundamento de Noé, que había tenido éxito en la ofrenda simbólica de la etapa de crecimiento. Sobre este nivel, presentó la ofrenda simbólica de la etapa de perfección. Por consiguiente, aunque Abraham había fracasado, Dios podía hacerle ofrecer de nuevo el sacrificio, sobre la condición del fundamento histórico de corazón, puesto que Abel y Noé habían tenido éxito en la ofrenda simbólica.

Al tiempo de ofrecer a Isaac en sacrificio, Abraham había establecido la condición de fe para la ofrenda de Isaac, estableciendo la condición simbólica de indemnización para restaurar a la familia de Adán, tal y como lo había hecho en los tiempos de su ofrenda simbólica. Por lo tanto, Abraham planeó con su mujer Sara, hacerse pasar por hermanos. Después de haber sido privado de su mujer por Abimélek, rey de Guerar, la recuperó. Esta vez Abraham junto con su mujer tomó esclavos, que simbolizaban a la humanidad, así como riquezas que simbolizaban a todas las cosas (Gn. 20:1-16).

¿Cómo ofreció Abraham a Isaac en sacrificio? Cuando en obediencia al mandamiento de Dios con una fe absoluta, Abraham estaba a punto de sacrificar en holocausto a su único hijo Isaac, que había recibido como una bendición, Dios le mandó que no extendiese su mano sobre el muchacho y le dijo: «…ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios» (Gn. 22:12). El corazón de Abraham hacia la voluntad de Dios y su resolución de matar a su hijo, como resultado de su fe, obediencia y lealtad absolutas, lo colocaron en la misma posición como si hubiera matado a Isaac; por ello, pudo separar a Isaac de Satán. Por lo tanto, Dios ordenó a Abraham que no matase al niño, porque Isaac, estando separado de Satán, se encontraba ya en el lado del Cielo. Debemos saber que cuando Dios dijo «ahora ya sé», expresó la mezcla de su reproche por la falta de Abraham en la ofrenda simbólica y de la alegría por el éxito en la ofrenda de Isaac.

De esta forma, la providencia de Dios para la restauración centrada en la familia de Abraham, iba a realizarse a través de Isaac, por el éxito de Abraham en la ofrenda de éste.

Hubo un período de tres días antes de que Abraham ofreciese a su hijo en holocausto sobre el monte Moriah, así pudo comenzar un nuevo curso providencial separando a Isaac de Satán para llevarlo al lado celestial. Este período de tres días siguió siendo un período necesario para la separación de Satán antes de comenzar un nuevo curso providencial. Jacob pasó también un período de tres días de separación de Satán antes de comenzar el curso de la restauración de Canaán a nivel familiar llevando a su familia fuera de Jarán (Gn. 31:20-22). Moisés pasó igualmente un período de tres días de separación de Satán antes de comenzar el curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, sacando a la nación israelita fuera de Egipto (Ex. 8:27-29). Jesús pasó igualmente un período de tres días de separación de Satán en la tumba, antes de comenzar el curso de la restauración de Canaán a nivel mundial espiritualmente. Hay que señalar también que, cuando los israelitas regresaron a Canaán, centrados en Josué, el arca de la alianza que precedía al grueso de la tropa fue llevada durante un curso de tres días de separación de Satán (Num. 10:33).

(iii) La posición de Isaac desde el punto de vista de la voluntad, y su ofrenda simbólica

Hemos visto ya en detalle que, pese al fallo de Abraham en su ofrenda simbólica, quedaba todavía una condición según el Principio, que permitía establecer el fundamento para recibir al Mesías, teniendo como centro a Abraham. Sin embargo, como se ha aclarado en el capítulo sobre «La Predestinación», la situación era tal que Dios no podía repetir Su providencia centrada en Abraham, puesto que éste había fracasado en cumplir su propia parte de responsabilidad. Por consiguiente, Dios tenía que considerar a Abraham en la posición de no haber fallado, pese a su fracaso en la ofrenda simbólica. Tenía que considerar la providencia de la restauración, que había sido prolongada después de Abraham, como si no lo hubiera sido. Con este propósito, Dios mandó a Abraham ofrecer a Isaac en holocausto.

Dios prometió a Abraham que formaría Su nación escogida a través de Isaac, diciendo:

«… No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas». Y sacándole afuera le dijo: «Mira al cielo y cuenta las estrellas si puedes contarlas». Y le dijo: «Así será tu descendencia» (Gn. 15:45).

Así pues, Abraham, que había sido invadido por Satán a causa del fracaso en su ofrenda simbólica, mostró una gran lealtad estando dispuesto a matar por el mandamiento de Dios al hijo de la promesa, estableciendo así la misma condición que si se hubiera matado a sí mismo. Por lo tanto, el hecho de que Dios permitiera vivir a Isaac, significa que Abraham fue resucitado de su situación de muerte, separándose de Satán juntamente con Isaac. Por ello, Abraham pudo separarse de Satán, que lo había invadido como consecuencia del fallo en su ofrenda simbólica, teniendo éxito en su ofrenda de Isaac. Además, pudo situarse en una posición de completa unidad con Isaac, centrados en la voluntad de Dios.

De esta forma, Abraham e Isaac, que sobrevivieron a la muerte, aunque eran dos individuos, eran un solo ser centrado en la voluntad de Dios. Si Isaac tenía éxito en la providencia, aunque la providencia con Abraham fracasó y fue prolongada a Isaac, la victoria de Isaac podría igualmente ser el éxito del propio Abraham, que era un solo ser con Isaac. Por consiguiente, aunque la providencia fue prolongada de Abraham a Isaac, a causa del fallo de Abraham en su ofrenda simbólica, desde el punto de vista de la voluntad fue como si Abraham no hubiera fallado y la providencia no hubiera sido prolongada.

Nadie sabe con seguridad la edad de Isaac al tiempo de la ofrenda. Pero, según el hecho de que podía llevar la leña, que debía ser utilizada en el holocausto (Gn. 22:6) y que preguntó a su padre dónde estaba el cordero para la ofrenda (Gn. 22:7), Isaac parecía suficientemente mayor como para comprender lo que estaba sucediendo. Podemos también imaginar fácilmente que Isaac obedeció a su padre y cooperó con él en el momento del holocausto.

Si Isaac, que era suficientemente mayor como para comprender la situación, se hubiera resistido a la determinación de su padre de sacrificarlo, Dios no habría aceptado de ningún modo la ofrenda de Isaac. La lealtad de Abraham sumada a la de Isaac, que no era menor, ocasionó el éxito de la ofrenda de Isaac, haciendo posible la separación de Satán.

Por consiguiente, ambos, Abraham e Isaac, centrados en la ofrenda, sobrevivieron. Primeramente, Abraham pudo restaurar por indemnización su posición anterior a su fracaso en la ofrenda separándose de Satán, que le había invadido a causa de su fracaso en la ofrenda simbólica. Desde esta posición, pudo transmitir su misión providencial a Isaac. En segundo lugar, Isaac, que heredó la misión divina de su padre Abraham obedeciéndole en completa sumisión a la voluntad, pudo establecer así la condición de fe que le permitía ofrecer más tarde el sacrificio simbólico.

De esta forma, la voluntad divina fue transmitida de Abraham a Isaac, y Abraham ofreció un carnero en holocausto en lugar de Isaac, como está escrito:

«Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo» (Gn. 22 :13).

Esto constituyó la ofrenda simbólica que fue presentada para restaurar el fundamento de fe centrado en Isaac. Del hecho que Isaac llevaba el haz de leña para el holocausto, podemos sacar la conclusión de que cooperó con Abraham cuando éste ofreció el carnero en holocausto. Por consiguiente, aunque Abraham ofreció el carnero como la ofrenda simbólica, el resultado, desde el punto de vista de la voluntad de Dios, fue como si Isaac mismo hubiera ofrecido el sacrificio, porque había heredado la misión de su padre llegando a ser un solo ser con él. De esta forma, Isaac restauró por indemnización el fundamento de fe por su éxito en la ofrenda simbólica, en la posición de sustituto de Abraham, después de haber heredado su misión.

2. EL FUNDAMENTO DE SUBSTANCIA

Isaac como la figura central para restaurar el fundamento de fe en el lugar de Abraham, ofreció un sacrificio simbólico aceptable con el carnero y pudo establecer el fundamento de fe. Con el fin de establecer el fundamento para recibir al Mesías, centrado en Isaac, había que realizar el fundamento de substancia basado en la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Esto debía realizarse ofreciendo un sacrificio substancial con sus hijos Esaú y Jacob, en las posiciones de Caín y Abel.

Si Abraham no hubiera fracasado en la ofrenda simbólica, Isaac y su hermanastro Ismael, en las posiciones de Abel y Caín, habrían establecido la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, que había quedado sin realizar por Caín y Abel. A causa del fracaso de Abraham, Dios, poniendo a Isaac en la posición de Abraham, y a Esaú y Jacob en la posición de Ismael e Isaac, continuó Su providencia con el fin de hacerles establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Por consiguiente, Esaú y Jacob, centrados en Isaac, estaban en la posición de Caín y Abel, centrados en Adán, y al mismo tiempo, en la posición de Sem y Cam, centrados en Noé.

El hijo mayor de Isaac, Esaú, y el segundo hijo, Jacob, eran los símbolos respectivos de la primera ofrenda simbólica de Abraham, que fue invadida por Satán, y de su segunda ofrenda de Isaac, separada de Satán; representaban el mal y el bien, y tenían que ofrecer sacrificios substanciales en las posiciones respectivas de Caín y Abel. Esaú y Jacob lucharon incluso en el seno de su madre (Gn. 25:22-23), porque se hallaban en la situación conflictiva de Caín y Abel, que habían sido separados como representaciones respectivas del mal y del bien. Así, Dios amaba a Jacob y odiaba a Esaú desde que estaban en el seno de su madre (Rm. 9:11-13) porque representaban respectivamente el bien y el mal.

Con el fin de que Esaú y Jacob estableciesen la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída por medio de las ofrendas substanciales, Jacob tenía que establecer antes la condición para restaurar por indemnización la posición de Abel, que era la figura central para la ofrenda substancial.

Primeramente, Jacob tenía que establecer una condición victoriosa en su lucha para restaurar el derecho de primogenitura, en el nivel individual. Satán había ocupado el mundo de la creación de Dios en la posición del hijo mayor. Dios, en la posición del hijo menor había obrado en Su providencia para arrebatar al mayor el derecho de primogenitura. Por esto Dios «odiaba» al mayor y amaba al más joven (Mt. 1:2-3). Jacob, que había sido llamado estando en el vientre de su madre a la misión de restaurar la primogenitura del mayor, sabiamente tomó la primogenitura de su hermano mayor, Esaú, con un poco de pan y un potaje de lentejas (Gn. 25:34). Dios permitió que Isaac bendijese a Jacob porque él trató de restaurar el derecho de primogenitura, apreciando su valor (Gn. 27:27), mientras que no bendijo a Esaú, porque éste por el contrario le dio tan poco valor al derecho de primogenitura que lo vendió por un potaje de lentejas.

En segundo lugar, Jacob fue a Jarán, y allí, centrado en su familia y las riquezas, triunfó en su lucha para restaurar la primogenitura durante 21 años de penoso trabajo, y después volvió a Canaán.

En tercer lugar, Jacob restauró substancialmente el dominio sobre el ángel, venciéndolo en el vado de Yabboq en su camino de vuelta de Jarán a Canaán, la tierra prometida por Dios.

Jacob llegó a ser finalmente la figura central para la ofrenda substancial, restaurando por indemnización la posición de Abel.

De esta forma, Esaú y Jacob establecieron las posiciones que tenían Caín y Abel en el tiempo en que Dios aceptó la ofrenda de Abel. Por consiguiente, para establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, Esaú tenía que amar a Jacob, ponerlo como mediador y obedecerle en la posición de dejarse dominar por él, estando así en la posición de multiplicar el bien heredándolo de Jacob, que había recibido la bendición de Dios. De hecho, Esaú amó y acogió a Jacob cuando éste volvió a Canaán con su familia celestial y sus riquezas, después de haber terminado el duro trabajo de 21 años en Jarán (Gn. 33:4); por lo tanto, pudieron establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. De esta forma, pudieron restaurar por indemnización, lo que Caín y Abel en la familia de Adán, y Sem y Cam en la familia de Noé, no habían logrado realizar en la ofrenda substancial.

Así, gracias al éxito de Esaú y Jacob en la ofrenda substancial, el curso vertical de la historia, que desde la familia de Adán tenía como objetivo restaurar por indemnización el fundamento de substancia, fue por primera vez restaurado por indemnización sobre la base horizontal en la familia de Isaac en el curso providencial de la restauración centrado en Abraham.

La Biblia dice (Rm. 9:13) que Dios odiaba a Esaú cuando todavía estaba en el seno de su madre. Sin embargo, él pudo situarse en la posición de Caín restaurado, porque cumplió su propia parte de responsabilidad sometiéndose a Jacob, y finalmente recibió el amor de Dios. Debemos comprender que Dios odiaba a Esaú solamente porque estaba en la posición de Caín, que había estado en el lado de Satán en el curso providencial del establecimiento de las condiciones de indemnización.

3. EL FUNDAMENTO PARA RECIBIR AL MESIAS

El fundamento para recibir al Mesías que tenía que ser establecido en la familia de Adán, fue prolongado a través de tres eras hasta Abraham, porque las figuras centrales a cargo de la providencia de la restauración fracasaron en realizar sus parte de responsabilidad. Sin embargo, la voluntad de Dios fue prolongada hasta Isaac, a causa del fracaso en la ofrenda simbólica de Abraham, que estaba destinado a realizar la voluntad. El fundamento de fe y el fundamento de substancia fueron establecidos centrados en la familia de Isaac y, por primera vez, fue establecido el fundamento para recibir al Mesías. Por consiguiente, el Mesías debía venir en aquel tiempo.

Si consideramos las cosas centrados en el fundamento para recibir al Mesías, debemos primeramente conocer el contexto social necesario para el establecimiento de éste. Los hombres caídos deben establecer primeramente el fundamento para recibir al Mesías, con el fin de proveer la base para restaurar el mundo, centrado en Satán, convirtiéndolo en el reino centrado en el Mesías.

En la providencia de la restauración centrada en la familia de Adán y en la familia de Noé, no había otras familias que tuvieran la posibilidad de invadir a la familia representante de la voluntad divina. Por consiguiente, el Mesías habría venido sobre el fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, si este fundamento hubiera sido establecido en aquel tiempo. Sin embargo, en tiempos de Abraham había ya una nación centrada en Satán, formada por hombres caídos, en pugna con la familia de Abraham. El Mesías no podía venir directamente sobre el fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, aunque éste estuviera ya establecido. Ellos habrían recibido al Mesías solamente después de haber establecido el fundamento en el dominio del nivel nacional que pudiese competir con el mundo satánico.

Por consiguiente, aunque Abraham hubiera tenido éxito en ambas ofrendas, la ofrenda simbólica y la ofrenda substancial, haciendo posible en aquel tiempo el establecimiento del fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, el Mesías no podría haber venido, a no ser que sobre el fundamento establecido los descendientes de Abraham se hubieran multiplicado en el país de Canaán, formando así el fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías.

Sin embargo, Abraham fracasó en la ofrenda simbólica. Como castigo, los descendientes de Isaac, aunque ellos habían establecido el fundamento a nivel familiar para recibir al Mesías, tuvieron que dejar su patria y partir a una nación extranjera. Tenían que establecer el fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías una vez de vuelta en Canaán, después de 400 años de penalidades.

¿Quién tenía que comenzar el curso de indemnización de los descendientes de Abraham a causa de su fallo en la ofrenda simbólica? Era Jacob y no Isaac. La razón de esto era que, como se ha mostrado, la figura central que tenía que recorrer los cursos de indemnización debía ser del tipo Abel, es decir, el centro de la ofrenda substancial. Por consiguiente, Abel en la familia de Adán, Cam en la familia de Noé, Isaac en la familia de Abraham y Jacob en la familia de Isaac tenían que pasar por un curso de indemnización representando a sus respectivas familias.

Jacob en particular, tenía que recorrer el curso tradicional de separación de Satán, como el modelo que Jesús debería seguir más tarde, porque era la persona de tipo Abel, que se hallaba sobre el fundamento para recibir al Mesías (ref. Parte II, Cap. II, Sec. I). La familia de Jacob tenía que comenzar este curso de indemnización en la posición de la familia de Isaac porque debía llevar a cabo el propósito de la providencia de la restauración centrada en Abraham. Para esto, la familia de Jacob tenía que pagar por el pecado de Abraham mediante un curso de indemnización de 400 años. En la familia de Isaac, Jacob, en la posición de Abel, había seguido este curso de indemnización; por lo tanto, en la familia de Jacob, José, hijo de Raquel (mujer de Jacob del lado de Dios), tenía que establecer la posición de Abel yendo primeramente a Egipto y siguiendo allí el curso de indemnización.

Por esta razón, José fue vendido por sus hermanos y fue llevado a Egipto. Después de haber llegado a ser primer ministro de Egipto, a la edad de 30 años, se hizo realidad lo que el Cielo le había enseñado de niño en su sueño (Gn. 37:5-11) cuando los hermanastros de José, los otros hijos de Jacob del lado satánico, se sometieron a él. De esta forma, la familia de Jacob siguió el curso de entrada en Egipto empezando por los hijos y siguiendo más tarde los padres el mismo curso. De esta forma, la familia de Jacob empezó el curso de indemnización para recibir más adelante al Mesías a nivel nacional.

De esta manera, la providencia centrada en Isaac fue prolongada en el curso providencial centrado en Jacob. Jacob que cargó con el pecado de Abraham, empezó el curso de indemnización para llevar a cabo la voluntad de Isaac a nivel nacional. Por lo tanto, Abraham, Isaac y Jacob formaron un solo cuerpo, aunque eran diferentes individuos, así como Abraham e Isaac eran un solo cuerpo visto según el significado de la voluntad. Por consiguiente, la victoria de Jacob significaba la de Isaac, y la victoria de Isaac significaba la de Abraham; por ello, la providencia de la restauración centrada en Abraham, aunque fue prolongada hasta Isaac y después hasta Jacob, fue como si se hubiera realizado en una sola generación sin ninguna prolongación cuando lo consideramos según el significado de la voluntad divina. El pasaje de la Biblia, en el cual Dios dijo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Ex. 3:6), nos enseña que estos tres, aunque eran tres generaciones diferentes, son igual a una sola generación desde el punto de vista del significado de la voluntad divina, puesto que ellos son antepasados nuestros que cumplieron un propósito divino uniendo sus esfuerzos.

De hecho, Dios pensaba realizar la providencia de la restauración, primeramente, haciendo que la familia de Jacob sufriera 400 años de esclavitud en Egipto, el mundo satánico, escogiéndola después como la nación elegida y llevándola de vuelta a Canaán, como se lo había prometido a Abraham en Su bendición. Después, Dios tenía la intención de hacerles establecer el fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías, y finalmente enviaría al Mesías sobre este fundamento.

Por lo tanto, el fundamento para recibir al Mesías establecido por la familia de Isaac como centro, llegó a ser la base para empezar el curso de indemnización para el establecimiento del fundamento a nivel nacional para recibirlo. Por ello, el período de 2.000 años desde Adán hasta Abraham fue el período durante el cual se construyó la base para comenzar el establecimiento del fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías en la era siguiente.

Jacob, que se hizo cargo del curso de indemnización a causa del fallo de Abraham en la ofrenda simbólica, tuvo éxito en la lucha a nivel individual, tomando de Esaú el derecho de primogenitura, usando su sabiduría para la voluntad celestial, y de nuevo tuvo éxito en su lucha de 21 años para tomar la primogenitura a nivel familiar de su tío, Labán, que vivía en Jarán, el mundo satánico; en el camino de vuelta de Jarán a Canaán, Jacob venció en la lucha con el ángel y obtuvo el nombre de Israel, estableciendo la condición de indemnización para restaurar, como hombre caído, el dominio sobre el ángel por primera vez desde la caída de los primeros antepasados de la humanidad.

Por lo tanto, pudo establecer la base para la formación de la nación escogida.

Jacob volvió a Canaán siguiendo semejante curso, y después de esto estableció la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Entonces Jacob estableció con éxito el modelo para la subyugación de Satán. Moisés y Jesús, tenían que seguir este curso modelo, así como también los israelitas. Por consiguiente, la historia de la nación israelita es el relato de este curso modelo, en el cual subyugaron a Satán a nivel nacional. Esta es la razón por la cual la historia de la nación de Israel es el foco central de la historia providencial de la restauración.

4. LECCIONES APRENDIDAS EN EL CURSO DE ABRAHAM

La providencia de la restauración centrada en Abraham nos muestra en primer lugar cómo fue la predestinación de Dios de Su voluntad. La providencia de la restauración no puede ser realizada sólo por el poder de Dios, sino que debe ser realizada por la acción conjunta del hombre con Dios. Por esto, Dios no pudo realizar Su voluntad a través de Abraham, aunque lo había llamado para cumplir el propósito de la providencia de la restauración, porque Abraham fracasó en el cumplimiento de su propia parte de responsabilidad.

En segundo lugar, nos muestra cómo fue la predestinación de Dios al hombre. Dios había predestinado a Abraham para ser el padre de la fe, pero, cuando fracasó en el cumplimiento de su propia parte de responsabilidad, su misión fue transferida a Isaac y después a Jacob.

En tercer lugar, nos muestra que la providencia de la restauración debe ser prolongada necesariamente cuando el hombre falla en el cumplimiento de su propia parte de responsabilidad, y que al mismo tiempo, debe ser establecida una condición de indemnización más grande con el fin de restaurar el fallo. En el caso de Abraham, la voluntad debía ser realizada mediante sacrificios de animales; pero a causa de su falta hubo de ser realizada por la ofrenda en sacrificio de Isaac, su hijo amado.

En cuarto lugar, a través de la acción de cortar los sacrificios nos muestra que nosotros también debemos dividirnos como un sacrificio, representando el bien y el mal. La vida religiosa es la vida en la que uno se pone en la posición de sacrificio, y se ofrece a sí mismo como sacrificio aceptable para Dios, dividiéndose en dos, representando la separación del bien y del mal. Por ello, si no separamos el bien y el mal en nosotros mismos, centrados en la voluntad de Dios, se crea una condición para la invasión de Satán.


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