Capítulo II – La Providencia de la Restauración Centrada en Moisés y Jesús

Un pasaje de la Biblia dice: «No, no hace nada el Señor Yahvéh sin revelar su secreto a sus siervos los profetas» (Am. 3:7). Las Escrituras contienen innumerables secretos concernientes a la providencia de Dios de la salvación. Sin embargo, por desconocer el principio de la providencia de Dios, los hombres no han sido capaces de comprender el significado secreto de las palabras de la Biblia. Incluso un simple relato de la vida de un profeta en la Biblia no es meramente la historia de un hombre, sino que, de hecho, es una explicación del camino que deben tomar los hombres caídos. Vamos a estudiar ahora cómo reveló Dios el modelo del curso providencial de Jesús para la salvación de la humanidad, haciendo seguir a Jacob y Moisés el curso providencial de la restauración.

SECCION I
El Modelo para la Subyugación de Satán

En la providencia de la restauración centrada en la familia de Isaac, el curso entero de Jacob fue un modelo para el curso de Moisés así como para el definitivo curso substancial de Jesús. Este modelo fijó también el curso para los israelitas y para toda la humanidad, que habría de subyugar a Satán con el fin de realizar el propósito de la providencia de la restauración.

1. ¿POR QUE DIOS ESTABLECIO EL CURSO DE JACOB Y EL DE MOISES COMO EL MODELO PARA DEL CURSO DE JESUS?

El propósito de la providencia de la restauración será finalmente realizado cuando el hombre subyugue de una manera natural a Satán y lo domine por medio del cumplimiento de su propia parte de responsabilidad. Jesús vino con la misión de Mesías, como el perfecto progenitor humano, con el fin de abrir como pionero el curso final para la subyugación de Satán y permitir a todos los santos seguir este curso.

Satán, que no había obedecido ni se había sometido ni siquiera a Dios, de ninguna manera obedecería ni se sometería a Jesús como el progenitor humano, ni mucho menos a los santos. Por consiguiente, Dios, tomando la responsabilidad según el Principio por haber creado al hombre, estableció el curso simbólico para subyugar a Satán a través del modelo de Jacob.

Moisés pudo subyugar a Satán siguiendo el curso «imagen» según el modelo del curso de Jacob, porque Dios reveló a través de Jacob el curso modelo para subyugar a Satán. De la misma forma, Jesús podía subyugar a Satán siguiendo el curso «substancial», teniendo por modelo el curso de Moisés, pues Moisés había seguido el curso mostrado por Jacob. Todos los santos podían también subyugar y dominar a Satán siguiendo el mismo curso.

Cuando Moisés dijo que Dios suscitaría a un profeta semejante a él (Hch. 3:22), quería decir que Jesús tendría que seguir el curso providencial de la restauración de Canaán a nivel mundial, utilizando como modelo el curso de Moisés. La Biblia dice: «…el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo» (Jn. 5:19). El significado de este pasaje es que Jesús estaba siguiendo el mismo curso que Dios había revelado por medio de Moisés. Así Moisés llegó a ser el modelo para las futuras acciones de Jesús (Hch. 3:22).

2. EL CURSO DE MOISES Y EL CURSO DE JESUS SEGUN EL MODELO DEL CURSO DE JACOB

El curso que siguió Jacob le permitió subyugar a Satán. Este curso debe ser seguido invirtiendo el camino por el cual Satán dominó al hombre. Estudiemos ahora el curso que siguieron Moisés y Jesús tomando como modelo el curso de Jacob.

(1) Originalmente, el hombre debería haber guardado el mandamiento de Dios de no comer del fruto a riesgo de su vida. Al no lograr superar la tentación del arcángel, el hombre cayó. Para que Jacob completase la restauración de Canaán a nivel familiar, restaurando el fundamento para recibir al Mesías una vez que hubo vuelto a Canaán con su familia y riquezas, tenía que lograr la victoria en una prueba luchando contra Satán a riesgo de su vida. Para superar tal prueba, Jacob luchó con el ángel en el vado de Yabboq y al vencerlo recibió el nombre de Israel (Gn. 32:25-28). Dios probó a Jacob poniendo al ángel en la posición de Satán. El propósito no era causar sufrimiento a Jacob, sino instituirlo como el señor de la restauración a nivel familiar, haciéndole establecer la posición de Abel mediante su victoria en la lucha para restaurar el dominio sobre el ángel. El mundo angélico también tenía que ser restaurado a través de la acción del ángel al jugar el papel principal en la prueba.

En el caso de Moisés, para llegar a ser el señor de la restauración de Canaán a nivel nacional, volviendo a Canaán con los israelitas, tuvo que superar una prueba en la que Dios trató de matarle (Ex. 4:24). Si la prueba no hubiera sido puesta por Dios, sino por Satán, el hombre habría caído presa de Satán en el caso de ser derrotado. Por consiguiente, debemos saber que Dios mismo prueba al hombre por amor. Jesús también tuvo que vencer en la lucha con Satán a riesgo de su vida en las tentaciones de los 40 días de ayuno en el desierto (Mt. 4:1-11).

(2) Jacob tuvo que establecer la condición para eliminar la naturaleza caída, que apareció a causa de la invasión satánica de la carne y el espíritu del hombre. Por ello tuvo que restaurar la posición de Abel estableciendo la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, tomando de Esaú el derecho de primogenitura, pagándole con pan y un potaje de lentejas (Gn. 25:34) que simbolizaban la carne y el espíritu.

Con el mismo propósito, Dios proyectó, en el curso de Moisés, hacer establecer a los israelitas la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída alimentándolos con codornices y maná (Ex. 16:13) que simbolizaban la carne y el espíritu, y dándoles a través de esto un fuerte sentimiento de gratitud, así como una conciencia de ser los elegidos de Dios para que obedeciesen a Moisés.

Jesús dijo:

«vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; … En verdad, en verdad os digo: si no coméis de la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn. 6 :4-53).

Queriendo decir que él también seguía el mismo curso que el modelo establecido previamente por Jacob y Moisés. Esto quiere decir que los hombres caídos no pueden restaurar la naturaleza original de la creación, a menos que sirvan y asistan a Jesús como el Mesías, después de establecer la condición de indemnización a nivel mundial para eliminar la naturaleza caída, creyendo y obedeciendo a Jesús, quien estaba en la posición de Juan Bautista (ref. Parte II, Cap. II, Sec. III, 2 [1]).

(3) A causa de la caída, incluso el cuerpo del hombre después de muerto fue invadido por Satán. El cuerpo de Jacob, ya santificado por la bendición recibida por la victoria en su lucha con el ángel, fue embalsamado durante 40 días con el fin de establecer la condición para que su cuerpo estuviera también separado de Satán (Gn. 50:3). En el caso de Moisés, que siguió un curso según este modelo, hubo también una disputa sobre el emplazamiento de su cuerpo después de la muerte (Judas 9). Después de la muerte de Jesús, también hubieron problemas con relación a su cuerpo (Mt. 28:12-13).

(4) A causa de la caída de los primeros antepasados humanos, Satán invadió al hombre durante su período de crecimiento. Con el fin de restaurar esto por indemnización, Dios ha llevado a cabo Su providencia de restaurar el número que representa al período, como se explica en los ejemplos siguientes (ref. Parte II, Cap. III, Sec. II, 4); hubo el período de tres días de separación de Satán cuando Jacob volvió de Jarán al país de Canaán (Gn. 31:22); hubo igualmente un período semejante de tres días cuando Moisés volvió de Egipto a Canaán guiando a los israelitas (Ex. 5:3); de la misma forma, Josué pudo cruzar el Jordán después de un período de tres días (Jos. 3:2). Jesús también estuvo un período de tres días en la tumba (Lc. 18:33) para la separación de Satán, en su curso espiritual de la restauración de Canaán a nivel mundial.

Con el fin de restaurar horizontalmente por indemnización, en la generación de Jacob, las condiciones verticales de indemnización que abarcaban doce generaciones desde Noé hasta Jacob, que habían sido entregadas en manos de Satán, Jacob tuvo que tener doce hijos (Gn. 35:22). Por consiguiente, Moisés tuvo doce tribus (Ex. 24:4) y Jesús doce discípulos (Mt. 10:1).

Para establecer la condición de indemnización para la separación de Satán, quien había invadido el período de siete días de la creación, Jacob tuvo setenta miembros en su familia (Gn. 46:27), Moisés tuvo setenta ancianos (Ex. 24:1) y Jesús tuvo setenta discípulos, cada grupo desempeñando respectivamente un papel central en cada curso (Lc. 10:1).

(5) La vara, siendo una representación simbólica de la voluntad de castigar la injusticia, de mostrar el camino y de ser un apoyo, simbolizaba al Mesías venidero (ref. Parte II, Cap. II, Sec. II, 2 [2]). Por consiguiente, el hecho de que Jacob entrase en el país de Canaán atravesando el Jordán apoyándose en la vara, que tenía un significado tan profundo (Gn. 32:11), anunciaba que los hombres caídos entrarían en el mundo ideal de la creación atravesando el mundo pecaminoso castigando la injusticia, siguiendo el ejemplo del Mesías, siendo guiados por él y apoyándose en él. Moisés condujo a los israelitas a través del mar Rojo con su vara (Ex. 14:16), mientras que Jesús también tendría que guiar a la humanidad entera hacia el mundo ideal de la creación atravesando el turbulento mar de este mundo con una vara de hierro, la representación de él mismo (Ap. 2:27 y 12:5).

(6) El pecado de Eva fue la raíz de todos los pecados, y su pecado dio fruto cuando Caín mató a Abel. Según el principio de la restauración por indemnización, una madre y un hijo tienen que efectuar la separación de Satán en mutua cooperación, ya que Satán invadió al hombre a través de una madre y un hijo, produciendo así el fruto del pecado.

Por lo tanto, Jacob pudo separarse de Satán después de la bendición, porque su madre cooperó con él en forma positiva (Gn. 27: 43). Sin la cooperación de su madre, Moisés tampoco habría podido servir a la voluntad de Dios (Ex. 2:2). Jesús también recibió la cooperación de su madre, que buscó refugio en Egipto con su hijo escapando del rey Herodes, que quería matarlo (Mt. 2: 13).

(7) La figura central que tiene la responsabilidad de cumplir la voluntad de la providencia de la restauración debe seguir el curso de la restauración, pasando del mundo satánico al mundo celestial. Por consiguiente, Jacob siguió el curso de la restauración desde Jarán, el mundo satánico, hasta el país de Canaán (Gn. 31:17-21). Moisés siguió el curso de la restauración desde Egipto, el mundo satánico, hasta la tierra bendecida de Canaán (Ex. 3:8). Jesús tuvo también que refugiarse en Egipto, inmediatamente después de su nacimiento, y posteriormente volvió con el fin de seguir el mismo curso (Mt. 2:13).

(8) El propósito último de la providencia de la restauración es destruir a Satán. Por consiguiente. Jacob enterró los ídolos bajo una encina (Gn. 35:4), mientras que Moisés fundió el becerro de oro, lo trituró en polvo y lo esparció sobre el agua haciéndosela beber al pueblo de Israel (Ex. 32:20). Jesús también tenía que destruir este mundo pecaminoso, subyugando a Satán con sus palabras y su poder (ref. Parte I, Cap. III, Sec. III, 2 [2]).

SECCION II
La Providencia de la Restauración Centrada en Moisés

1. VISION GENERAL DE LA PROVIDENCIA DE LA RESTAURACION CENTRADA EN MOISES

La providencia de la restauración centrada en Moisés debía realizarse sobre el fundamento para recibir al Mesías, que había sido ya establecido en la providencia de la restauración centrada en Abraham. Sin embargo, Moisés no era una excepción al principio de la restauración en el sentido de que tenía que establecer el fundamento para recibir al Mesías, después de haber restaurado por indemnización el fundamento de fe y el fundamento de substancia. Ya que las figuras centrales a cargo de la providencia cambiaban, los nuevos personajes no podían cumplir la voluntad de la providencia de la restauración sin realizar su propia parte de responsabilidad. Además, la extensión de la providencia fue ampliada del nivel familiar al nivel nacional. Sin embargo, en la providencia de la restauración centrada en Moisés, como será mostrado a continuación, el contenido de la condición de indemnización para el establecimiento de este fundamento cambió bastante si lo comparamos con los precedentes.

(1) El fundamento de fe

(i) La figura central para restaurar el fundamento de fe

Moisés era la figura central para restaurar el fundamento de fe en el curso de regreso de los israelitas al país bendecido de Canaán, después de 400 años de esclavitud en Egipto que se originaron a causa del fracaso de Abraham en la ofrenda simbólica. Antes de saber cómo estableció Moisés el fundamento de fe, debemos saber en qué aspectos él era diferente de otros personajes, tales como Adán, Noé o Abraham, que habían intentado anteriormente restaurar el fundamento de fe.

Primeramente, debemos saber que Moisés estaba en la posición de Dios, sustituyendo a Dios mismo. Por esto Dios le dijo a Moisés que debía ser como Dios para Aarón, el profeta de los israelitas (Ex. 4:16). Naturalmente, Dios dijo a Moisés que haría de él un Dios ante el Faraón (Ex. 7:1).

En segundo lugar, Moisés era el modelo para Jesús, que habría de venir en el futuro. Como se ha mostrado antes, Dios hizo de Moisés un Dios ante Aarón y el Faraón. Sin embargo, puesto que Jesús es Dios en la carne, la expresión «Dios hizo de Moisés un Dios» significa que Dios le estableció para seguir el curso que Jesús debía seguir más tarde. De esta forma, Moisés era el modelo para abrir como pionero el camino de Jesús, de igual manera como Juan Bautista debía enderezar el camino del Señor (Jn. 1:23). Estudiemos ahora cómo siguió Moisés este curso.

Moisés, como un descendiente de Jacob, el cual había establecido el fundamento para recibir al Mesías, no era solamente el personaje central de la restauración, sino también era el que seguía figurativamente el curso modelo de Jacob, que Jesús tenía que seguir más tarde. Moisés estaba también sobre el fundamento establecido por José en el curso que siguió la familia de Jacob para entrar en Egipto.

José era otro modelo para Jesús. José era el hijo de Raquel, que era la mujer de Jacob del lado celestial y era el hermano menor de los hijos de Lía. José, en la posición de Abel, escapó por poco de la muerte cuando sus hermanos mayores, en la posición de Caín, conspiraron para matarle. Sin embargo, lo vendieron a un mercader. Fue a Egipto antes que todos. Llegó a ser el primer ministro del país a la edad de 30 años. Entonces sus hermanos y sus padres fueron a Egipto y se inclinaron ante él tal y como el cielo le había mostrado en su infancia (Gn. 37: 5-11). Sobre este fundamento en el curso providencial, comenzó el curso de esclavitud de los israelitas en Egipto para la separación de Satán. Este curso de José anunciaba que Jesús vendría más tarde al mundo satánico, y que después de llegar a ser Rey de Reyes a la edad de 30 años, a través del camino del sufrimiento, subyugaría a la humanidad entera, incluyendo a sus antepasados, y la separaría del mundo satánico, restaurando así a todos al lado celestial. Así, la vida entera de José era un modelo preciso para Jesús.

Por otra parte, el nacimiento, crecimiento y muerte de Moisés era también el modelo de lo que le iba a suceder a Jesús. En su nacimiento Moisés estuvo a punto de ser matado por el Faraón. Después de que su madre lo crió en secreto, vivió en el palacio del Faraón donde fue educado a salvo en medio de sus enemigos.

De manera similar, Jesús también estuvo a punto de ser asesinado por el rey Herodes. Después de que su madre lo llevó a Egipto y lo crió en secreto, volvió al dominio del rey Herodes y fue educado a salvo entre sus enemigos. Además, nadie conoció el paradero del cuerpo de Moisés después de su muerte (Dt. 34:6). Esto también era el modelo de lo que iba a ocurrir con el cuerpo de Jesús.

Además, el curso de Moisés de la restauración de Canaán a nivel nacional era el verdadero modelo del curso de la restauración de Canaán a nivel mundial, que Jesús iba a seguir más tarde. Podemos corroborar que Moisés era el modelo para Jesús por el pasaje bíblico que dice:

«Yo les suscitaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a ti… Si alguno no escucha mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas de ello» (Dt. 18:18-19).

También dice la Biblia (Jn. 5:19) que Jesús no puede hacer nada por sí mismo, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Esto significa que Dios ya había mostrado por medio de Moisés lo que debía hacer Jesús en el futuro.

(ii) El objeto condicional para restaurar el fundamento de fe

Moisés, como ya hemos visto, estaba en una posición diferente de aquellos otros personajes centrales que habían restaurado el fundamento de fe en el curso providencial antes que él. Moisés podía restaurar por indemnización el fundamento de fe, estableciendo simplemente el fundamento de cuarenta días de separación de Satán centrado en las palabras de Dios, incluso sin ofrecer el sacrificio simbólico, como lo habían hecho Abel, Noé o Abraham.

Primeramente, Moisés se situó sobre el fundamento de la consumación de la providencia por medio de ofrendas simbólicas, cumplida por el éxito obtenido en tres veces, en las ofrendas simbólicas de Abel, Noé e Isaac.

En segundo lugar, la ofrenda era el objeto condicional que fue dado en lugar de la palabra, porque los hombres caídos llegaron a estar incapacitados para recibir las palabras de Dios directamente. En tiempos de Moisés, la ofrenda simbólica para el fundamento de fe era innecesaria, porque el período providencial para el fundamento de la restauración (era pre-Abrahámica), en el cual el fundamento de fe se restauraba estableciendo la ofrenda como el objeto condicional, había pasado y había comenzado el período providencial de la restauración (Era del Antiguo Testamento), en el cual se podía recibir directamente la Palabra de Dios.

En tercer lugar, como la providencia centrada en la familia de Adán se había prolongado sin cesar, tenían que establecerse condiciones para restaurar por indemnización el período providencial que había sido prolongado debido a la invasión de Satán. Para que Noé estableciese el fundamento de fe por medio del arca, fue necesario el fundamento de cuarenta días de separación de Satán. Abraham, también, pudo ofrecer el sacrificio simbólico para establecer el fundamento de fe, sólo después de haberse colocado sobre el fundamento de cuarenta días de separación de Satán, restaurando por indemnización el período de 400 años. La nación israelita sufrió 400 años de esclavitud en Egipto para restaurar por indemnización el fundamento de fe invadido por Satán, debido al fallo de Abraham en la ofrenda, restaurando por indemnización el fundamento de cuarenta días de separación de Satán.

Así, en la era providencial de la restauración, el fundamento de fe podía ser restaurado si alguien se situaba, centrado en la Palabra de Dios en lugar de las ofrendas, sobre el fundamento de cuarenta días de separación de Satán.

(2) El fundamento de substancia

En la era providencial para el fundamento de la restauración, Dios obró en Su providencia de establecer el fundamento de substancia a nivel familiar. Mientras que Moisés, quien tenía que restaurar el fundamento de fe a nivel nacional, estaba en la posición de Jesús porque era el sustituto de Dios (Ex. 4:16 y 17:1). Por esta razón, Moisés estaba en la posición de un padre para la nación israelita y también en la posición de hijo de Jesús, como profeta con la misión de abrir el camino de éste. Por consiguiente podía también situarse en la posición de Abel, como personaje central para establecer el fundamento de substancia a nivel nacional.

Abel, al tener éxito en su ofrenda pudo establecer a la vez su propia posición para la ofrenda substancial y el fundamento de fe que Adán debería haber establecido, porque Abel ofreció los sacrificios desde la posición de un padre, en lugar de Adán. Según el mismo principio, Moisés, estando en la posición de ambos, padre e hijo al mismo tiempo, podía establecer la posición de Abel (quien tenía que ofrecer la ofrenda substancial) en la posición de hijo, cuando hubiera restaurado por indemnización el fundamento de fe desde la posición de padre.

De este modo, después de que Moisés hubiera establecido la posición de Abel, si los israelitas hubieran establecido la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída a nivel nacional desde la posición de Caín, por medio de Moisés, habría sido establecido el fundamento de substancia a nivel nacional.

(3) El fundamento para recibir al Mesías

Una vez que Moisés hubiera restaurado por indemnización el fundamento de fe a nivel nacional y los israelitas, centrados en Moisés, hubieran restaurado por indemnización el fundamento de substancia a nivel nacional, se habría establecido así el fundamento a nivel nacional para recibir al Mesías.

Si los israelitas, sobre este fundamento, hubiesen recibido al Mesías, eliminando el pecado original a través de renacer y restaurando la naturaleza original recibida en la creación al formar un solo cuerpo con Dios en corazón y sentimientos, habrían llegado a ser «individuos substanciales perfectos».

2. EL CURSO DE LA RESTAURACION DE CANAAN A NIVEL NACIONAL CENTRADO EN MOISES

El curso de Moisés de regreso a Canaán, la tierra de la promesa de Dios -sacando de Egipto, el mundo satánico, a la nación escogida de los israelitas con milagros y señales, guiándolos a través del mar Rojo y errando por el desierto, fue realmente una verdadera predicción del camino de Jesús. Jesús tenía que restaurar el Edén en la forma original de la creación, como Dios lo prometió, sacando a los cristianos, los segundos israelitas, del mundo pecaminoso con milagros y señales, guiándolos a través del turbulento mar del mundo pecaminoso y errando por el desierto sin el agua de la vida.

Así como el curso de la restauración de Canaán a nivel nacional centrado en Moisés tuvo que ser prolongado tres veces, debido a la incredulidad de los israelitas, de igual forma el curso de la restauración de Canaán a nivel mundial centrado en Jesús fue también prolongado tres veces, debido a la incredulidad del pueblo judío.

Evitemos las complicadas explicaciones y las comparaciones detalladas entre el curso de Moisés y el de Jesús. Esto quedará muy bien aclarado, comparando esta sección con la siguiente.

(1) El primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional

(i) El fundamento de fe

El período de indemnización a nivel nacional que había surgido debido al fallo de Abraham en la ofrenda simbólica, terminó cuando los israelitas sufrieron 400 años de esclavitud en Egipto. Entonces, para que Moisés llegase a ser el personaje central para restaurar el fundamento de fe, tenía que establecer el fundamento de 40 días de separación de Satán, indemnizando de nuevo a nivel individual los 400 años, que fue el período de indemnización a nivel nacional.

Con este fin, Moisés tuvo que pasar 40 años en el palacio del Faraón, el centro del mundo satánico, para restaurar por indemnización el número 40, que Adán, antes de la caída tenía que establecer como fundamento de fe (ref. Parte II, Cap. III, Sec. II, 4).

Moisés puso fin a sus 40 años de vida en el palacio del Faraón donde recibió la educación de su propia madre, contratada en el palacio como nodriza suya sin que nadie lo supiese. Esta educación fomentó su profunda conciencia de Israel como la elegida de Dios. Con una lealtad y fidelidad inmutables al linaje de la nación escogida, dejó el palacio, prefiriendo sufrir con el pueblo de Dios que disfrutar de los placeres pecaminosos y efímeros de la casa del Faraón (Hb. 11:24-25). De este modo, Moisés pudo restaurar por indemnización el fundamento de fe, al establecer el fundamento de 40 días de separación de Satán a través de sus 40 años de vida en el palacio del Faraón.

(ii) El fundamento de substancia

Moisés llegó a establecer la posición de Abel para la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, como hemos tratado anteriormente, al mismo tiempo que estableció el fundamento de fe.

Los israelitas, que estaban en la posición de Caín, deberían haber obedecido con fe y sumisión a Moisés, que estaba en la posición de Abel como padre suyo y al mismo tiempo como un hijo. Recibiendo de Moisés la voluntad de Dios, deberían haber multiplicado el bien. Entonces podrían haber restaurado por indemnización el fundamento de substancia a nivel nacional, estableciendo la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída. El período de tiempo que tardaran en salir de Egipto, siguiendo a Moisés, hasta llegar a Canaán sería el período en el cual los israelitas tenían que establecer el fundamento de substancia.

Dios comenzó «la providencia para la partida» con el acto de Moisés de matar a un egipcio. Moisés, viendo que sus hermanos eran maltratados por el egipcio, no pudo contener su ferviente amor hacia ellos y lo mató (Ex. 2:12). De hecho, ésta era la expresión del amargo dolor del corazón de Dios, cuando veía la miseria de Su pueblo (Ex. 3:7). Que los israelitas se unieran o no centrados en un líder como Moisés, decidiría si podrían o no comenzar con éxito el curso de restauración hacia Canaán, cruzando el desierto bajo el mando de Moisés.

La razón por la que Moisés, que había sido escogido por Dios, tuvo que matar al egipcio era que Satán había dado origen a la historia del mal de la humanidad desde la posición del hijo mayor, a través del acto del arcángel que causó la caída de los primeros antepasados humanos y a través de la muerte de Abel en manos de Caín. Por consiguiente, no se podría comenzar el curso de la restauración de Canaán, a no ser que el lado celestial pudiese establecer la condición de restauración por indemnización, hiriendo al lado satánico, que estaba en la posición del mayor. También fue para cortar los lazos de Moisés con el palacio del Faraón y ponerlo en una situación en la que no tuviera la posibilidad de volver allí, mientras que al mismo tiempo fue para que los israelitas confiasen en Moisés al mostrarles su patriotismo. Por la misma razón Dios hirió a todos los primogénitos de los egipcios y a los primerizos de sus ganados en el segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional.

Si los israelitas, al presenciar semejante acto de Moisés, se hubiesen conmovido profundamente por su patriotismo, con el mismo corazón que el de Dios, y si respetándole y confiando en él le hubieran servido y seguido con más ardor, podrían haber entrado en la tierra bendecida de Canaán, centrados en Moisés que les guiaría como Dios, a través del camino directo por el país de los filisteos sin tener que cruzar el mar Rojo, ni hacer un rodeo por el camino del desierto de Sinaí. Podrían haber establecido el fundamento de substancia en el acto. Habría sido un curso de 21 días que restauraría el curso de 21 años de Jacob en Jarán. Está escrito (Ex. 13:17):

«Cuando Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto; pues se dijo Dios: «No sea que, al verse atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a Egipto» ».

Por esto podemos comprender que Dios planeó conducir al pueblo, en el primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, a través del camino directo de los filisteos. Pero debido a la desconfianza de los israelitas en Moisés, fue anulado este curso incluso antes de que comenzase. En el segundo curso de restauración de Canaán al nivel nacional, Dios les condujo a través del mar Rojo y del desierto, para que no pudieran volver a Egipto si caían en la incredulidad cuando estuvieran en el camino de la restauración de Canaán.

(iii) El fracaso del primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional

Si los israelitas, que estaban en la posición de Caín, hubiesen entrado en la tierra de Canaán obedeciendo y sometiéndose a Moisés, que estaba en la posición de Abel, habrían hecho la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, y habrían establecido el fundamento de substancia. Sin embargo, cuando vieron que Moisés mató al egipcio, lo malinterpretaron y desgraciadamente difundieron el hecho. Oyendo esto el Faraón buscó a Moisés para matarlo (Ex. 2:15). Entonces Moisés se vio obligado a escapar del Faraón, y dejando a los israelitas, huyó al desierto de Madián. Naturalmente, el fundamento de substancia no fue establecido y el curso de restauración de los israelitas a Canaán, centrados en Moisés, fue prolongado una segunda vez y finalmente una tercera vez.

(2) El segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional

(i) El fundamento de fe

Debido al fracaso del primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, causado por la incredulidad de los israelitas, los 40 años de Moisés en el palacio del Faraón que él había establecido como su fundamento de fe, fue invadido por Satán. Por lo tanto, para que Moisés comenzase el segundo curso de restauración de Canaán a nivel nacional, tenía que establecer de nuevo el período de 40 años de su vida en el palacio del Faraón, que había sido anulado por la invasión satánica, y restaurar entonces el fundamento de fe. Esta es la razón de los 40 años de Moisés en el desierto de Madián, después de escapar del Faraón. Durante este período de 40 años la nación israelita también llevó una vida miserable debido a su incredulidad en Moisés.

Moisés estableció de nuevo el fundamento de 40 días de separación de Satán, por medio de sus 40 años en el desierto de Madián; así pudo restaurar el fundamento de fe para el segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional. Por esto, Dios se apareció ante Moisés y le dijo:

«Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado el clamor que le arrancan sus capataces; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios, y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perezeos, de los jiveos y de los yebuseos. Así, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel. de Egipto» (Ex. 3:7-10).

(ii) El fundamento de substancia

Los 40 años de Moisés en el desierto de Madián restablecieron el fundamento de cuarenta días de separación de Satán y restauraron el fundamento de fe. Al mismo tiempo, Moisés estableció la posición de Abel para la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída. Así, como en el caso del primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, los israelitas que estaban en la posición de Caín, deberían haber confiado absolutamente en Moisés, que estaba en la posición de Abel, y deberían haberlo seguido. Entonces habrían podido entrar en la tierra de Canaán, que manaba leche y miel, como Dios había dicho, y allí podrían haber hecho finalmente la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, y establecer el fundamento de substancia.

Con el mismo propósito por el cual Moisés mató al egipcio, Dios hizo que Moisés hiriese a los egipcios, dándole el poder de realizar tres grandes milagros y diez plagas, cuando estaba a punto de comenzar su segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional. Por medio de esto, Dios comenzó la providencia para la partida.

Las razones por las cuales Moisés tenía que herir a los del lado de Satán eran, como ha sido ya aclarado; primeramente, restaurar por indemnización la posición del hijo mayor, que había sido invadida por Satán; segundo, hacer que los israelitas cortasen sus lazos con Egipto; y tercero, hacer ver a los israelitas que Moisés era enviado por Dios (Ex. 4:1-9). Había aún otra razón por la cual Moisés pudo matar al egipcio. Era porque, a pesar del hecho de que los israelitas habían completado el período de indemnización de 400 años de esclavitud en Egipto, causado por el fallo de Abraham en su ofrenda simbólica como había dicho Dios, estuvieron sufriendo 30 años más de esclavitud (Ex. 12:41); oyendo sus lamentaciones, Dios se apiadó de ellos (Ex. 2:24-25).

¿Qué predecían los tres grandes milagros en el curso de la providencia de la restauración?

El primer milagro que Dios había ordenado y mostrado (Ex 4:3-9) era que, al mandato de Moisés, Aarón arrojó su vara ante el Faraón, y ésta se convirtió en una serpiente. Viendo esto el Faraón convocó a sus magos y les hizo arrojar sus varas que también se convirtieron en serpientes. Pero la serpiente de Aarón devoró a las suyas (Ex. 7:10-12).

¿Qué predecía el milagro? Esto nos muestra simbólicamente que Jesús vendría como el Salvador y destruiría el mundo satánico. La vara que realizó el milagro ante Moisés, que estaba en la posición del mismo Dios (Ex. 7:1), simbolizaba a Jesús con su autoridad y poder, que en el futuro realizaría un milagro semejante ante Dios. Al mismo tiempo, una vara tiene la misión de servir de apoyo, de protección y de justa guía castigando siempre la injusticia. También simbolizaba la misión de Jesús, porque anunciaba que vendría en el futuro a toda la humanidad con tal misión.

Además, el hecho de que la vara que simbolizaba a Jesús se convirtiese en serpiente nos muestra que Jesús también tenía que venir en el papel de serpiente. Por esta misma razón, Jesús se comparó a sí mismo con una serpiente, diciendo: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn. 3:14). Jesús dijo también a sus discípulos que fuesen «prudentes como serpientes» (Mt. 10:16). Con esto quería decir que los primeros antepasados humanos cayeron en el principio por la tentación de la serpiente mala; Jesús, para restaurar esto por indemnización, tenía que venir como una serpiente buena y con sabiduría, tentar y llevar a los hombres malos al bien. Por otro lado, el hecho de que la serpiente de Moisés devorase a las serpientes de los magos nos muestra simbólicamente que Jesús vendría como una serpiente celestial y que devoraría a la serpiente satánica y la destruiría.

El segundo milagro era que, por mandato de Dios, Moisés metió la mano en su seno y la sacó leprosa. Pero, al segundo mandato de Dios, metió de nuevo la mano en su seno y quedó curada (Ex. 4: 6-7). Este milagro nos mostraba simbólicamente que Jesús vendría en el futuro como el segundo Adán y, con el Espíritu Santo como la divinidad de la segunda Eva (ref. Parte I, Cap. VII, Sec. II, 1), realizaría la obra de redención. Cuando metió su mano por primera vez en su seno y se puso leprosa, representa que el arcángel llevó a Eva a su seno y los hombres cayeron en una posición sin posibilidad de salvación. El hecho de que cuando metió de nuevo la mano en su seno quedó curada representaba que Jesús vendría como padre espiritual de la humanidad, y restauraría al Espíritu Santo como madre espiritual (ref. Parte I, Cap. VII, Sec. IV, 1); entonces, así como una gallina recoge a sus polluelos bajo sus alas (Mt. 23:37), él restauraría a toda la humanidad completamente, recogiéndola en su seno y dándole renacimiento.

El tercer milagro era que Moisés tomó agua del Nilo y la derramó sobre la tierra seca y se convirtió en sangre (Ex. 4:9). Esto representaba simbólicamente que una cosa sin vida como el agua sería restaurada en una cosa con vida, como la sangre. El agua simbolizaba a la gente del mundo, que perdió su vida debido a la caída (Ap. 17:15). Esta señal nos mostraba que Jesús y el Espíritu Santo vendrían en el futuro y restaurarían a los hombres caídos privados de vida en hijos con vida.

Dios manifestó estos tres poderes para establecer la condición simbólica de indemnización que permitiera en el futuro a Jesús y al Espíritu Santo venir a los israelitas como los Padres Verdaderos de la humanidad, y restaurar a toda la humanidad como hijos suyos, restaurando así el fundamento original de cuatro posiciones arrebatado por Satán.

Cuando Moisés le pidió a Dios que alguien hablara por él (porque él no era elocuente) Dios le dio a Aarón, su hermano (Ex. 4:14), después a María la profetisa, su hermana (Ex. 15:20). Esto nos mostraba figurativamente (en imagen) que en el futuro vendrían Jesús y el Espíritu Santo, como la Palabra en substancia, y restaurarían a los hombres, privados de la Palabra debido a la caída, convirtiéndolos en la substancialización de la Palabra. Por ello, Aarón y María exaltaban la voluntad de Moisés que estaba en la posición de Dios, en el curso de la restauración de Canaán, y cumplirían la misión de conducir al pueblo en lugar de Moisés. Esto nos mostraba figurativamente que en el futuro, Jesús y el Espíritu Santo exaltarían la voluntad de Dios en el curso de la restauración de Canaán a nivel mundial y cumplirían la misión de la redención en lugar de Dios.

Cuando Moisés iba a presentarse ante el Faraón por mandato de Dios, Yahvéh (el Señor) se le apareció en el camino y trató de matarlo. En aquel momento, Moisés salvó su vida gracias a que Sefora, su mujer, circuncidó a su hijo (Ex. 4:24-26). Al haber superado Moisés la prueba por medio de la circuncisión, su familia sobrevivió y por ello los israelitas pudieron salir de Egipto. Esto también predecía que, aun cuando Jesús vendría en el futuro, la providencia de Dios para la salvación no se realizaría si los israelitas no pasaban por el proceso de la circuncisión.

Estudiemos entonces cuál es el significado de la circuncisión. Los primeros antepasados humanos, debido a la relación de sangre con Satán, recibieron la sangre de muerte a través del prepucio. Por consiguiente, los hombres caídos para restaurarse como hijos de Dios, comenzaron a circuncidarse como la condición que representaba quitar la sangre de muerte, derramando la sangre del prepucio como condición de indemnización. El significado fundamental de la circuncisión es, primeramente, la señal de derramar la sangre de muerte; en segundo lugar, la señal de la restauración del dominio masculino; y en tercer lugar, la señal de la promesa de restaurar la posición de los hijos de naturaleza original. Hay tres clases de circuncisión: la circuncisión de la mente (Dt. 10:16), la circuncisión de la carne (Gn. 17:10) y la circuncisión de todas las cosas (Lv. 19:23).

Luego, Dios salvó a los israelitas de la tierra de Egipto, realizando las señales de las diez plagas a través de Moisés (Ex. 7:10 y 12:36). Esto mostraba también que en el futuro vendría Jesús y salvaría al pueblo escogido de Dios por medio de milagros y señales. Cuando Jacob soportó un duro trabajo durante 21 años en Jarán, Labán engañó a Jacob diez veces negándole el debido salario (Gn. 31:7). Por consiguiente, en el curso de Moisés, que tenía que seguir el curso modelo de Jacob, vemos que el Faraón no solamente puso a los israelitas bajo una esclavitud mayor que la debida, sino que también los engañó diez veces no cumpliendo su promesa de liberarlos. Por lo tanto, como condición de indemnización, Dios pudo castigar al Faraón, afligiéndole con diez plagas. Estudiemos entonces qué predecían estas plagas.

Hubo tres días de obscuridad en el lado de Egipto, mientras que en el lado de Israel hubo tres días de luz, mostrando que en el futuro cuando viniese Jesús habría obscuridad en el lado de Satán, mientras que en lado celestial habría luz. Luego, Dios mató a todos los primogénitos de los egipcios, incluyendo las primicias del ganado, pero los israelitas pudieron salvarse de la plaga pintando con sangre de cordero las jambas de sus puertas. Dios hirió a los primogénitos para lograr que el segundo hijo, que estaba en la posición de Abel, restaurase la posición del primogénito, porque todo los primogénitos en el lado de Satán estaban en la posición de Caín. Esta plaga también predecía que en el futuro cuando viniese Jesús restauraría la posición original del primogénito, ocasionando así el declive del lado satánico, que tomó la iniciativa en el curso de la providencia, y logrando así la salvación del lado celestial debida a la redención por la sangre de Jesús. Moisés también sacó gran riqueza de Egipto (Ex. 12:35-36), y esto también predecía la restauración de todas las cosas, que Jesús debía realizar en el futuro.

Siempre que Dios mandaba una plaga, El endurecía el corazón del Faraón (Ex. 10:27). La primera razón era mostrar al pueblo que Dios era el Dios de los israelitas, a través de manifestar Su poder ante el Faraón y los israelitas (Ex. 10:1-2). La segunda razón era hacer que el Faraón dejase su apego por los israelitas, incluso después de que saliesen de Egipto. Dios quería que el Faraón, después de haber hecho su máximo esfuerzo para detener a los israelitas, se diese cuenta de su impotencia de impedirlo y finalmente los dejase marchar. Una tercera razón era ayudar a los israelitas a cortar sus lazos con Egipto causándoles un sentimiento de hostilidad hacia el Faraón.

En el primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, Dios llevó a cabo la «providencia para la partida» cuando Moisés mató al egipcio. Sin embargo, el pueblo desconfió de Moisés y este curso terminó en un fracaso, incluso antes de que comenzase. Pero la nación israelita, en el segundo curso, llegó a creer que Moisés era su verdadero líder enviado por Dios, cuando vieron las tres señales y las diez plagas que Dios les mostró como la «providencia para la partida». Los israelitas, confiaron en Moisés, que había establecido la posición de Abel sobre el fundamento de fe a nivel nacional, y lo siguieron, haciendo posible que comenzase su segundo curso de restauración de Canaán a nivel nacional.

El simple hecho de que los israelitas obedeciesen y se sometieran a Moisés temporalmente, no podía hacer que se estableciera la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Ya que el curso providencial del establecimiento de la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída había sido invadido por Satán y un largo período providencial cayó en manos de éste, los israelitas debían restaurar por indemnización un período equivalente en el nivel nacional. Por lo tanto los israelitas, que estaban en la posición de Caín con respecto a Moisés, no podrían establecer la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, a menos que creyesen y siguiesen a Moisés en completa obediencia a lo largo de todo el período de su viaje por el desierto. Así, el fundamento de substancia a nivel nacional no se podría realizar antes de que los israelitas recorriesen todo su curso en el desierto obedeciendo a Moisés hasta que entrasen en Canaán.

De esta forma la «providencia para la partida» en el segundo curso de la restauración de Canaán fue realizada con mayor gracia divina que en el primero. Pero, debido a su incredulidad, la condición de indemnización que tenían que establecer los israelitas en el segundo curso era adicionalmente más dura. En el primer curso, habrían sido conducidos directamente a través del país de los filisteos a la tierra bendecida de Canaán en 21 días, número que representa el período del curso de Jacob en Jarán. Sin embargo en su segundo curso, como está claramente descrito en la Biblia (Ex. 13:17), Dios estaba preocupado por la posibilidad de que el pueblo se volviese a Egipto si eran llevados a través de la tierra de los filisteos y que, por miedo a una posible guerra, cayeran así de nuevo en la incredulidad, como en el primer curso. Por esta razón, Dios no los llevó por este camino, sino que hizo que entrasen en Canaán después de cruzar el mar Rojo y atravesar el desierto, empleando en esto 21 meses.

De este modo, los israelitas centrados en Moisés comenzaron su curso de 21 meses a través del desierto. Como previamente lo hemos planteado, estudiemos de qué manera este curso era el curso modelo para la restauración de Canaán a nivel mundial centrado en Jesús, que habría de venir más tarde.

Cuando el Faraón, habiéndose rendido a Moisés, permitió que los israelitas ofreciesen el sacrificio, Moisés engañó al Faraón y obtuvo tres días de permiso diciendo:

«No puede ser así, porque el sacrificio que ofrecemos a Yahvéh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un sacrificio que para ellos es abominable? Iremos tres jornadas de camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahvéh, nuestro Dios, según El nos ordena» (Ex. 8:22-23)

Así sacó a los israelitas de Egipto.

Este período de tres días fue efectivamente el período que necesitó Abraham para la separación de Satán, antes de ofrecer el sacrificio de Isaac. A partir de entonces, éste se convirtió en el período de indemnización necesario para la separación de Satán, siempre y cuando alguien comenzaba un curso providencial. Incluso cuando Jacob estaba a punto de comenzar su período de la restauración de Canaán, salió de Jarán engañando a Labán y pasó el período de tres días de separación de Satán (Gn. 31:19-22). Del mismo modo, Moisés, antes de comenzar su curso de la restauración de Canaán, tuvo que pasar el período de tres días de separación de Satán, engañando al Faraón y teniendo así libre acción. Esto también nos mostraba que más tarde Jesús también tendría que pasar el período de tres días de resurrección para la separación de Satán, antes de que pudiese comenzar la providencia espiritual de la restauración. Así, salieron de Ramsés 600.000 israelitas (la mayoría jóvenes) el quince de Enero (Ex. 12:6-37, Num. 33:3).

Una vez que los israelitas hubieron llegado a Sukkot, estableciendo aceptablemente el período de tres días, Dios les favorecía y les conducía por medio de una columna de nube durante el día y una columna de fuego durante la noche (Ex. 13:21). La columna de nube (positividad) que conducía a los israelitas en el curso de Moisés representaba a Jesús, que conduciría más tarde a los israelitas a través del curso de la restauración de Canaán a nivel mundial. La columna de fuego por la noche (negatividad) simbolizaba al Espíritu Santo, que tenía que conducirles como un espíritu femenino.

Moisés, conforme al mandamiento de Dios, dividió el mar Rojo con su vara y lo cruzó como si fuera tierra firme, pero los carros egipcios que los perseguían se ahogaron todos en el agua (Ex. 14: 21-28). Como ya hemos visto, Moisés ante el Faraón simbolizaba a Dios (Ex. 7:1), y la vara en la mano de Moisés simbolizaba a Jesús, que tenía que manifestar el poder de Dios. Por consiguiente, esta señal nos muestra que más tarde, cuando viniese Jesús, Satán perseguiría a los creyentes que siguiesen a Jesús a través del curso de la restauración de Canaán a nivel mundial. Pero Jesús, viniendo con la misión de una vara, golpearía con la vara de hierro el amargo mar del mundo situado ante su pueblo (Ap. 2:27, Sal. 2:9). Entonces el amargo mar del mundo se convertiría en un camino llano ante los santos, y Satán perecería en persecución de los hombres. Como ya hemos tratado en el capítulo sobre los «Ultimos Días» en la Parte I, la vara de hierro quiere decir la Palabra de Dios. Además, en un pasaje bíblico (Ap. 17:15) este mundo pecaminoso es comparado con agua. Según este significado, también podemos llamar al mundo «el amargo mar».

El pueblo de Israel cruzó el mar Rojo y llegó al desierto de Sin, en el día quince del segundo mes desde que salieron de Egipto (Ex. 16:1). Dios alimentó al pueblo de Israel con maná y codornices hasta que llegaron a la tierra habitable (Ex. 16: 35). Esto nos muestra que más tarde Jesús alimentaría a los hombres, en el curso de la restauración de Canaán a nivel mundial, con su carne (maná) y su sangre (codornices), que eran los elementos de vida para los hombres. Por esta razón, la Biblia dice:

«Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron; … Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; … si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn. 6 :49-53).

Cuando el pueblo de Israel dejó el desierto de Sin y acampó en Refidim, Dios mandó a Moisés golpear la roca en Horeb, para que el agua brotase de ella y el pueblo bebiese (Ex. 17:6). También dice: «La roca era Cristo» (1 Cor. 10:4). Por ello, esto nos mostraba que más tarde vendría Jesús y haría vivir a los hombres con el manantial del agua viva (Jn. 4:14). Las dos tablas de piedra que más tarde recibió Moisés en el monte Sinaí simbolizaban a Jesús y al Espíritu Santo. Además, la roca, siendo la raíz de las tablas de piedra, simbolizaba también a Dios. Ya que Moisés golpeó la roca; es decir, la raíz de las tablas de piedra, para dar agua al pueblo de Israel a fin de que pudiese sobrevivir, Moisés podía recibir las tablas de piedra y podía construir el arca de la alianza y el tabernáculo.

Josué luchó con Amalec en Refidim, y siempre que Moisés tenía alzadas sus manos, Israel prevalecía. Cuando las bajaba, prevalecía Amalec. Entonces, Aarón y Jur cogieron una piedra y la pusieron bajo Moisés, y él se sentó sobre ella, y ellos aguantaban sus manos, uno en un lado y el otro en el otro lado; y Josué derrotó a Amalec y a su pueblo (Ex. 17:10-13). Esto también predecía lo que sucedería cuando viniese Jesús en el futuro. Josué era el símbolo de los creyentes en Jesús; Amalec era el mundo satánico; y Aarón y Jur simbolizaban a Jesús y al Espíritu Santo. El hecho de que Josué hiriese y derrotase a Amalec ante Aarón y Jur, que sostenían las manos de Moisés, predecía que los creyentes que sirviesen a la Trinidad de Dios, Jesús y el Espíritu Santo, podrían herir y destruir a Satán.

(iii) La providencia de la restauración centrada en el tabernáculo

Primeramente debemos aprender los detalles de cómo recibieron los israelitas las tablas, el tabernáculo y el arca. Después de haber triunfado en la lucha contra Amalec, llegaron al desierto del Sinaí al comienzo del tercer mes (Ex. 19:1). Luego, subió Moisés al monte Sinaí con setenta ancianos y se encontraron con Dios (Ex. 24:9-10). Llamó Dios a Moisés a la cima del monte Sinaí y Moisés ayunó durante 40 días y 40 noches, para poder recibir los Diez Mandamientos escritos en las tablas de piedra (Ex. 24:18). Mientras ayunaba en la montaña, recibió instrucciones de Dios acerca del arca y del tabernáculo (Ex. 25:31). Cuando hubo terminado el ayuno de 40 días, Moisés recibió de Dios las dos tablas de piedra en las cuales estaban escritos los Diez Mandamientos (Ex. 31:18).

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las tablas de piedra y fue al pueblo de Israel, ellos estaban adorando al becerro de oro que habían hecho construir a Aarón, como el dios que les sacó de Egipto (Ex. 32:4). Viendo esto, Moisés se encendió en cólera, y arrojó las tablas al suelo y las rompió a los pies de la montaña (Ex. 32:19). Dios se apareció de nuevo a Moisés y le dijo que labrase dos tablas de piedra como las primeras, para que El pudiera escribir en ellas los Diez Mandamientos que estaban en las primeras tablas que había roto (Ex. 34:1). Cuando Moisés terminó el ayuno de 40 días y 40 noches por segunda vez, conforme a las palabras de Dios, Dios le dio de nuevo los Diez Mandamientos escritos en las tablas (Ex. 34:28). Cuando Moisés apareció ante los israelitas con las tablas de piedra, el pueblo le sirvió; y entonces, ellos construyeron el arca y el tabernáculo (Ex. 35:10-12).

a) El significado y el propósito de las tablas, del tabernáculo y del arca de la alianza

¿Qué significan las tablas de piedra? El hecho de que Moisés recibiese las dos tablas de piedra con las palabras escritas en ellas, quiere decir que la era providencial para el fundamento de la restauración, en la cual los hombres debido a la caída se ponían en contacto con Dios sólo a través de ofrendas, había pasado; y que ahora habían entrado en la era providencial de la restauración, en la cual podían relacionarse con Dios a través de las palabras así restauradas. Como ha sido ya explicado en la «Introducción» de la Parte II, si Adán y Eva, que habían sido creados por la Palabra, se hubiesen perfeccionado, habrían llegado a ser la substancialización de la Palabra. Sin embargo, debido a la caída perdieron la Palabra. Entonces, el hecho de que Moisés recibiese las dos tablas de piedra con las palabras escritas en ellas durante el período de 40 días de separación de Satán, significa que Adán y Eva, durante tanto tiempo perdidos en el mundo satánico, se restauraban como la encarnación simbólica de la Palabra. Por consiguiente, las dos tablas de piedra con las palabras escritas en ellas eran los símbolos de Adán y Eva restaurados, simbolizando también a Jesús y al Espíritu Santo, que vendrían más tarde como la encarnación de la Palabra. Por la misma razón, la Biblia simboliza a Jesús con una piedra blanca (Ap. 2:17), y dice que la roca era Cristo (1 Cor. 10:4). Las dos tablas de piedra, representando a Jesús y al Espíritu Santo, también simbolizan el cielo y la tierra.

A continuación, ¿cuál es el significado del tabernáculo? Jesús comparó al templo de Jerusalén con su cuerpo (Jn. 2:21). Además, designó a los santos que creyesen en él «templos de Dios» (1 Cor. 3:16). Por consiguiente, el templo es la representación en imagen del mismo Jesús. Si los israelitas centrados en Moisés, hubieran tenido éxito en su primer curso de la restauración de Canaán, se habrían preparado para recibir al Mesías construyendo el templo, tan pronto como hubieran entrado en la tierra de Canaán. Sin embargo, debido a su infidelidad, ni siquiera comenzaron el primer curso. En su segundo curso, construyeron un tabernáculo en lugar del templo, porque tenían que vagar por el desierto, después de haber cruzado el mar Rojo. Por ello, el tabernáculo era la representación simbólica del mismo Jesús. Por esta razón, cuando ordenó Dios a Moisés que construyese el tabernáculo, dijo: «Me han de hacer un Santuario para que yo habite en medio de ellos» (Ex. 25:8).

El tabernáculo se componía de «el santo» y «el santísimo» (el santo de los santos). El santísimo era el lugar donde solamente podía entrar el sumo sacerdote una vez al año para ofrecer sacrificios. En él estaba el arca, y era el lugar donde Dios estaba presente. Por consiguiente, el santísimo simbolizaba al espíritu de Jesús. El santo era el lugar donde se entraba ordinariamente, y simbolizaba al cuerpo de Jesús. Por consiguiente, puede decirse también que el santísimo simbolizaba al mundo substancial invisible, mientras que el santo simboliza el mundo substancial visible. Cuando Jesús fue crucificado, el velo que separaba el santísimo del santo fue rasgado en dos de arriba abajo (Mt. 27:51), queriendo decir que por el cumplimiento de la providencia de la salvación espiritual por medio de la crucifixión de Jesús se abrió el camino de comunicación entre el espíritu y el cuerpo físico, y entre el cielo y la tierra.

Entonces, ¿qué era el arca? El arca simbolizaba la de la alianza de Dios, que tenía que estar guardada en el santísimo. En ella estaban las dos tablas de piedra, simbolizando a Jesús y al Espíritu Santo, y, naturalmente, al cielo y a la tierra. En el arca había maná, que había sido el alimento de vida para los israelitas en su curso en el desierto y que simbolizaba al cuerpo de Jesús. El maná estaba contenido en una urna de oro, que simbolizaba la gloria de Dios. También figuraba en ella la vara de Aarón que había florecido, la cual mostraba a los israelitas el poder de Dios (Hb. 9:4). A este respecto, el arca, considerada en general, era el cuerpo condensado del universo, mientras que por otro lado era el cuerpo condensado del tabernáculo.

El propiciatorio estaba encima del arca, y Dios dijo que tenían que hacer dos querubines de oro labrado que cubriesen los dos extremos del propiciatorio. Entonces, El se encontraría con ellos allí, entre los dos querubines, y les hablaría dándoles todos los mandamientos para el pueblo de Israel (Ex. 25:16-22). Esto nos muestra que, más tarde, cuando viniesen Jesús y el Espíritu Santo, representados por las tablas de piedra, y redimiesen a los hombres a través de cambiar sus corazones, Dios se aparecería en el propiciatorio; al mismo tiempo, el querubín que había bloqueado a Adán el camino que llevaba al Arbol de la Vida en el Jardín del Edén, se separaría en dos, uno a cada lado, a la derecha y a la izquierda, y todos disfrutarían de la oportunidad de acercarse a Jesús como Arbol de la Vida, y recibir las palabras de Dios.

¿Cuál fue, entonces, el propósito de Dios, al darles las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca? Los israelitas, después de haber terminado el período de 400 años de indemnización necesarios a causa del fallo de Abraham en la ofrenda simbólica, castigaron a los egipcios con las tres señales y las diez plagas; al dividir en dos las aguas del mar Rojo se ahogaron innumerables soldados y carros egipcios que iban en su persecución, y después se abrieron camino en el desierto. Los israelitas habían dejado Egipto con mucho resentimiento y hostilidad. Por lo tanto, los israelitas, que estaban en una situación que les obligaba a continuar su camino sin poder volver a Egipto, tenían que seguir el curso inevitable de la restauración a Canaán a toda costa. Por esto, Dios realizó muchos milagros y señales en la «providencia para la partida» e hizo cruzar a los israelitas el mar Rojo, poniéndoles así en una situación en la que no pudieran volver.

Sin embargo, los israelitas cayeron todos en la infidelidad. En último término, existía el peligro de que incluso Moisés pudiese actuar con infidelidad. Por ello, Dios tuvo que establecer un objeto de fe firme, que nunca cambiase, aunque el hombre lo hiciese. Es decir, siempre que hubiera un solo hombre con fe absoluta, Dios podría hacer que este hombre se hiciera cargo del servicio al objeto de fe, realizando así gradualmente la voluntad de Su providencia.

¿Qué era lo que debería el hombre establecer como objeto de fe? Era el tabernáculo, que simbolizaba al Mesías, conteniendo el arca con las tablas de piedra dentro. Por lo tanto, la construcción del tabernáculo significaba que el Mesías ya había venido simbólicamente.

Consecuentemente, si los israelitas centrados en Moisés, hubiesen exaltado el tabernáculo como al Mesías con profunda lealtad y así se hubiesen restaurado a la tierra bendecida de Canaán, se habría realizado en aquel tiempo el fundamento de substancia a nivel nacional. Si todos los israelitas hubieran caído en la infidelidad, aunque sólo Moisés hubiera permanecido al cuidado del tabernáculo, la nación podría establecer de nuevo la condición de indemnización y podría restaurarse sobre el fundamento centrado en Moisés, al servicio del tabernáculo. Además, aunque Moisés cayera en la infidelidad, si un solo hombre de Israel hubiera custodiado el tabernáculo hasta el final, en lugar de Moisés, Dios podía obrar de nuevo en Su providencia de restaurar toda la nación que había caído en infidelidad, centrándose en la única persona que quedase.

Si los israelitas no hubieran caído en la infidelidad en su primer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, la familia de Moisés podría haber desempeñando el papel del tabernáculo. Moisés podría haber sustituido a las tablas de piedra y al arca de la alianza, y la ley familiar de Moisés podría haber sido el sustituto de la ley celestial. Así, podrían haber entrado en la tierra de Canaán sin necesidad de las tablas de piedra, del arca ni del tabernáculo; y allí podrían haber construido el templo. Dios dio a los israelitas las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca para salvarlos una vez que cayeron en la infidelidad. El tabernáculo, que era la representación simbólica de Jesús y el Espíritu Santo, era lo que necesitaban hasta la construcción del templo. El templo, que era la representación en imagen de Jesús y el Espíritu Santo, era lo que necesitaban hasta la venida del Mesías, que venía a ser el templo substancial.

b) El fundamento para el tabernáculo

Así como el fundamento para recibir al Mesías debe ser realizado para poder recibirlo, el «fundamento para el tabernáculo» debe ser establecido para poder recibir al tabernáculo, que es el Mesías simbólico. Por consiguiente, no hay duda que tenían que establecer el fundamento de fe y el fundamento de substancia para el tabernáculo. Entonces ¿qué deberían haber hecho los israelitas, centrados en Moisés, para establecer estos dos fundamentos ?

Si Moisés establecía de manera aceptable el período de 40 días de separación de Satán por medio del ayuno y la oración, obedeciendo a las palabras de Dios para el tabernáculo, quedaría establecido el fundamento de fe para el tabernáculo; y la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída para el tabernáculo podía establecerse, si los israelitas obedecían en sumisión y fe a Moisés, que había realizado el ideal del tabernáculo. Por consiguiente, el fundamento de substancia para el tabernáculo quedaría también establecido. Aquí el tabernáculo se refiere al conjunto, incluyendo las tablas de piedras y el arca de la alianza.

El primer fundamento para el tabernáculo

El hombre es el ser substancial (encarnación) de la Palabra, creado en el sexto día (Jn. 1:3). Por lo tanto, con el fin de realizar la providencia de dar al hombre las Palabras de la recreación para la restauración del hombre caído, Dios tenía que santificar el número seis correspondiente al período de la creación invadido por Satán. Por esto, Dios santificó el monte Sinaí, cubriéndolo con nubes en la gloria de Yahvéh durante seis días. Apareciéndose en medio de las nubes al séptimo día, llamó a Moisés (Ex. 24:16). A partir de entonces, Moisés ayunó durante 40 días y 40 noches (Ex. 24:18). El motivo de ayuno fue que Dios quiso que Moisés estableciese el fundamento de fe para el tabernáculo, que era el Mesías simbólico, por medio del período de 40 días de separación de Satán; porque Dios vio que los israelitas habían caído otra vez en la infidelidad, después de haber cruzado el mar Rojo.

Como ya hemos visto, la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída en el curso de restauración a Canaán, no se cumpliría por la mera confianza y obediencia temporal de los israelitas en Moisés, sino permaneciendo en este estado hasta que ya en Canaán hubieran construido el templo y recibido al Mesías. De la misma forma, para el establecimiento de la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída en el fundamento de substancia para la construcción del tabernáculo, los israelitas deberían haber confiado, servido y obedecido a Moisés, hasta que acabase de erigirlo. Sin embargo, los israelitas cayeron en infidelidad mientras Moisés ayunaba y oraba. Hicieron que Aarón les construyese un becerro de oro y lo adoraron diciendo que era su dios, el que les había sacado de la tierra de Egipto (Ex. 32:4). De este modo, los israelitas fracasaron en establecer la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, que tenían que cumplir para recibir el tabernáculo, fracasando también en el establecimiento del fundamento de substancia para el tabernáculo.

Dios conducía a los israelitas con señales y milagros. Sin embargo, ni siquiera Dios podía intervenir en sus acciones durante el período en el cual el hombre mismo tenía que restaurar la Palabra por su propia parte de responsabilidad, porque fue el mismo hombre el que había perdido el fundamento de la Palabra. Moisés ardió en cólera al ver al pueblo bailando ante el ídolo, arrojó las dos tablas de piedra al pie del monte y las rompió (Ex. 32:19). Como consecuencia, Satán invadió el fundamento de fe para el tabernáculo que había establecido Moisés por medio del período de 40 días de separación de Satán. Las dos tablas de piedra, como ya aclaramos antes, simbolizaban al segundo Adán y la segunda Eva, Jesús y el Espíritu Santo. El hecho de que Moisés rompiese las dos tablas de piedra, símbolos de Jesús y del Espíritu Santo, a causa de la infidelidad de los israelitas, nos mostraba simbólicamente que más tarde, cuando Jesús viniese, Jesús y el Espíritu Santo podrían fracasar en realizar la misión original dada por Dios, siendo Jesús crucificado si el pueblo judío caía en la incredulidad.

La infidelidad de los israelitas frustró la providencia de Dios, que tenía el propósito de que estableciesen el fundamento para el tabernáculo. La providencia de Dios de establecer el fundamento para el tabernáculo fue prolongada una segunda y una tercera vez, a causa de la continua infidelidad de los israelitas.

El segundo fundamento para el tabernáculo

Todos los israelitas centrados en Moisés cayeron en la infidelidad a la providencia de Dios. Ya que estaban aún sobre el fundamento de haber bebido el agua de la roca en Refidim, que era la raíz de las tablas de piedra (Ex. 17:6), Dios pudo aparecerse de nuevo a Moisés después que hubo roto las tablas de piedra y le dijo que labrase dos tablas como las primeras para que El pudiera escribir en ellas las palabras escritas en las primeras tablas (Ex. 34:1). Pero Moisés no podía restaurar el tabernáculo centrado en las tablas de piedra, sin restaurar antes el fundamento de fe para el tabernáculo, estableciendo de nuevo el fundamento de 40 días de separación de Satán. Por lo tanto, Moisés pudo restaurar el ideal del tabernáculo y las segundas tablas de piedra con las Palabras de los Diez Mandamientos escritas en ellas, sólo después de los segundos 40 días y 40 noches de ayuno (Ex. 34:28). El hecho de que las tablas de piedra, una vez rotas, fuesen restauradas por el ayuno y oración durante 40 días y 40 noches, nos mostraba que Jesús, aunque fuera crucificado, podría volver de nuevo y comenzar la providencia de la salvación sobre este fundamento, siempre que los santos creyendo en él estableciesen la condición de indemnización para recibirle durante el fundamento de 40 días de separación de Satán.

Durante el período de los 40 días de separación de Satán, en el cual Moisés restauró por segunda vez el ideal del tabernáculo centrado en las tablas de piedra, los israelitas no sólo obedecieron y se sometieron a Moisés, sino que también construyeron el tabernáculo según la dirección de Dios y las instrucciones de Moisés; esto ocurrió el primer día del primer mes del segundo año (Ex. 40:17).

De este modo, el pueblo escogido de Israel erigió el tabernáculo sobre el fundamento que habían establecido realizando el fundamento de substancia para el tabernáculo, después de haber hecho la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída. Sin embargo, como previamente hemos estudiado, el fundamento de substancia en su segundo curso de restauración a Canaán a nivel nacional no fue establecido simplemente por erigir el tabernáculo. Deberían haber exaltado y honrado el tabernáculo con constante ardor hasta que entraran en Canaán, construyeran el templo y recibieran al Mesías.

En el día 20 del segundo mes del año segundo, los israelitas partieron del desierto de Sinaí, centrados en el tabernáculo, bajo la dirección de la columna de nube (Num. 10:11-12). Sin embargo, Dios incendió airado su campamento, porque el pueblo cayó otra vez en la infidelidad y profirió quejas en contra de Moisés (Num. 11:1). Los israelitas no tuvieron en cuenta la voluntad de Dios y continuaron teniendo resentimientos hacia Moisés, quejándose de que no tenían pescado ni frutos, excepto el maná, y que echaban de menos la tierra de Egipto (Num. 11:4-6). Por consiguiente, el fundamento para el tabernáculo fue invadido por Satán. La providencia de restaurar este fundamento tenía que ser prolongada una vez más.

El tercer fundamento para el tabernáculo

El segundo fundamento de fe para el tabernáculo fue invadido por Satán, porque el pueblo cayó de nuevo en la infidelidad. No obstante, debido a la fe y lealtad inmutables de Moisés, el tabernáculo se mantuvo firme sobre el fundamento de fe establecido por Moisés. Los israelitas se mantenían sobre el fundamento de haber bebido el agua de la roca en Refidim (Ex. 17:6); la roca era la raíz de las tablas de piedra, que eran el centro del tabernáculo. Entonces, sobre estos fundamentos, si los israelitas hubieran tenido éxito en el establecimiento del fundamento de los 40 días de separación de Satán y hubiesen obedecido en completa sumisión a Moisés, centrados en el tabernáculo, podrían haber restaurado por indemnización el fundamento para el tabernáculo, por tercera vez. Para ello, Dios les puso como condición el período de 40 días de exploración.

Dios envió a la tierra de Canaán a las doce personas que El había escogido, una de cada tribu israelita, como jefes de tribu (Num. 13:1), e hizo que explorasen la tierra durante 40 días (Num. 13:25). Sin embargo, al regresar, todos, excepto Josué y Caleb, presentaron informes desalentadores. Es decir, informaron que los israelitas no podían destruir ni a las ciudades ni a la gente de allí, diciendo que el pueblo que habitaba la tierra era poderoso y que las ciudades estaban fortificadas (Num. 13:28). Dijeron además que la tierra devoraba a sus habitantes y que todos los hombres que vieron en ella eran de gran estatura, al lado de los cuales parecían saltamontes (Num. 13:32-33). Los israelitas, oyendo este informe, murmuraron contra Moisés y lloraron lamentándose, diciendo que escogerían un capitán y volverían a Egipto.

No obstante, Josué y Caleb protestaron diciendo que no debían rebelarse contra el Señor, que debían atacar sin miedo al pueblo que habitaba la tierra. Proclamaron que el Señor estaba con los israelitas y que los cananeos serían su presa, ya que les había sido retirada toda protección (Num. 14:9). Pero la congregación trató de apedrear a Josué y a Caleb (Num. 14:10). Entonces la gloria del Señor se apareció a todo el pueblo, y el Señor dijo a Moisés:

«¿Hasta cuándo me va a despreciar este pueblo? ¿Hasta cuándo van a desconfiar de mí, con todas las señales que he hecho entre ellos?» (Num. 14:11).

De nuevo dijo:

«A vuestros pequeñuelos, de los que dijisteis que caerían en cautiverio, los introduciré, y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado. Vuestros cadáveres caerán en este desierto, y vuestros hijos serán nómadas cuarenta años en el desierto cargando con vuestra infidelidad, hasta que no falte uno sólo de vuestros cadáveres en el desierto. Según el número de los días que empleasteis en explorar el país, cuarenta días, cargaréis cuarenta años con vuestros pecados por el desierto a razón de un año por cada día. Así sabréis lo que es apartarse de mí» (Num. 14:31-34).

De este modo, el tercer fundamento para el tabernáculo no se pudo restaurar, y su segundo curso de 21 meses en el desierto fue prolongado en un tercer curso de 40 años en el desierto.

(iv) El fracaso del segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional

Debido a la falta de fe de los israelitas, el fundamento para el tabernáculo fue invadido por Satán por tercera vez. Por lo tanto, el establecimiento de la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, en el segundo curso de restauración de Canaán a nivel nacional, fue un fracaso. En consecuencia, fracasaron en el establecimiento del fundamento de substancia, que tenían que establecer por segunda vez; naturalmente el segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional fue un fracaso, y fue prolongado en el tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional.

(3) El tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional

(i) El fundamento de fe

Debido a la infidelidad de los israelitas, el segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional terminó en un fracaso. Por lo tanto, el período de 40 años en el desierto de Madián, que Moisés había establecido para restaurar el fundamento de fe en este curso, fue invadido de nuevo por Satán. Debido a que los israelitas fracasaron en establecer el período de 40 días de exploración con fe y obediencia, tuvieron que estar 40 años, calculado un año por día, errando en el desierto antes de volver a Cadés. Para Moisés, estos 40 años eran un período de separación de Satán que había invadido el fundamento de fe en el segundo curso y para restaurar por indemnización el fundamento de fe para el tercer curso. Moisés, que había cuidado y exaltado el tabernáculo con fe y lealtad absolutas durante el período de 40 años errantes por el desierto hasta su vuelta a Cadés, tuvo éxito en establecer el fundamento de fe para el tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional. Por lo tanto, fue establecida firmemente la posición de Abel para la ofrenda substancial a nivel nacional de este curso.

(ii) El fundamento de substancia

Debido al fracaso de los israelitas, por su infidelidad y rebelión, en establecer el curso de 40 días de exploración, el fundamento para el tabernáculo quedó invadido por Satán. Entonces, no se estableció el fundamento de substancia para el segundo curso. No obstante, el fundamento de fe para el tabernáculo establecido por Moisés, que lo había exaltado y cuidado con lealtad, permaneció intacto. Sobre esta base, si los israelitas hubieran establecido el fundamento de separación de Satán, que invadió los 40 días de exploración, obedeciendo a Moisés, que estuvo exaltando el tabernáculo con una fe inmutable durante el período de 40 años que erraron por el desierto, podrían haber establecido el fundamento de substancia para el tabernáculo y el fundamento para el tabernáculo en aquel tiempo. Si los israelitas, sobre este fundamento, hubieran entrado en Canaán honrando a Moisés centrados en el tabernáculo con fe y obediencia, el fundamento de substancia en el tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional habría sido establecido en aquel tiempo.

Para Moisés, el período de 40 años errantes en el desierto fue el período para el establecimiento del fundamento de fe en el tercer curso. Con respecto a los israelitas, éste fue el período para llevar a cabo la «providencia para la partida» en el tercer curso, restaurando su posición de obediencia a Moisés, el cual había erigido el tabernáculo en el segundo curso.

El fundamento de substancia centrado en Moisés

Ya fue aclarado previamente que los israelitas recibieron las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca, porque cayeron en la infidelidad en el desierto. Su falta de fe posibilitó a Satán invadir las tres grandes señales que Dios manifestó ante ellos como la «providencia para la partida», en su segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional. Por lo tanto, Dios les hizo pasar por un período de prueba de 40 días, para restaurar por indemnización su fracaso anterior, y les concedió entonces los tres grandes dones de las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca.

Dios ejecutó las diez plagas para restaurar por indemnización el hecho de que Labán había engañando a Jacob diez veces, cuando Jacob iba a volver de Jarán a la tierra de Canaán. Pero los israelitas cayeron de nuevo en la infidelidad, y Dios les dio los Diez Mandamientos para restaurar esto por indemnización. Por consiguiente, los israelitas habrían restaurado la posición de haber salido de Egipto con la ayuda de los tres grandes milagros y las diez plagas en su segundo curso, siempre y cuando hubieran guardado los Diez Mandamientos y los tres dones exaltando las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca. Las tablas de piedra eran un resumen del arca, y el arca era el resumen del tabernáculo; por lo tanto, las tablas de piedra eran un resumen del tabernáculo. Por consiguiente, el arca y el tabernáculo podían ser representados por las tablas de piedra o por la roca, su origen. Por ello, el tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional comenzaría saliendo de Cadés según la «providencia para la partida» centrada en la roca.

Entonces, ¿cómo pensaba Dios llevar a cabo la «providencia para la partida» centrada en la roca? Con el fin de dar vida a los israelitas, que habían caído en la infidelidad sin haber establecido aceptablemente el período de 40 años en el desierto (Num. 20:4-5), Dios hizo que Moisés golpease la roca con su vara ante la congregación de los israelitas, para hacer salir agua y darles de beber (Num. 20:8). Si Moisés hubiera golpeado una sola vez la roca sacando agua y dándosela a los israelitas, los habría dejado llenos de estupor ante el poder de Dios, hasta el punto de que todos se hubiesen unido centrados en su líder y podrían haberse situado sobre el fundamento para el tabernáculo, juntamente con Moisés; sobre este fundamento podrían haber llevado a cabo la «providencia para la partida» centrada en la roca. Si hubieran confiado y obedecido a Moisés a partir de entonces y hubieran entrado en Canaán bajo su mando, podrían haber establecido la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída, y entonces podrían haber establecido también el fundamento de substancia centrado en Moisés, para el tercer curso. Sin embargo, Moisés, al ver al pueblo murmurando con resentimiento en contra de él por no tener agua, se encolerizó de tal modo que golpeó la roca dos veces con su vara. Entonces dijo:

«Por no haber confiado en mí, honrándome ante los hijos de Israel, os aseguro que no guiareis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado» (Num. 20:12).

De este modo, Moisés fracasó en llevar a cabo la «providencia para la partida» centrada en la roca, por golpearla dos veces, cuando debería haberla golpeado simplemente una vez. Por lo tanto, ya no pudo entrar en el país bendecido de Canaán, la tierra prometida, aunque estaba a su vista (Num. 20:24, 27:12,14).

Ahora debemos comprender por qué Moisés tenía que haber golpeado la roca sólo una vez, y cómo golpearla dos veces supuso una falta tan grande. Jesús es simbolizado por una piedra blanca (Ap. 2:17); también se dice que la roca era Cristo (1 Cor. 10:4). Entre tanto, como se ha aclarado en el capítulo sobre la caída del hombre, Cristo vino como el Arbol de la Vida (Ap. 22:14). Naturalmente, la roca es también el Arbol de la Vida. Por otro lado, el Arbol de la Vida era el símbolo de Adán perfecto en el Jardín del Edén. Ya que el Arbol de la Vida está simbolizado por la roca, la roca es también el símbolo de Adán perfecto.

En el Jardín del Edén, Satán golpeó a Adán, quien más tarde tenía que llegar a ser la roca. Por esto, Adán no pudo alcanzar el Arbol de la Vida (Gn. 3:24). Por lo tanto, también fracasó en llegar a ser la roca que hubiera dado «el agua de vida» de Dios que beberían por siempre sus descendientes. Entonces, la roca, antes de que Moisés la golpease, de la que aún no había brotado agua, simbolizaba al Adán caído. Satán, al haber golpeado una vez a Adán y al haber causado su caída, hizo que Adán fuera «la roca incapaz de dar agua». Por ello, Dios planeó establecer la condición para restaurar por indemnización al Adán como «la roca capaz de dar agua», golpeando una vez la roca que representaba al Adán incapaz de dar agua y haciendo salir agua de ella. Por consiguiente, la roca después del primer golpe de Moisés para sacar agua, simbolizaba a Jesús que vendría y daría de beber el agua de vida a todos los hombres caídos. Por esto Jesús dijo:

«El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brote para vida eterna» (Jn. 4:14).

Dios permitió a Moisés golpear la roca sólo una vez, como condición para restaurar por indemnización al primer Adán de la caída en el segundo Adán de la perfección, Jesús. Pero el acto de Moisés de golpear la roca por segunda vez, llegó a ser el acto que representaba la posibilidad de golpear a Jesús, que vendría como la roca restaurada y daría de beber del agua de vida a toda la humanidad. De este modo, la falta de fe de los israelitas y la acción de Moisés golpeando airado dos veces la roca, estableció una condición que permitía a Satán atacar directamente a Jesús, la «roca en substancia», siempre y cuando los israelitas cayesen en la infidelidad en el tiempo de la venida de Jesús. Por esto, el acto de Moisés fue una falta.

El acto de Moisés de romper las tablas de piedra podía ser restaurado, pero su falta de golpear dos veces la roca no podía ser restaurada. Debemos estudiar la razón.

Desde el punto de vista de la providencia de la restauración, las tablas de piedra y la roca están en la relación de externa e interna. Las tablas de piedra con los Diez Mandamientos escritos en ellas, eran el centro de la ley de Moisés, y por ello el centro del Antiguo Testamento. Los israelitas de la Era del Antiguo Testamento podían entrar en la esfera de la salvación de esa era creyendo en el ideal de las tablas de piedra. En este sentido, las tablas de piedra eran la representación externa de Jesús, que vendría más tarde.

Según el pasaje «La roca era Cristo» (1 Cor. 10:4), la roca simboliza a Jesús, y al mismo tiempo constituye la raíz (origen) de las tablas de piedra. Por consiguiente, también simboliza a Dios, que es la raíz (origen) de Jesús, las tablas de piedra substanciales. En este sentido, las tablas de piedra son externas mientras que la roca es interna. Si comparamos las tablas de piedra con nuestro cuerpo, la roca corresponde a nuestra mente. Si comparamos las tablas de piedra con «el santo», la roca puede ser comparada con «el santísimo». Además, si comparamos las tablas de piedra con la tierra, la roca corresponde al cielo. Por lo tanto, la roca es la representación interna de Jesús y lleva consigo un valor mayor que el de las tablas de piedra.

Ya que las tablas de piedra son la representación externa de Jesús, también simbolizaban a Aarón, que fue establecido como la representación externa de Jesús ante Moisés, símbolo de Dios (Ex. 4:16, 7:1). Por otro lado, los israelitas hicieron que Aarón construya un becerro de oro (Ex. 32:4). De este modo, Aarón fue un fracaso, juntamente con las tablas de piedra. Sin embargo, Aarón pudo revivir por el arrepentimiento apoyándose en el fundamento de haber bebido el agua de vida de la roca en Refidim. Por consiguiente, las tablas de piedra, que simbolizan a Aarón, podían ser también restauradas estableciendo de nuevo la condición de indemnización sobre el fundamento interno del agua de vida de la roca. Sin embargo, la roca, que representa la raíz de las tablas de piedra, simboliza a Cristo y a Dios, que es su origen. Por esto, el acto de golpearla nunca podía repararse.

¿Qué clase de resultado originó el acto de Moisés de golpear la roca dos veces? El acto de Moisés de golpear por segunda vez la roca fue motivado por su impaciencia y enojo contra los israelitas por su infidelidad (Sal. 106:32-33). Moisés hizo esto desde el punto de vista de Satán. Por lo tanto, la «providencia para la partida», que Dios había proyectado llevar a cabo por medio de la roca, fue invadida por Satán.

De este modo, el acto externo de Moisés de haber golpeado la roca dos veces fue un acto de Satán, pero en la realidad interna, a los israelitas se les dio de beber del manantial de agua que brotó de la roca. Por ello, los israelitas externos que habían salido de Egipto no pudieron entrar en Canaán, como Dios les prometió, a excepción de Josué y Caleb. Moisés también murió a la edad de 120 años a la vista de la tierra de la esperanza y el deseo (Dt. 34:4-5). En lugar de Moisés (Num. 27:18-20), Josué entró en Canaán conduciendo a los israelitas internos que habían nacido en el curso del desierto, en donde habían bebido del agua de la roca y exaltado el tabernáculo (Num. 32:11-12).

Si el acto de Moisés de golpear dos veces la roca, tuvo como resultado la invasión de Satán, esta no podría haber dado agua. ¿Cómo pudo, entonces, dar agua la roca? En el segundo curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, Moisés ya había provisto la base por la cual se podía sacar agua de la roca, obedeciendo al mandamiento de Dios en Refidim al golpear la roca para sacar agua y dar de beber a los israelitas (Ex. 17:6). Las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca, que fueron establecidos sobre este fundamento fueron transmitidos al tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, a causa de la fe de un solo hombre, Moisés, que había guardado firmemente el mandamiento de Dios sobre el fundamento de fe para el tabernáculo que había establecido por medio del ayuno y oración durante 40 días, aun cuando todos los israelitas cayeron en la infidelidad. Más tarde, el mismo Moisés cayó en la infidelidad en su cólera contra el pueblo, pero su corazón hacia el cielo permaneció incambiable. Además, Josué guardó y exaltó las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca con fe inmutable sobre el fundamento para el tabernáculo, que había establecido por medio de sus 40 días de exploración de Canaán. Por ello, el fundamento del manantial de la roca establecido en Refidim, también permaneció intacto centrado en Josué.

De esta forma, aunque el acto externo de infidelidad de Moisés tuvo como resultado la invasión externa de la segunda roca por Satán, el agua brotó de la roca internamente para que bebiese el pueblo, debido a la base interna del corazón incambiable de Moisés y la fe y lealtad de Josué.

El acto de golpear dos veces la roca tuvo como resultado que Moisés tomara la posición de Satán. Por ello, Satán tomó posesión de la piedra. Por esta razón, Jesús, que vino como la piedra substancial, fue al desierto cuando el pueblo judío cayó en la infidelidad en su curso mundial de la restauración de Canaán, para encontrar y restaurar la piedra, que había sido perdida en el desierto. Por esto, primero sufrió la tentación de Satán diciéndole que convirtiese la piedra en pan.

Debido a los dos golpes que Moisés dio a la roca externamente encolerizado por la infidelidad de los israelitas, fue invadida su carne por Satán y murió en el desierto, pero internamente, pudo sacar agua de la roca y dar de beber al pueblo por su corazón incambiable. Esto le posibilitó entrar espiritualmente en Canaán y predecía que cuando Jesús, la roca substancial, viniese, cabría la posibilidad de que su carne fuese invadida por Satán y que fuese crucificado por causa de la incredulidad del pueblo, no pudiendo así realizar la restauración mundial de Canaán físicamente, y que la realizaría sólo espiritualmente.

Después de que Moisés hubo golpeado la roca dos veces, Dios envió serpientes de fuego a los israelitas que habían caído en la infidelidad, y las serpientes los mordían y los mataban (Num. 21:6). Cuando los israelitas se arrepintieron, Dios hizo construir a Moisés una serpiente de bronce y ponerla en un mástil, para que si una serpiente mordía a alguno, pudiese mirar a la serpiente de bronce y ser salvado (Num. 21:9). La serpiente de fuego simbolizaba a Satán, la serpiente antigua, que había causado la caída de Eva (Ap. 12:9), y la serpiente de bronce puesta en el mástil simbolizaba a Jesús, que vendría más tarde como la serpiente celestial (Jn. 3:14). Esto nos anunciaba que, así como Dios había dejado a los israelitas en manos de la serpiente satánica cuando cayeron en la infidelidad y los había llevado de nuevo a la vida cuando se arrepintieron y restauraron su fe, así también en el tiempo de Jesús sucederían cosas similares. Es decir, si el pueblo judío caía en la incredulidad, Dios tendría que dejarlo en manos de Satán; entonces Jesús se vería obligado a morir en la cruz, como la serpiente celestial, para que toda la humanidad pudiese vivir. Quienquiera que se arrepintiese de su incredulidad y creyese en la redención por medio de la cruz, se salvaría. Por esto dijo Jesús: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn. 3:14). De hecho, esto fue una causa remota de que Jesús comenzase su curso espiritual por medio de la cruz en el tercer curso mundial de la restauración de Canaán, centrado en Jesús.

Cuando Moisés golpeó la roca dos veces, Dios predijo que no podría entrar en la tierra de Canaán (Num. 20:12). Entonces, Moisés oró a Dios que le dejase entrar en Canaán (Dt. 3:25), pero finalmente murió con la tierra prometida ante sus ojos. Después de su muerte, fue enterrado en un valle de la tierra de Moab, pero hasta el presente ningún hombre conoce el lugar de su tumba (Dt. 34:6). Esto predecía que más tarde, Jesús también podría morir en la cruz si el pueblo judío caía en la incredulidad. Aunque orase con ardor a Dios, que el cáliz de la muerte pasara de él, para poder llevar a cabo la restauración mundial de Canaán, finalmente moriría sin realizar esta voluntad, y se desconocería el paradero de su cuerpo.

El fundamento de substancia centrado en Josué

A causa de que Moisés golpeó la roca dos veces, la voluntad de Dios de que los israelitas entrasen en Canaán siguiendo la «providencia para la partida» centrada en la roca, no fue llevada a cabo. Debido a los dos golpes de Moisés sobre la roca (Num. 20:1-13) Satán pudo invadir externamente, pero debido al fundamento de haber sacado agua de la roca en Refidim, Moisés pudo dar de beber internamente a los israelitas. Esto nos mostraba otro curso de la providencia de Dios. Es decir, aquellos que pertenecían a los «israelitas externos», que habían nacido en Egipto (el mundo satánico) y habían caído en la infidelidad, murieron todos en el desierto excepto Josué y Caleb, que habían establecido el período de 40 días de exploración con buena fe. Solamente entraron en Canaán, centrados en Josué en lugar de Moisés, los «israelitas internos» nacidos en el desierto cuando el pueblo bebió el agua de la roca y exaltó el tabernáculo (Num. 32: 12). Por ello, dijo Dios a Moisés:

«Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el espíritu, impónle tu mano y colócale delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la comunidad para darle órdenes en presencia de ellos y comunicarle parte de tu saber, con el fin de que le obedezca toda la comunidad de los hijos de Israel» (Num. 27:1-20).

Josué era uno de los dos que, al contrario de todos los israelitas que cayeron en la infidelidad durante el período de 40 días de exploración, se mantuvo firme sobre el fundamento de fe para el tabernáculo establecido por Moisés. De este modo, Josué pudo establecer el fundamento para el tabernáculo con fe y lealtad incambiables, exaltando el tabernáculo hasta el fin. Así, aunque Moisés había caído en la infidelidad, las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca, permanecían intactos sobre el fundamento establecido por Josué para el tabernáculo.

Entonces, Dios planeó llevar a cabo la «providencia para la partida» centrada en el agua de la roca, poniendo a Josué en el lugar de Moisés, y haciendo que los israelitas internos le obedecieran y se colocasen junto con él sobre el fundamento para el tabernáculo. De acuerdo con esta providencia, Dios pensaba hacer que el pueblo entrase en la tierra de Canaán, estableciese la condición de indemnización a nivel nacional para eliminar la naturaleza caída y realizase el fundamento de substancia centrado en Josué en el tercer curso.

Por consiguiente dijo Dios:

«El (Josué) pasará (a Canaán) al frente de este pueblo; él le pondrá en posesión de esa tierra que ves» (Dt. 3 :28).

Dijo luego Dios a Josué:

«… lo mismo que estuve con Moisés estaré contigo, no te dejaré ni te abandonaré. Se valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padres» (Jos. 1:5-6).

Cuando Moisés, de acuerdo con la voluntad de Dios, cumplió el período de 40 años en el desierto de Madián, se le apareció Dios y le mandó que llevase a los israelitas a la tierra de Canaán, la tierra que manaba leche y miel (Ex. 3:8-10). Del mismo modo, Dios llamó a Josué en lugar de Moisés y le dio un mandato diciendo:

«Moisés, mi siervo, ha muerto; ahora pues, levántate y pasa ese Jordán, tú con todo este pueblo, hacia la tierra que yo doy a los hijos de Israel» (Jos. 1:2).

Josué, en obediencia al mandamiento de Dios, llamó a los dignatarios del pueblo y les transmitió la voluntad de Dios (Jos. 1:10-11). Entonces ellos le respondieron diciendo:

«Todo lo que nos has mandado, lo haremos; dondequiera que nos envíes, iremos… Todo el que sea rebelde a tu voz y no obedezca tus órdenes, en cualquier cosa que le mandes, morirá. Tú, sé valiente y firme» (Jos. 1:1-18).

Por lo tanto, estaban determinados a seguir a Josué a riesgo de sus vidas. De este modo, Josué, que tenía la misión de suceder a Moisés, puede ser considerado como un símbolo del Señor de la Segunda Llegada, que viene a suceder y llevar a cabo la misión de Jesús. Por consiguiente, el curso de Josué, que tenía que restaurar por indemnización el curso de Moisés, es el curso que representa el camino del Señor de la Segunda Llegada, que tiene que restaurar por indemnización, espiritual y físicamente, el curso de la restauración espiritual seguido por Jesús.

Fueron doce los hombres que envió Moisés, en su segundo curso hacia Canaán, para explorar la tierra (Num. 13:1-2). De éstos, sólo dos realizaron su misión con lealtad incambiable. Sobre su fundamento de corazón, Josué envió a dos hombres a Jericó para explorar la ciudad (Jos. 2:1). Después de haber cumplido su misión los dos hombres informaron con fe diciendo, «Cierto que Yahvéh ha puesto en nuestras manos toda la tierra; todos los habitantes del país tiemblan ya ante nosotros» (Jos. 2:24). Entonces, todos los hijos de Israel nacidos en el desierto creyeron en las palabras de los espías. Por su fe pudieron indemnizar el pecado de sus antepasados, que no habían sido capaces de llevar a cabo su exploración de 40 días de acuerdo con la voluntad de Dios.

De este modo, los israelitas internos, habiendo prometido obedecer a Josué a riesgo de sus vidas, quien se hallaba sobre el fundamento para el tabernáculo, pudieron también estar sobre el mismo fundamento junto con Josué. Así, siguiendo el curso de la «providencia para la partida» que habían establecido centrados en el manantial de agua de la roca, restauraron la posición de sus antepasados, centrados en Moisés, que habían llevado a cabo la «providencia para la partida» por medio de los tres grandes milagros y las diez plagas en su segundo curso. Por lo tanto, así como los israelitas centrados en Moisés habían seguido el curso de tres días antes de cruzar el mar Rojo, los israelitas centrados en Josué siguieron también un curso de tres días antes de cruzar el Jordán (Jos. 3:2). Además, así como los israelitas después de su curso de tres días habían sido conducidos al mar Rojo por la columna de nubes y la columna de fuego, los israelitas centrados en Josué después de su curso de tres días también fueron conducidos al Jordán por el arca de la alianza (Jos. 3:3, 3:8), que simbolizaba a Jesús y al Espíritu Santo, representados por la columna de nubes y la columna de fuego.

Así como el mar Rojo había sido dividido por la vara, abriéndose un camino para Moisés y el pueblo, las aguas del Jordán desbordándose se separaron cuando los sacerdotes que llevaban el arca entraron en el río (Jos. 3:16), y todo Israel pasó el río sobre el lecho seco (Jos. 3:17). La vara era una representación del Jesús venidero. El arca de la alianza, conteniendo las dos tablas de piedra juntamente con el maná y la vara de Aarón, era la substancia que simbolizaba a Jesús y al Espíritu Santo. El hecho de que, ante la presencia del arca, las aguas del Jordán se separasen y que los israelitas se restauraran a la tierra de Canaán sin dificultad, anunciaba que más tarde ante la presencia de Jesús y del Espíritu Santo, el mundo pecaminoso, simbolizado por las aguas (Ap. 17:15), sería separado por el juicio y que todos los santos cumplirían la restauración mundial de Canaán.

Entonces, ordenó Dios a Josué diciendo:

«Escoged doce hombres del pueblo, un hombre por cada tribu, y dadles esta orden: Sacad de aquí, del medio del Jordán, doce piedras, que pasaréis con vosotros y depositaréis en el lugar donde paséis la noche» (Jos. 4:2-3).

«El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Guilgal al oriente de Jericó. Las doce piedras que habían sacado del Jordán las erigió Josué en Guilgal» (Jos. 4:1-20).

¿Qué anunciaba esto? Como ya hemos visto, la piedra simbolizaba al Jesús venidero. Por lo tanto, el hecho de que los doce hombres que representaban las doce tribus, honrasen a las doce piedras tomadas del medio del Jordán, donde las aguas fueron separadas por el arca, mostraba que los doce discípulos de Jesús, elegidos como representantes de las doce tribus, deberían honrar a Jesús en medio de un mundo de pecado separado en el bien y el mal, de acuerdo con las palabras de Jesús.

Después de haber tomado las doce piedras y haberlas puesto en el campo, en la tierra de Canaán, Josué dijo:

«… para que todos los pueblos de la tierra reconozcan que la mano de Yahvéh es fuerte, y para que vosotros temáis siempre a Yahvéh vuestro Dios» (Jos. 4:24).

Esto anunciaba que sólo cuando más tarde los doce discípulos de Jesús llegasen a ser uno, en unidad total de mente y voluntad, la restauración del mundo sería efectuada y la omnipotencia de Dios sería alabada por toda la eternidad.

Así como Jacob había erigido un altar de piedra en cada lugar que estuvo, los representantes de las doce tribus, que eran descendientes de los doce hijos de Jacob, erigieron también el altar de oración para alabar a Dios reuniendo las doce piedras, mostrando que después sería erigido un templo de manera similar. Esto nos muestra verdaderamente que los doce discípulos de Jesús debían honrarle y servirle, como el templo, uniendo todo su ardor. Más tarde, cuando sus discípulos fracasaron en unirse, dijo Jesús: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré» (Jn. 2:19). De hecho, los doce discípulos fracasaron en unirse en armonía; la traición de Judas Iscariote causó la destrucción de Jesús, el Templo, por la crucifixión; en tres días fue resucitado de la muerte y reunió de nuevo a sus discípulos desperdigados. Entonces sus discípulos sirvieron y honraron a Jesús resucitado, sólo como el Templo espiritual. El Templo substancial será establecido en el tiempo de la Segunda Llegada.

Así como los israelitas, cuando comenzaron su segundo curso hacia la tierra de Canaán, observaron la fiesta de Pascua el día 14 del mes primero del año antes de su partida (Ex. 12:17-18), ahora, centrados en Josué que acampó en Guilgal, observaron también la fiesta de Pascua el día 14 del mes primero del año, antes de ponerse en camino hacia la ciudad fortificada de Jericó. Cuando empezaron a vivir de los productos de la tierra, Dios cesó de alimentarlos con maná, después de 40 largos años cuidando de ellos. Desde entonces tuvieron que contar con lo que ellos cultivaban con su propio sudor. Incluso hasta el momento de ruptura de la última barrera de la ciudad satánica, tuvieron que cumplir su propia parte de responsabilidad, que era la parte del hombre. Conforme al mandamiento de Dios a los israelitas, había 40.000 soldados en la vanguardia, seguidos por siete jefes de los sacerdotes marchando con siete trompetas, que precedían al arca de la alianza llevada por los sacerdotes levitas (Jos. 3:3). Después, el resto de los israelitas marchaba en la retaguardia (Jos. 6:8-9).

Como les había mandado Dios, los israelitas marcharon alrededor de la ciudad en esta formación durante seis días, dando una vuelta cada día: pero no hubo cambio en la ciudad. Tenían que restaurar por indemnización con paciencia y obediencia absolutas el período de seis días de la creación que había sido invadidos por Satán. Después de haberse cumplido los seis días con tal obediencia, el día séptimo los siete sacerdotes con las siete trompetas marcharon alrededor de la ciudad dando siete vueltas tocando las trompetas, y Josué dijo al pueblo: «¡Lanzad el grito de guerra, porque Yahvéh os ha entregado la ciudad!» A su orden el pueblo alzó un gran grito, y los muros se desmoronaron (Jos. 6).

Este curso nos mostraba que más tarde, por el poder de Jesús y sus discípulos, la barrera satánica entre el cielo y la tierra caería. Dijo entonces Josué:

« ¡Maldito sea el hombre que se levante y reconstruya esta ciudad! ¡Sobre su primogénito echará su cimiento y sobre su pequeño colocará las puertas!» (Jos. 6:26).

Esto es porque esta barrera satánica nunca tenía que ser puesta de nuevo.

Por lo tanto, Josué destruyó al enemigo con una fuerza irresistible, derrotando en total a 31 reyes (Jos. 12:9-24). Esto anunciaba también que Jesús vendría como Rey de Reyes y que establecería el Reino de Dios en la tierra, destruyendo a todos los reyes gentiles y unificando a los pueblos de todo el mundo.

(iii) El fundamento para recibir al Mesías

Los israelitas fracasaron en su segundo curso de restauración de Canaán a nivel nacional porque no pudieron establecer el período de 40 días de exploración para la separación de Satán. Entonces, para indemnizar de nuevo este período, comenzaron su tercer curso de la restauración de Canaán a nivel nacional, y después de 40 años errantes en el desierto regresaron a Cadés. Moisés pudo establecer el fundamento de fe para el tercer curso, y los israelitas pudieron situarse sobre el fundamento para el tabernáculo.

Sin embargo, debido a la falta de fe de los israelitas y a que Moisés golpeó dos veces la roca, ambos fundamentos fueron invadidos por Satán. Por consiguiente, los israelitas externos que habían salido de Egipto centrados en Moisés fueron destruidos todos en el desierto; pero Josué y Caleb pudieron establecer el fundamento para el tabernáculo, debido a que establecieron el período de 40 días de exploración para la separación de Satán con fe y lealtad, basados sobre el fundamento de fe y el fundamento para el tabernáculo, que habían sido establecidos por Moisés en el segundo curso. De este modo, los israelitas externos centrados en Moisés, murieron todos en el desierto. Pero los israelitas internos nacidos durante su vida en el desierto, cuando exaltaron y sirvieron al tabernáculo pudieron cruzar el Jordán, llevando el arca de la alianza con total lealtad, centrados en Josué en el lugar de Moisés. Entonces, al destruir la ciudad de Jericó, entraron en Canaán, la tierra de su deseo.

Así, fue establecido el fundamento de substancia en el tercer curso de restauración de Canaán a nivel nacional. Por consiguiente, también fue establecido en este curso el fundamento para recibir al Mesías. Después del fundamento para recibir al Mesías a nivel familiar establecido por Abraham, y después del curso de indemnización de 400 años de esclavitud en Egipto causado por el fracaso de Abraham con la ofrenda, fue establecido el fundamento para recibir al Mesías a nivel nacional. Entretanto, los hombres caídos de aquel tiempo erigieron un reino poderoso, es decir, Egipto, centrado en Satán, y se pusieron en contra de la providencia celestial de la restauración. Como ya hemos visto (ref. Parte II, Cap. I, Sec. III, 3), el Mesías no podía venir antes de que fuese establecido un reino en el lado de Dios que pudiese competir con el de Satán, aunque ya había sido establecido el fundamento para recibir al Mesías a nivel nacional centrado en Josué. Sin embargo, los israelitas internos al entrar en Canaán, cayeron de nuevo en la infidelidad y la providencia fue prolongada hasta el tiempo de Jesús.

3. LECCIONES APRENDIDAS DEL CURSO DE MOISES

En el largo curso de la historia desde los tiempos de Moisés hasta nuestros días, muchos santos, que han servido a la voluntad divina, han leído repetidamente el relato bíblico referente a Moisés. Sin embargo, pensaron que estas palabras eran simplemente el relato de la historia de Moisés, y no ha habido un solo hombre entre ellos que haya sabido que Dios quiso enseñarnos a través de Moisés ciertos secretos concernientes a Su providencia de la restauración. Incluso Jesús sólo lo dio a entender diciendo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre» (Jn. 5:19), y dejó sin aclarar el significado fundamental del curso de Moisés (Jn. 16:12).

Hemos aclarado ya cómo recorrió Moisés el curso modelo para la providencia de la restauración. El hecho de que este curso anunciaba el que más tarde tenía que seguir Jesús, se verá más claro comparando esta sección con la Sección III de este capítulo. Examinando solamente la providencia de Dios centrada en Moisés, no podemos negar el hecho de que Dios está tras la historia humana, conduciéndola hacia un propósito absoluto.

A continuación, el curso de Moisés nos muestra que el grado del cumplimiento de la propia parte de responsabilidad del hombre, decide el éxito o el fracaso de la predestinación de Dios. Incluso la voluntad predestinada por Dios centrada en una persona particular puede no tener éxito, si la persona establecida para la predestinación falla en cumplir su propia parte de responsabilidad. Dios predestinó Su voluntad de que Moisés condujese al pueblo de Israel a la tierra de Canaán, que manaba leche y miel, y le mandó que lo hiciese. Sin embargo, cuando él y su pueblo fracasaron en cumplir su responsabilidad, sólo Josué y Caleb, de entre todos los israelitas que habían salido de Egipto, entraron en Canaán y los demás murieron en el desierto.

El curso de Moisés también nos muestra que Dios no interviene en la parte de responsabilidad del hombre, sino que sólo interviene en el resultado. Dios había conducido a los israelitas con milagros y señales maravillosas, pero no intervino ni en el acto del pueblo de hacer el becerro de oro, mientras Moisés estaba en el monte recibiendo las tablas de piedra, ni en el acto de Moisés de golpear dos veces la roca, porque éstas eran las propias partes de responsabilidad que tenían que cumplir por sí mismos.

Por otro lado, Dios nos muestra por medio del curso de Moisés que la predestinación de Su voluntad es absoluta. El hecho de que Dios lleva a cabo Su voluntad una vez predestinada es cierto y absoluto. Por consiguiente, cuando Moisés fracasó en cumplir su responsabilidad, Dios estableció a Josué en su lugar y finalmente llevó a cabo la voluntad que El predestinó. De este modo, si una persona que Dios ha establecido en la posición de Abel, falla en cumplir su misión, la persona que ha sido leal en la posición de Caín la reemplazaría, sucediendo a Abel en su misión. Jesús quería decir esto cuando dijo: «…el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan» (Mt. 11:12).

El curso de Moisés aún nos enseña otra lección; que cuanto mayor sea la misión de un hombre, más duras serán las tentaciones que se le presentarán. Ya que la primera pareja humana cayó no creyendo en Dios y rebelándose contra El, el personaje encargado de la restauración del fundamento de fe tiene que superar la tentación o el sufrimiento de que Dios lo abandona sin compasión. Por esto, Moisés estuvo calificado para ser el líder de los israelitas sólo después de haber vencido la prueba en la que Dios trató de matarlo (Ex. 4:24).

Ni Dios mismo puede conceder al hombre gracia de modo incondicional porque, originalmente, Satán llegó a poseer al hombre bajo la condición de la caída, y podría acusar a Dios de injusticia, si se le diera gracia al hombre sin una correspondiente tentación. Por lo tanto, cuando Dios otorga al hombre gracia, se asegura de ocasionarle una tentación que preceda a la gracia o a continuación de ella (o ambas cosas), para evitar así la acusación de Satán. Tomemos ejemplos del curso de Moisés: A Moisés se le otorgó la gracia del primer Exodo, sólo después de su sufrimiento durante 40 años en el palacio del Faraón. De nuevo se le dio la gracia del segundo Exodo, sólo después del sufrimiento durante 40 años en el desierto de Madián (Ex. 4:20). Dios concedió a Moisés las tres grandes señales y los milagros de las diez plagas (Ex. 7:1, 10:2), únicamente después de la prueba en la que Dios trató de matarle (Ex. 4:24-25). La gracia de la columna de nubes y de la columna de fuego (Ex. 13:21) vino sólo después del sufrimiento del curso de tres días (Ex. 10:22). Por otro lado, sólo después del sufrimiento de cruzar el mar Rojo (Ex. 14:21-22), pudo llegar el don del maná y las codornices (Ex. 16:13), y sólo después del sufrimiento por la lucha contra los amalecitas (Ex. 17:10) vino la gracia de las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca de la alianza (Ex. 31:18, 40:38). Nuevamente, sólo después del sufrimiento de 40 años errando en el desierto (Num. 14: 33) recibieron la gracia del agua de la roca (Num. 20:8), y sólo después del sufrimiento de las serpientes de fuego (Num. 21: 6) vino la gracia de la serpiente de bronce (Num. 21:9). Por lo tanto, podemos ver que el curso de Moisés nos enseña muchas lecciones.

SECCION III
La Providencia de la Restauración Centrada en Jesús

En el principio, Adán, que debía dominar a los ángeles (1 Cor. 6:3), dio origen al Infierno al ser dominado por Satán. Por lo tanto, para restaurar la dominación de Adán por indemnización, Jesús, que vino como el segundo Adán, debía subyugar a Satán y restaurar el Reino de Dios. Como dijimos en la Sección I, Satán, que no se había sometido ni siquiera a Dios, no se iba a someter fácilmente a Jesús y a sus seguidores. Por lo tanto, Dios tomó la responsabilidad por la creación del hombre y estableció a Jacob y a Moisés para mostrar el curso modelo para que Jesús subyugase a Satán en el futuro.

Jacob siguió el curso simbólico de subyugación de Satán, mientras que Moisés siguió el curso en imagen de subyugación de Satán, entonces Jesús tenía que seguir el curso substancial. Por consiguiente, Jesús tenía que cumplir el curso mundial de la restauración de Canaán subyugando a Satán, siguiendo el modelo del curso nacional de la restauración de Canaán, en el cual Moisés había subyugado a Satán.

Dios dijo a Moisés:

«Yo les suscitaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» (Dt. 18:18).

Por «un profeta semejante a ti» (Moisés), Dios quería decir Jesús, que seguiría el mismo curso que el de Moisés. Además, dijo Jesús «…el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre…» (Jn. 5:19) dando a entender que Jesús estaba siguiendo el curso modelo que Dios había anunciado por medio de Moisés. Los detalles ya fueron expuestos en la providencia de la restauración centrada en Moisés, pero ahora estudiaremos la providencia de la restauración centrada en Jesús comparando y contrastando el perfil del conjunto de los tres cursos de la restauración nacional de Canaán centrada en Moisés, y los tres cursos de la restauración mundial de Canaán centrada en Jesús

1. EL PRIMER CURSO DE LA RESTAURACION MUNDIAL DE CANAAN

(1) El fundamento de fe

La figura central para restaurar el fundamento de fe en el primer curso mundial de restauración de Canaán era Juan Bautista. ¿En qué posición tenía Juan Bautista que cumplir su misión? Hemos visto en el «curso de Moisés» que sus actos de romper las tablas de piedra y de golpear la roca dos veces en el curso de la restauración nacional de Canaán, centrada en Moisés, permitía a Satán la posibilidad de golpear a Jesús en caso de que el pueblo judío, que debería centrarse en Jesús, cayese en la incredulidad.

Para que Jesús se librase de esta condición, el pueblo escogido de Israel, que estaba preparando el fundamento para su llegada, debería haberse unido en armonía centrado en el templo, que era la entidad imagen del Mesías. Sin embargo, los israelitas cayeron repetidamente en la infidelidad, creando así la condición para que Satán invadiese a Jesús, que tenía que venir en el futuro. Para eliminar esta condición vino Elías, el profeta, y trabajó para la separación de Satán destruyendo a 850 falsos profetas, incluyendo a los de Baal y Aserá (1 Re. 18:19), y finalmente ascendió al cielo (2 Re. 2:11). Sin embargo, ya que la misión de Elías no quedó enteramente realizada, tenía que volver para cumplir el resto de su misión (Mt. 3:23). El profeta que vino como Elías para suceder y cumplir la misión de la separación de Satán y para enderezar el camino del Mesías (Jn. 1:23), era Juan Bautista (Mt. 11:14, 17:10-13).

Los israelitas estuvieron sufriendo esclavitud en Egipto durante 400 años sin ningún profeta que les guiase y, entonces, se encontraron con un hombre, Moisés, que era el personaje que podía llevarles a la tierra de Canaán y ayudarles a recibir al Mesías. Del mismo modo, el pueblo judío también estaba sufriendo esclavitud bajo las naciones gentiles de Persia, Grecia, Egipto, Siria y Roma, durante los 400 años del período de preparación para la llegada del Mesías desde los tiempos del profeta Malaquías, sin un solo profeta que los guiase. Entonces, finalmente se encontraron con Juan Bautista, que era el personaje que podía conducirles hacia el Mesías, que vendría para la restauración mundial de Canaán.

Moisés, que había sido establecido sobre el fundamento de separación de Satán de los 400 años de esclavitud en Egipto, aprendió el camino de la lealtad y piedad filial en el palacio del Faraón. Juan el Bautista, que fue situado sobre el fundamento de separación de Satán del período de 400 años de preparación para la llegada del Mesías, con el fin de recibir al Mesías aprendió también el camino de la lealtad y piedad filial hacia Dios, mientras vivía de langostas y miel silvestre en el desierto. El pueblo judío, incluyendo los jefes de los sacerdotes (Jn. 1 :19), pensaban que Juan Bautista podría ser el Mesías (Lc. 3:15). De este modo, Juan Bautista se colocó sobre el fundamento de 40 días de separación de Satán, y pudo establecer el fundamento de fe para la primera restauración mundial de Canaán.

(2) El fundamento de substancia

Juan Bautista, situado en la posición de Moisés, estaba en la posición de padre y de hijo para el pueblo judío. En la posición de padre, pudo restaurar por indemnización el fundamento de fe para la primera restauración mundial de Canaán. Al mismo tiempo, en la posición de hijo, pudo establecer la posición de Abel para establecer la condición de indemnización a nivel mundial para eliminar la naturaleza caída (ref. Parte II, Cap. II, Sec. II, 1 [2]). Por lo tanto, Juan Bautista se situó sobre el fundamento que él estableció a nivel mundial ensanchando la posición de Moisés, quien, después de 40 años de indemnización en el palacio del Faraón, estableció el fundamento de fe para la primera restauración a nivel nacional.

En tiempos de Moisés, Dios planeó llevar a cabo la «providencia para la partida» haciendo que el pueblo de Israel confiase en Moisés, después de verle matar al egipcio. Los israelitas de aquel tiempo tenían que salir de Egipto, la nación satánica, e ir a la tierra de Canaán; mientras que el pueblo judío, centrado en Juan Bautista, en vez de dejar el Imperio Romano para trasladarse a otra tierra, tenía que permanecer bajo el régimen y subyugarlo, restaurando el imperio para el Cielo. Por ello Dios mostró al pueblo señales y milagros centrados en Juan Bautista y, logrando que el pueblo judío creyese en él, pensó llevar a cabo la «providencia para la partida».

Por la maravillosa predicción del ángel sobre la concepción de Juan Bautista, por el milagro de que su padre se quedó mudo cuando no creyó en esto y por muchos otros milagros que Dios mostró a los israelitas al tiempo del nacimiento de Juan, ellos supieron desde ese momento que Juan era el profeta que Dios les había enviado. Así es como lo dice la Biblia:

« Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: `Pues, ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él» (Lc. 1 :65-66).

Además, debido a su brillante carrera de ascetismo y a su vida de oración en el desierto, los jefes de los sacerdotes (Jn. 1:19) y todo el pueblo judío (Lc. 3:15) le estimaban en tan alto grado que lo confundieron con el Mesías.

Moisés mató al egipcio después del período de 40 años de indemnización en el palacio del Faraón. Entonces, si los israelitas, conmovidos por su patriotismo, le hubiesen creído y seguido, podrían haber ido directamente hacia Canaán por el camino directo de los filisteos, sin tener que cruzar el mar Rojo, ni hacer un rodeo por el desierto y sin la necesidad de tablas de piedra, tabernáculo ni arca de la alianza. Si el pueblo judío en los días de Jesús hubiese también creído y seguido a Juan Bautista, a quien Dios había establecido para que creyesen en él por los milagros y señales, podrían haber restaurado el fundamento de substancia estableciendo la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída, y entonces podrían haber restaurado el fundamento para recibir al Mesías.

(3) El fracaso del primer curso de la restauración de Canaán a nivel mundial

El pueblo judío estaba en la posición de creer y seguir a Juan Bautista sobre el fundamento de fe por él establecido (Jn. 1:19, Lc. 3:15). Por lo tanto, podían terminar la Era del Antiguo Testamento y comenzar su nuevo curso de la restauración de Canaán a nivel mundial. Sin embargo, como ya ha sido expuesto (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. II), aunque Juan Bautista dio testimonio de Jesús como el Mesías, finalmente dudó de él (Mt. 11:3). Al negar que él mismo había venido como Elías, no sólo bloqueó el camino para que el pueblo judío reconociera a Jesús, sino que provocó que lo traicionasen. Por lo tanto, Juan Bautista, abandonó la posición de Abel en el establecimiento del fundamento de substancia y, en consecuencia, el pueblo judío fracasó en establecer la condición de indemnización a nivel mundial para eliminar la naturaleza caída.

De este modo, el fundamento para recibir al Mesías no fue establecido debido a que el pueblo judío fracasó en establecer el fundamento de substancia. Así, el primer curso de la restauración de Canaán a nivel mundial terminó en un fracaso, previéndose una segunda o incluso una tercera prolongación como ocurrió en tiempos de Moisés.

2. EL SEGUNDO CURSO DE LA RESTAURACION DE CANAAN A NIVEL MUNDIAL

(1) El fundamento de fe

(i) Jesús sucede a Juan Bautista en su misión

Juan Bautista estaba en la posición de un Adán restaurado ante Jesús, que vino como el Adán perfecto. Por ello, Juan Bautista tenía que establecer el fundamento para recibir al Mesías, completando todas las misiones dejadas sin cumplir por todas las figuras centrales que habían pasado en el curso de la historia providencial hasta entonces con el propósito de restaurar el fundamento de fe y el fundamento de substancia. Entonces, guiando al pueblo judío quien creería en él y lo seguiría sobre este fundamento, debería haberles llevado a todos ante Jesús, juntamente con todo el fundamento de la providencia. Después de esto, él mismo debería haber seguido a Jesús con extrema fe y lealtad.

Juan Bautista bautizó a Jesús en el río Jordán (Mt. 3:16) sin conocer el significado del hecho, pero fue una ceremonia de transmisión a Jesús de todo lo que Juan había hecho para la voluntad de Dios.

No obstante, Juan Bautista se volvió más escéptico acerca de Jesús y por último le traicionó. Naturalmente, el pueblo judío, que creía en Juan Bautista y le seguía como al Mesías (Lc. 3:15), se vio forzado a no creer en Jesús (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. II). Por lo tanto, el fundamento de fe, que Juan Bautista había establecido para el primer curso mundial de la restauración de Canaán, al final fue invadido por Satán. Por esto, el mismo Jesús se vio obligado a restaurar por indemnización este fundamento de fe, sucediendo a Juan Bautista en su misión y comenzando así el segundo curso mundial de la restauración de Canaán. Jesús se separó de Satán ayunando 40 días en el desierto, con el fin de restaurar por indemnización el fundamento de fe, en la posición de Juan Bautista.

Jesús, que vino como el Hijo de Dios y el Señor de la Gloria, originalmente no debería haber seguido el camino de la tribulación (1 Cor. 2:8). Sin embargo, como Juan Bautista, que nació con la misión de preparar su camino (Jn. 1:23, Lc. 1:76), fracasó, Jesús mismo tuvo que sufrir las tribulaciones en lugar de Juan Bautista. De este modo, Jesús, aún siendo el Mesías, sucedió a Juan Bautista, comenzando así el curso de la «providencia de la restauración». Por esto Jesús dijo a sus discípulos que no dijesen públicamente que él era el Mesías (Mt. 16:20).

(ii) Los cuarenta días de ayuno y oración de Jesús en el desierto y sus tres grandes tentaciones

Primeramente debemos conocer las causas remotas e inmediatas de los 40 días de ayuno y oración de Jesús y sus tres grandes tentaciones. En el curso de la restauración nacional de Canaán, Moisés, ante la roca, fue infiel y la golpeó dos veces. Por lo tanto, la roca, simbolizando a Cristo (1 Cor. 10:4), sufrió la invasión de Satán. Esto se convirtió en una acción que mostraba que más tarde en el curso que Jesús tendría que seguir tomando el curso de Moisés como modelo, Satán tendría la posibilidad de invadirle en el caso de que Juan Bautista fuese infiel. Por consiguiente, esta acción también mostraba que Satán podría invadir el fundamento de fe centrado en Juan Bautista quien tenía que presentarse ante el Mesías. Por lo tanto, la acción de Moisés de golpear la roca dos veces llegó a ser la causa remota que obligaría a Jesús a ir al desierto a sufrir los 40 días de ayuno y las tres grandes tentaciones, en la posición de Juan Bautista para restaurar el fundamento de fe, en caso de que Juan Bautista perdiera la fe.

Juan Bautista perdió la fe (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. II, 3) y Satán invadió el fundamento que había establecido. Esta fue la causa inmediata por la cual Jesús tuvo que sufrir el ayuno de 40 días y las tres grandes tentaciones en la posición de Juan Bautista para restaurar por indemnización el fundamento de fe perdido, estableciendo un fundamento de 40 días de separación de Satán.

Entonces, ¿por qué motivo Satán tentó a Jesús con las tres grandes tentaciones? En la Biblia (Mt. 4:1-10) leemos que Satán le mostró piedras, y le dijo que les ordenase convertirse en pan. Después lo llevó al pináculo del templo y le dijo que se tirase abajo. Finalmente, lo llevó a una montaña muy alta y dijo a Jesús que le daría todo el mundo si se postraba y le adoraba, tentando así a Jesús tres veces.

En el principio, Dios creó al hombre y le dio tres bendiciones: la perfección de la individualidad, la multiplicación de hijos y el dominio sobre el mundo de la creación (Gn. 1:28). El propósito de la creación de Dios era que el hombre cumpliese todo esto. Sin embargo, Satán causó la caída del hombre, haciéndole fallar en el cumplimiento de las tres bendiciones. Por lo tanto, el propósito de la creación no se realizó. Jesús vino para llevar a cabo el propósito de la creación de Dios, restaurando estas tres bendiciones prometidas por Dios. Por consiguiente, Satán trató de impedir que realizase esto, tentándolo para bloquear el camino de la restauración de las tres bendiciones.

¿Cómo afrontó y venció Jesús estas tres grandes tentaciones? Examinemos primeramente cómo Satán pudo tentar a Jesús desde la posición de sujeto. Ya hemos aclarado el hecho de que en el curso de la restauración nacional de Canaán centrada en Moisés, Satán llegó a situarse en la posición de sujeto hacia los israelitas centrados en Moisés, tomando (debido a la incredulidad de los israelitas y al fallo de Moisés) la roca y las dos tablas de piedra, que simbolizaban a Jesús y al Espíritu Santo. Entonces, en el curso de la restauración mundial de Canaán, Juan Bautista, que había venido con la misión de enderezar el camino del Mesías (Jn. 1:23) apartando a Satán, fracasó en llevar a cabo su responsabilidad y los israelitas cayeron de nuevo en la incredulidad y desobediencia como en tiempos de Moisés. Por consiguiente, como ya había anunciado Dios en el curso de Moisés, Satán llegó a situarse en la posición de sujeto, lo cual le permitió tentar a Jesús. Estudiemos estas tentaciones con mayor detalle.

Después que Jesús ayunó 40 días, Satán se le apareció y le tentó diciendo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes» (Mt. 4:3). En aquel momento, la piedra estaba en poder de Satán, debido a la acción de Moisés de romper las tablas de piedra y de golpear la roca, y debido a la incredulidad de Juan Bautista. Por lo tanto, con el fin de restaurar la piedra, Jesús tenía que ir al desierto y separarse de Satán ayunando durante 40 días. Satán sabía muy bien que Jesús había venido al desierto a restaurar la piedra. Esta tentación significaba que Satán retendría la posesión de la piedra para siempre, en caso de que Jesús, en su curso de la restauración mundial de Canaán en el desierto, fuese infiel y optase por convertir las piedras en pan, con el fin de llenar su estómago hambriento, sin tratar de restaurar la piedra, así como previamente los israelitas no habían podido soportar el hambre y habían caído en la infidelidad en la restauración nacional de Canaán.

La respuesta de Jesús a su tentación fue: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt. 4:4). Originalmente, el hombre fue creado para vivir con dos tipos de alimentos. Es decir, el cuerpo físico vive de los alimentos tomados del mundo natural, mientras que su espíritu vive de las palabras que proceden de la boca de Dios. Sin embargo, los hombres caídos fueron incapaces de recibir la Palabra de Dios directamente y sus espíritus viven por las palabras de Cristo, que vino a la tierra como la encarnación de la Palabra de Dios, como está escrito en la Biblia (Jn. 1:14). Por eso, dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida» (Jn. 6:48), y continuó diciendo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn. 6:53). Por lo tanto, aunque el cuerpo físico del hombre pueda tener vida comiendo pan, el hombre no puede disfrutar de una vida sana sólo con esto. Este puede llegar a ser saludable, si además vive con Cristo, que vino como la encarnación de la Palabra de Dios y como alimento de vida para el hombre.

Sin embargo, la piedra pasó a manos de Satán porque Moisés golpeó dos veces la roca, que era la raíz de las tablas de piedra. La piedra que estaba entonces en manos de Satán era verdaderamente la roca y las tablas de piedra que había perdido Moisés. Por lo tanto, la piedra en último término simbolizaba al mismo Jesús, que estaba bajo la tentación de Satán. Esto puede verse aún más claro, cuando leemos acerca de una piedra que simboliza a Cristo (Ap. 2:17), y que «la roca era Cristo» (1 Cor. 10:4). Por ello, la respuesta de Jesús a la primera tentación de Satán significa que aunque estuviera a punto de morir de hambre, el problema no era el pan para el cuerpo físico, sino que él mismo tenía que triunfar superando la tentación de Satán, y convertirse en el alimento de la Palabra de Dios que pudiese salvar los cuerpos espirituales de toda la humanidad. La primera tentación era para que Jesús pudiera establecer la posición del Mesías, con individualidad perfecta, superando la tentación en la posición de Juan Bautista. Satán fue vencido al fin por tales palabras de Jesús, quien le hizo frente con la voluntad de Dios desde la posición del Principio. Jesús, superando la primera tentación y estableciendo de este modo la condición que permitía la restauración de su individualidad, estableció el fundamento para la restauración de la primera bendición de Dios.

A continuación, Satán llevó a Jesús al pináculo del templo y dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo» (Mt. 4:5-6). Jesús se comparó a sí mismo con el templo (Jn. 2:19-21), y los santos fueron llamados templos de Dios (1 Cor. 3:16). También está escrito que los santos son los miembros del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:27). Por consiguiente, podemos comprender que Jesús es el templo principal y que los santos son templos dependientes. Así, Jesús vino como señor del templo, e incluso Satán no podía dejar de reconocer su autoridad. Por lo tanto, él puso a Jesús en el pináculo del templo y le dijo que se tirase abajo. Esto significaba que si Jesús se tiraba desde la posición de señor a la de hombre caído, Satán ocuparía la posición de soberano del templo en lugar de Jesús.

En esta ocasión le respondió Jesús diciendo: «No tentarás al Señor tu Dios» (Mt. 4:7). Originalmente, los ángeles fueron creados para ser dominados por el hombre; por ello un ángel caído debía naturalmente ser dominado por Jesús. Por consiguiente, la tentativa del ángel de situarse en la posición de señor del templo era un acto fuera del Principio. Por ello no debería haberse atrevido a tentar a Dios con semejante acto fuera del Principio, tentando a Jesús, el cuerpo de Dios, pues El realiza Su providencia de acuerdo sólo con el Principio. Por otra parte, Jesús, al haber vencido la primera tentación, estableció firmemente su posición como señor del templo, como templo substancial, con su individualidad restaurada. Por lo tanto, él no estaba ya en la posición de ser tentado por Satán; Satán debería haberse marchado sin tentar de nuevo a Jesús.

De este modo, superando su segunda tentación, Jesús, que vino como templo principal, novio y Padre Verdadero de la humanidad, estableció la condición que le posibilitaba restaurar a todos los santos a la posición de templos dependientes suyos, novias suyas e hijos verdaderos, creando así el fundamento para la restauración de la segunda bendición de Dios.

A continuación, Satán llevó a Jesús a una montaña muy alta y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria, le tentó diciendo: «Todo esto te daré si te postras y me adoras» (Mt. 4:9). Originalmente, Adán, debido a su caída, perdió su autoridad como señor de la creación, siendo dominado por Satán, y naturalmente Satán llegó a ser el dominador de toda la creación en lugar de Adán (Rm. 8:20). Jesús, que vino en calidad de Adán perfecto, era el soberano de toda la creación, ya que está escrito que Dios puso todas las cosas bajo el dominio de Cristo (1 Cor. 15:27). Entonces, Satán, que conocía este principio, llevó a Jesús a la cima de una montaña, poniéndolo en la posición de señor de todas las cosas, y le tentó entonces con el fin de que Jesús, el segundo Adán, también se sometiese a él, así como Adán se había sometido en el principio.

Jesús respondió a esto diciendo: «Al Señor tu Dios adorarás, sólo a El darás culto» (Mt. 4:10). Originalmente, un ángel es un espíritu servidor (Heb. 1:14) y está destinado a adorar y servir a Dios, su Creador. Jesús respondió, queriendo decir que el Principio era que Satán, el ángel caído, debería también adorar y servir a Dios. Naturalmente, el Principio es que Satán también adore y sirva a Jesús, que apareció como el cuerpo de Dios, el Creador. Por otra parte, Jesús ya había establecido el fundamento que le posibilitaba restaurar la primera y segunda bendición de Dios, al haber superado las dos primeras tentaciones. Por lo tanto, es natural que dominase toda la creación al restaurar la tercera bendición de Dios sobre este fundamento. Entonces respondió según el Principio, queriendo decir que no había razón para ser probado de nuevo con tentaciones sobre la creación, la cual estaba ya sobre un fundamento victorioso.

De este modo, Jesús superó la tercera tentación para restaurar su dominio sobre todo el mundo de la creación, por lo cual estableció el fundamento para la restauración de la tercera bendición de Dios.

(iii) El resultado de la separación de Satán por el ayuno de 40 días y las tres grandes tentaciones

Según los principios de la creación, el propósito de la creación de Dios se realiza cuando el hombre establece el fundamento de cuatro posiciones pasando por las tres etapas del proceso de origen, división y unión. No obstante, el hombre no pudo realizar el propósito de la creación, porque fue invadido por Satán en el curso del establecimiento de las cuatro posiciones. Por consiguiente, Dios planeó también restaurar por indemnización todas las cosas perdidas, estableciendo el fundamento de 40 días de separación de Satán siguiendo el curso de las tres etapas de la prolongación de la providencia.

Jesús, aunque era el Mesías, estableció el fundamento de 40 días para la separación de Satán, superando las tres etapas de tentación en la posición de Juan Bautista. Según esto, Jesús pudo restaurar por indemnización a la vez todas las condiciones que Dios había planeado restaurar, estableciendo el fundamento de 40 días para la separación de Satán, siguiendo el curso de las tres etapas de prolongación de Su providencia de la restauración.

En primer lugar, Jesús pudo restaurar por indemnización todo lo que tenía que ser restaurado a lo largo del curso providencial hasta aquel momento con el fin de establecer el fundamento de fe. A saber, restauró por indemnización las ofrendas de Caín y Abel, el arca de Noé, la ofrenda de Abraham, el tabernáculo de Moisés y el templo de Salomón. Además, Jesús restauró a la vez horizontalmente por indemnización todos los fundamentos de 40 días de separación de Satán que habían sido perdidos debido a los fallos de las figuras centrales, cuya misión había sido restaurar el fundamento de fe a lo largo del curso vertical de la historia durante los 4.000 años desde Adán. A saber, restauró por indemnización el juicio de los 40 días de diluvio de Noé; los tres períodos de 40 años y los dos ayunos de 40 días de Moisés; los 40 días de exploración en Canaán; el curso de 40 años de los israelitas en el desierto; los 400 años de Noé a Abraham; los 400 años de esclavitud en Egipto; y todos los otros períodos del «número 40» perdidos hasta sus días.

En segundo lugar, Jesús pudo establecer la condición que le posibilitaba realizar las tres grandes bendiciones de Dios y restaurar por indemnización el fundamento de cuatro posiciones, porque él tenía que pasar de la posición de Juan Bautista a la posición de Mesías. Por consiguiente, Jesús se convirtió en el ser substancial que había realizado la ofrenda y podía ser considerado la substancialización de las tablas de piedra, el tabernáculo, el arca de la alianza, la roca y el templo.

(2) El fundamento de substancia

Jesús vino como el Padre Verdadero de la humanidad y restauró por indemnización el fundamento de 40 días de separación de Satán, en la posición de Juan Bautista. Por lo tanto, pudo restaurar el fundamento de fe en la posición de padre, y al mismo tiempo pudo establecer la posición de Abel para establecer la condición mundial de indemnización para eliminar la naturaleza caída, en la posición de hijo. Por ello, Jesús se situó en la posición de haber restaurado por indemnización, a nivel mundial, la posición de Moisés, quien había establecido el fundamento de fe para la segunda restauración nacional de Canaán, pasando el desierto de Madián el período de 40 años de indemnización.

En el segundo curso de la restauración nacional de Canaán, Dios realizó Su «providencia para la partida» con los tres grandes milagros y las diez plagas. Más tarde, en el tercer curso de la restauración nacional de Canaán, Dios realizó Su «providencia para la partida», estableciendo los tres grandes dones de las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca de la alianza, y los Diez Mandamientos, para restaurar por indemnización los tres grandes milagros y las diez plagas de Egipto, que fueron anulados a causa de la incredulidad de los israelitas.

Ya que Jesús era la representación substancial de los Diez Mandamientos y los tres grandes dones (las tablas de piedra, el tabernáculo y el arca de la alianza), él comenzó su «providencia para la partida» con sus propias palabras, milagros y señales, en el segundo curso de la restauración mundial de Canaán. De acuerdo con la «providencia para la partida», si el pueblo judío en la posición de Caín hubiera creído y seguido a Jesús en la posición de Abel, podrían haber establecido la condición de indemnización para eliminar la naturaleza caída y podrían haber restaurado el fundamento de substancia, estableciendo así el fundamento para recibir al Mesías. Si hubiera sido así, Jesús se podría haber trasladado de la posición de Juan Bautista a la posición de Mesías. Entonces, toda la humanidad hubiera sido injertada en él (Rm. 11:7), habría renacido, habría sido limpiada del pecado original y habría llegado a estar unida de corazón con Dios; así que se podría haber restaurado la naturaleza original recibida en la creación, realizando así el Reino de Dios en la tierra en aquel tiempo.

(3) El fracaso del segundo curso de la restauración mundial de Canaán

Cuando, debido a la incredulidad de Juan Bautista, la primera providencia de la restauración mundial de Canaán terminó en un fracaso, Jesús restauró por indemnización el fundamento de fe para la segunda restauración mundial de Canaán sufriendo él mismo los 40 días de tribulación en el desierto, sucediendo a Juan Bautista en su misión. Mientras tanto, Satán, que fue vencido en las tres grandes tentaciones, se apartó de Jesús hasta un tiempo oportuno (Lc. 4:13). El haberse apartado Satán «hasta un tiempo oportuno» implica que no abandonó completamente a Jesús, sino que podría venir de nuevo ante él. En realidad, Satán se enfrentó a Jesús, obrando a través del pueblo judío, centrado en los jefes de los sacerdotes y escribas que habían caído en la incredulidad, y especialmente a través de Judas Iscariote, el discípulo que traicionó a Jesús.

De esta forma, debido a la falta de fe del pueblo judío, el fundamento de substancia para el segundo curso de la restauración mundial de Canaán resultó un fracaso; de acuerdo con esto, el fundamento para recibir al Mesías para esta providencia fracasó. Naturalmente, el segundo curso de la restauración mundial de Canaán también fracasó.

3. EL TERCER CURSO DE LA RESTAURACION MUNDIAL DE CANAAN

(1) El curso de la restauración espiritual de Canaán centrado en Jesús

Antes de tratar los problemas concernientes al tercer curso de la restauración mundial, debemos saber en qué aspectos difiere del tercer curso de la restauración nacional de Canaán. Como ya fue tratado en detalle, el centro de la fe israelita en el tercer curso de la restauración nacional de Canaán era el tabernáculo, que era el cuerpo simbólico del Mesías. Así, aunque la nación israelita cayó en la infidelidad, el tabernáculo permaneció intacto, apoyado sobre el fundamento de fe que Moisés había establecido por su ayuno de 40 días. Cuando Moisés cayó también en la infidelidad, el tabernáculo permaneció en pie, centrado en Josué, que continuó al servicio de la voluntad sobre el fundamento para el tabernáculo que él había establecido por el período de 40 días de exploración para la separación de Satán, apoyándose en el fundamento de fe que Moisés había establecido.

Sin embargo, el objeto de fe del pueblo judío, en su curso de la restauración mundial de Canaán, era el mismo Jesús, que vino como el cuerpo substancial del templo. Cuando incluso sus discípulos cayeron en la incredulidad, Jesús se vio forzado a seguir el camino de la muerte, entregando su cuerpo físico en la cruz, como estaba escrito: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn. 3:14). De este modo el pueblo judío perdió su objeto de fe en espíritu y carne. Por consiguiente, no se podía comenzar un tercer curso de la restauración mundial de Canaán directamente como un curso substancial. Sino que los cristianos como el Segundo Israel comenzaron primeramente un curso espiritual, estableciendo a Jesús resucitado como su objeto de fe.

Por esta razón dijo Jesús: «Destruid este Santuario (Jesús mismo), y en tres días lo levantaré» (Jn. 2:19). El Señor vendrá, y heredando la misión de Jesús, llevará a cabo espiritual y físicamente el tercer curso de la restauración mundial de Canaán, de igual manera que Josué llevó a cabo el tercer curso de la restauración nacional de Canaán, heredando la misión de Moisés.

Sólo con ver este curso providencial de la restauración, podemos muy bien comprender que si el Señor no viene de nuevo en la carne, como en el tiempo de Jesús, no puede hacerse cargo ni cumplir el propósito de la «providencia de la restauración» que él trató de realizar en su primera llegada.

(i) El fundamento espiritual de fe

Ya que el segundo curso de la restauración mundial de Canaán acabó en un fracaso, debido a la traición de los israelitas, el fundamento de fe que Jesús había establecido durante los 40 días de ayuno en la posición de Juan Bautista, fue entregado sin remedio a Satán. Por consiguiente, después de dar su cuerpo físico a Satán a través de la cruz, Jesús estableció un fundamento espiritual de separación de Satán, por medio del período de 40 días de resurrección, en la posición de realizar espiritualmente la misión de Juan Bautista. Haciendo esto, pudo restaurar el fundamento espiritual de fe para el curso espiritual de la tercera restauración mundial de Canaán. No ha habido ni un solo hombre hasta hoy que supiese que ésta fue la razón del período de 40 días le resurrección después de la crucifixión de Jesús. ¿Cómo estableció Jesús el fundamento espiritual de fe?

Dios había estado con la nación escogida de Israel hasta el tiempo en que apareció Jesús como el Mesías. No obstante, desde el momento de su rebelión contra Jesús, Dios se vio forzado a entregar a Sus elegidos en manos de Satán. De este modo, Dios, junto con Su hijo, que fue traicionado por los israelitas, tuvo que abandonar a Su nación escogida y volverse en contra de ella. Sin embargo, el propósito de Dios al enviar al Mesías no era solamente salvar a la nación escogida, sino a toda la humanidad. Por consiguiente, Dios pensó en salvar a toda la humanidad, aunque tuviese que entregar a Jesús en manos de Satán. Por otro lado, Satán trató de matar a un hombre, Jesús, el Mesías, aunque tuviese que entregar a Dios toda la humanidad, incluyendo la nación escogida, que ahora estaba de su lado. Satán pensó que podría arruinar el propósito de toda la providencia de Dios matando al Mesías, porque sabía que el principal propósito de la providencia de Dios de los 4.000 años de la restauración había sido para establecer a un hombre, el Mesías. Por lo tanto, finalmente Dios entregó a Jesús en manos de Satán, como la condición de indemnización para salvar a toda la humanidad, incluyendo el pueblo judío, que se volvió contra Jesús y que estaba ahora en el lado de Satán.

De este modo, Satán logró lo que había planeado hacer a lo largo del curso de 4.000 años de historia, al crucificar a Jesús ejerciendo su máximo poder. Dios, que entregó a Jesús en manos de Satán, pudo a este precio establecer la condición para salvar a toda la humanidad, incluyendo a los israelitas.

¿Cómo pudo Dios llegar a salvar a los hombres pecadores? Ya que Satán había matado a Jesús ejerciendo su máximo poder, se creó una condición según el principio de la restauración por indemnización por la que Dios podía ahora ejercer Su máximo poder. La acción del máximo poder por parte de Dios era resucitar de la muerte, mientras que la de Satán era matar al hombre. Entonces, Dios ejerció Su máximo poder, como la condición de indemnización opuesta a la acción del máximo poder de Satán al matar a Jesús, y llevó de nuevo a Jesús a la vida. Dios proyectaba salvar a la humanidad injertándola en Jesús resucitado (Rm. 11:24) y dándole renacimiento.

Como bien sabemos por la Biblia, Jesús después de la resurrección no era el mismo que había vivido con sus discípulos antes de la crucifixión. Ya no era un hombre que se pudiera ver con los ojos físicos, porque era un ser que transcendía el tiempo y el espacio. Una vez se apareció en una habitación cerrada donde estaban reunidos sus discípulos (Jn. 20:19), mientras que en otra ocasión se apareció a dos discípulos que iban a Emaús y los acompañó durante un largo trayecto. Pero sus ojos no podían reconocer a Jesús (Lc. 24:15-16) y luego desapareció repentinamente. Jesús, con el fin de salvar a la humanidad, tuvo que establecer el fundamento espiritual de fe durante el período de 40 días de resurrección para la separación de Satán, después de haber entregado su cuerpo físico en la cruz como sacrificio. Haciendo esto, abrió el camino para la redención de los pecados de todos los hombres.

(ii) El fundamento espiritual de substancia

Jesús, habiendo establecido el fundamento espiritual de 40 días de separación de Satán, por medio de la resurrección, en la posición de realizar espiritualmente la misión de Juan Bautista, pudo restaurar entonces el fundamento espiritual de fe en la posición de padre espiritual. Al mismo tiempo, desde la posición de hijo espiritual, estableció también la posición de Abel espiritual para establecer la condición de indemnización mundial para eliminar la naturaleza caída. De este modo, Jesús pudo establecer un fundamento espiritual de fe para la tercera restauración mundial de Canaán, así como Moisés pudo establecer el fundamento de fe para la tercera restauración nacional de Canaán, superando el período de indemnización en el que vagó durante 40 años en el desierto mientras conducía a los israelitas.

En tiempos de Moisés, Dios realizó Su «providencia para la partida» haciéndole establecer el fundamento para el tabernáculo. Sin embargo, Jesús resucitado realizó «la providencia para la partida» reuniendo a sus discípulos diseminados por Galilea, y dándoles el poder de realizar milagros y señales, ya que él mismo era el cuerpo substancial espiritual de las tablas de piedra, del tabernáculo y del arca (Mt. 28:16-20).

Entonces, los santos en la posición de Caín tenían que restaurar el fundamento espiritual de substancia estableciendo la condición espiritual de indemnización para eliminar la naturaleza caída, por medio de creer, servir y seguir a Jesús resucitado, que estaba espiritualmente en la posición de Abel, con la misión de Juan Bautista espiritual.

(iii) El fundamento espiritual para recibir al Mesías

Después de la crucifixión de Jesús, los once discípulos que quedaban se diseminaron totalmente desesperanzados. Jesús después de su resurrección los reunió de nuevo en un lugar y comenzó su nueva providencia de la restauración espiritual de Canaán. Los discípulos escogieron a Matías en lugar de Judas Iscariote para completar el número de los doce discípulos, y creyeron, sirvieron y siguieron a Jesús resucitado, estableciendo así el fundamento espiritual de substancia. Haciendo esto, pudieron restaurar el fundamento espiritual para recibir al Mesías.

Sobre este fundamento, Jesús pudo situarse en la posición de Mesías espiritual, dejando la posición de Juan Bautista, y pudo restaurar al Espíritu Santo. Al hacer esto, se convirtió en el Padre Verdadero espiritual y comenzó la obra del renacimiento. Es decir, como está escrito en la Biblia (Hch. 2:14), después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, Jesús resucitado se convirtió en el Padre Verdadero espiritual, y obrando en unidad con el Espíritu Santo como la Madre Verdadera espiritual, injertó espiritualmente a los santos en ellos, comenzando así la obra del renacimiento espiritual. Haciendo esto, Jesús pudo realizar la providencia de la salvación espiritual (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. I, 4). Por consiguiente, en la esfera de Jesús resucitado, la condición espiritual de acusación de Satán quedó completamente liquidada y así llegó a ser una esfera espiritual fuera del dominio de Satán.

La salvación física del hombre caído no puede realizarse, aunque el hombre crea y se una con Jesús, porque su cuerpo está aún en la posición de ser invadido por Satán, de igual forma que el de Jesús mismo. No obstante si creemos en Jesús resucitado, estaremos espiritualmente con Jesús en la esfera fuera del dominio de Satán, y así podremos alcanzar la salvación espiritual, libres de la acusación de Satán.

(iv) La restauración espiritual de Canaán

Los cristianos sólo podían realizar la restauración espiritual de Canaán creyendo y sirviendo a Jesús, que llegó a situarse en la posición de Mesías espiritual, sobre el fundamento espiritual para recibir al Mesías. De este modo, los cuerpos físicos de los santos que pertenecían a la esfera de gracia de la restauración espiritual de Canaán, estaban en la misma situación que el cuerpo físico de Jesús, que fue invadido por Satán a través de la cruz. Por ello, estaban sujetos a la invasión de Satán en igual situación que antes de la llegada de Jesús, permaneciendo aún en ellos el pecado original (Rm. 7:25). Naturalmente, los santos también tendrán que seguir de nuevo el curso de separación de Satán en la Segunda Llegada del Señor (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. I, 4).

El ideal del tabernáculo en el curso nacional de la restauración de Canaán, a través del cual Dios realizó Su providencia centrada en Moisés, se llegó a realizar ahora a nivel mundial centrado en el templo espiritual de Jesús resucitado. El santísimo y el santo fueron realizados espiritualmente mediante el espíritu y el cuerpo físico de Jesús. Dado que el ideal del propiciatorio fue realizado por medio de la obra de Jesús y el Espíritu Santo, Dios podía aparecerse y hablar. Así, en el propiciatorio, donde se escuchaban las palabras de Dios, el querubín que había bloqueado el camino desde la caída de los primeros antepasados humanos, se apartaría de modo que se pudiese entrar en el arca para encontrar a Jesús, el Arbol de la Vida, para comer del maná dado por Dios y manifestar el poder de Dios representado por la vara de Aarón que había florecido (Heb. 9:4-5). De este modo, cuando se compara con el curso de Moisés, podemos comprender que la crucifixión de Jesús y la Segunda Llegada no fue una providencia predeterminada.

(2) El curso de la restauración substancial de Canaán, centrada en el Señor de la Segunda Llegada

Hemos visto la razón por la que el pueblo escogido de Dios comenzó el tercer curso de la restauración mundial de Canaán como un curso espiritual, sin poder comenzarlo como un curso substancial, como se había hecho en el tercer curso de la restauración nacional de Canaán. La providencia espiritual de la tercera restauración mundial de Canaán, que se comenzó sobre el fundamento espiritual para el Mesías, creyendo y obedeciendo a Jesús, el Mesías espiritual, ha extendido hoy su territorio espiritual sobre una base mundial, después de haber transcurrido 2.000 años de historia.

Así como Josué, que sustituyó a Moisés en el curso espiritual de la restauración de Canaán, realizó la restauración nacional de Canaán siguiendo un curso substancial, así también el Señor de la Segunda Llegada tiene que realizar el Reino de Dios en la tierra viniendo para recorrer, en forma substancial, el curso espiritual de la restauración de Canaán y para realizar la restauración mundial de Canaán. De este modo, el Señor de la Segunda Llegada, quien tiene que realizar el Reino de Dios en la tierra como Dios lo había planeado realizar substancialmente en tiempos de Jesús, debe nacer en la tierra como un hombre substancial en la carne (ref. Parte I, Cap. VI, Sec. II, 2).

El Señor de la Segunda Llegada debe restaurar por indemnización el curso providencial de la restauración incompleto en el tiempo de la primera llegada. Por lo tanto, así como Jesús tuvo que seguir el amargo curso de la providencia espiritual de la restauración debido a la incredulidad del pueblo judío, el Señor debería restaurar por indemnización el curso espiritual de tribulación, esta vez substancialmente en la carne, en el caso de que los cristianos, el Segundo Israel, cayeran en la incredulidad. Jesús dijo: «Pero, antes, le es preciso padecer mucho (a Cristo) y ser reprobado por esta generación» (Lc. 17:25).

Por lo tanto, así como Jesús cuando vino tuvo que seguir el curso de la providencia espiritual abandonando al Primer Israel llamado por Dios y estableciendo a los cristianos como su segunda nación escogida, así también el Señor de la Segunda Llegada tendrá que realizar el curso providencial, substancialmente, abandonando a los cristianos, los segundos escogidos, y llamando a un nuevo Tercer Israel, en caso de que los cristianos cayesen en la incredulidad. Si en la Segunda Llegada, quienes vienen con la misión de Juan Bautista (Jn. 1:23) para enderezar su camino, fracasan en su misión, así como ocurrió en la primera llegada, el mismo Señor de la Segunda Llegada deberá establecer, substancialmente, el fundamento de fe para la tercera providencia de la restauración mundial de Canaán, en la posición de Juan Bautista, teniendo que seguir el camino de la tribulación.

Por muy amargo que sea este camino, el Señor de la Segunda Llegada no morirá sin realizar la providencia de la restauración, como ocurrió en tiempos de Jesús. Esto es así porque la providencia divina de la realización del propósito de la creación mediante el establecimiento de los Padres Verdaderos de la humanidad, se intentó realizar con Adán, luego con Jesús y ahora con el Señor de la Segunda Llegada, y en la tercera ocasión, la providencia no fracasará en su realización. Además, como se verá más tarde (ref. Parte II, Cap. VI, Sec. IV), la providencia espiritual de la restauración durante los 2.000 años desde Jesús ha culminado en la era de la democracia a fin de crear una sociedad beneficiosa para la providencia. A Jesús lo mataron porque fue acusado de ser un rebelde en contra del Judaísmo, pero en la sociedad democrática en tiempos de la Segunda Llegada, el Señor no puede ser condenado a muerte, aunque sea amargamente perseguido como un hereje.

Por consiguiente, por muy difícil que sea el camino del Señor de la Segunda Llegada, reunirá a los santos que crean en él y le sirvan absolutamente sobre el fundamento substancial de fe que él mismo establecerá, y ellos sin duda podrán establecer el fundamento de substancia para el curso substancial de la tercera restauración mundial de Canaán.

En el tercer curso nacional de la restauración de Canaán en tiempos de Moisés, Dios realizó Su «providencia para la partida» centrada en la roca. En tiempos de Josué, El realizó Su «providencia para la partida» centrada en el agua, que era más interior que la roca. De manera similar, Jesús llevó a cabo la «providencia para la partida» con los milagros y señales de su primera llegada, pero en la Segunda Llegada, Cristo realizará la «providencia para la partida» centrada en la Palabra, que es interior. Es así porque, como ya hemos visto (ref. Parte I, Cap. III, Sec. III, 2), el hombre, que fue creado por la Palabra (Jn. 1:3), fracasó en cumplir el propósito de la Palabra debido a la caída. Dios, que ha estado realizando Su providencia de la restauración estableciendo condiciones exteriores para la Palabra, con el fin de realizar el propósito de la Palabra, debe enviar a Cristo, que es la substancia de la Palabra (Jn. 1:14) al final de la historia providencial, y debe llevar a cabo Su providencia de salvación, centrada en la Palabra.

Cuando vemos el propósito divino de la creación centrado en la conexión de corazón, Dios, como Padre espiritual, creó a los hombres como Sus hijos substanciales. Adán y Eva, que fueron creados en primer lugar como los objetos substanciales a imagen y semejanza de las esencialidades duales de Dios, son los primeros objetos substanciales de Dios y los primeros padres de la humanidad. De este modo, uniéndose como marido y mujer y multiplicando hijos, deberían haber establecido una familia conectada y unida por los corazones de los padres, de la pareja y de los hijos, que representan el amor paternal, conyugal y filial. Esto es verdaderamente el fundamento de cuatro posiciones en el que se han realizado los tres propósitos objetivos (ref. Parte I, Cap. I, Sec. II, 3).

De esta forma, Dios proyectó establecer el Reino de Dios en la tierra con Sus hijos de descendencia directa. Sin embargo, como hemos visto en «La Caída del Hombre», la humanidad, debido a la relación de sangre de los primeros antepasados humanos con el arcángel Lucifer, se convirtió en los hijos del diablo, heredando el linaje de sangre de Satán (Mt. 3:7, 23:33; Jn. 8:44). De este modo, los primeros antepasados humanos cayeron en una posición en la que estaban separados del linaje de Dios (ref. Parte I, Cap. II).

Por consiguiente, el propósito de la providencia divina de la restauración es restaurar a los hombres caídos que fueron separados del linaje de Dios y restablecerlos como hijos de descendencia directa de Dios. Descubramos el secreto de Dios de la providencia de la restauración en la Biblia.

Como fue previamente estudiado, la familia de Adán, que se degradó hasta el punto de cometer homicidio, quedó separada de Dios. En tiempos de Noé, la relación directa con Dios no se pudo restaurar debido al fallo de Cam, el segundo hijo, que estaba en la posición de Abel. Sin embargo, el hombre pudo estar en la posición de siervo de siervos (Gn. 9:25), por el fundamento de la lealtad de Noé. De este modo, el hombre podía tener una relación indirecta con Dios. Esta era la relación que existía entre Dios y el hombre en el período anterior a la Era del Antiguo Testamento.

Abraham, el padre de la fe, pudo establecer en su época a los elegidos de Dios construyendo el fundamento familiar para recibir al Mesías. De este modo, por primera vez se restauró la posición de siervo de Dios (Lv. 25:55). Esta era la relación entre Dios y el hombre en la Era del Antiguo Testamento. Después de la llegada de Jesús, sus discípulos, que se apoyaban sobre el fundamento de fe que Jesús había establecido en la posición de Juan Bautista, fueron restaurados por primera vez, desde la posición de siervos de la Era del Antiguo Testamento a la posición de hijos adoptivos. Para llegar a ser hijos del linaje directo de Dios, tenían que establecer el fundamento para recibir al Mesías estableciendo el fundamento de substancia en absoluta obediencia a Jesús; e injertándose (Rm. 11:17) espiritual y físicamente a Jesús, que estaba sobre ese fundamento, los discípulos tenían que formar un solo cuerpo con él.

Jesús vino como el Hijo de Dios, sin pecado original, del linaje directo de Dios, y tenía que restaurar a todos los hombres caídos como hijos del linaje directo de Dios, sin el pecado original, haciendo de toda la humanidad caída un solo cuerpo al injertarla a él. Jesús y el Espíritu Santo vinieron como los Padres Verdaderos espirituales para hacer que los hombres restaurasen su conexión lineal con Dios recibida en la creación, haciendo que los hombres caídos eliminasen su pecado original al injertarse en ellos. Llamamos a la obra de Jesús y del Espíritu Santo «renacimiento» (ref. Parte I, Cap. VII, Sec. IV). Por consiguiente, debemos saber que Jesús vino como el centro, el olivo verdadero, con el fin de injertar en él a los hombres caídos, que son las ramas de olivo silvestre.

Sin embargo, incluso sus discípulos cayeron en la incredulidad, y entonces Jesús fue crucificado en la posición de Juan Bautista, sin poder cumplir la tarea del Mesías. De este modo, Jesús resucitado estableció el fundamento espiritual de fe por medio del período de 40 días de resurrección para la separación de Satán, en la posición de Juan Bautista espiritual. Después de esto el fundamento espiritual de substancia fue establecido por la fe y lealtad de sus discípulos, que volvieron arrepentidos a él y, por ello, el fundamento espiritual para recibir al Mesías fue establecido por primera vez. Finalmente, sobre este fundamento espiritual, los santos se situaron como hijos espirituales, siendo injertados espiritualmente a Jesús, como Mesías espiritual. Esta ha sido la relación entre Dios y el hombre caído, de acuerdo con la providencia espiritual de restauración desde Jesús hasta el presente. Por consiguiente, los hombres caídos hasta ahora sólo pueden llegar a ser objetos espirituales de Dios, porque la providencia espiritual de la restauración desde Jesús ha sido restaurar el mundo espiritual primeramente, así como Dios había creado primeramente el mundo espiritual. Por lo tanto, por muy ferviente que sea un cristiano, debido a que no puede eliminar el pecado original transmitido por la carne, no hay ninguna diferencia entre él y los santos de la Era del Antiguo Testamento a la luz de que ninguno de los dos han podido separarse del linaje de Satán (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. I, 4). Los cristianos son como máximo hijos adoptivos de Dios, porque son hijos de un linaje diferente. Por esta misma razón, dijo Pablo:

«Y no sólo ella; también nosotros que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo la adopción filial» (Rm. 8:23).

Por lo tanto, el Señor de la Segunda Llegada debe venir para restaurar a toda la humanidad como hijos del linaje directo de Dios. Por consiguiente, él debe nacer en la tierra, como Jesús. Y así, él debe restaurar por indemnización el curso de Jesús, recorriéndolo de nuevo. Por lo tanto, el Señor de la Segunda Llegada debe establecer, substancialmente, el fundamento para recibir al Mesías, según la «providencia para la partida» centrada en la Palabra; e injertando a todos los hombres espiritual y físicamente en este fundamento, debe restaurarlos para que sean hijos del linaje directo de Dios, eliminando el pecado original.

Jesús estableció el fundamento a nivel familiar estableciendo a doce apóstoles centrados en los tres mayores, y entonces lo extendió al nivel tribal, estableciendo a setenta discípulos, para restaurar por indemnización la posición de Jacob, que había sido la figura central del fundamento a nivel familiar para el Mesías. De la misma forma, el Señor de la Segunda Llegada debe restaurar también el fundamento para recibir al Mesías, substancialmente, partiendo del nivel familiar y extendiéndolo gradualmente a nivel tribal, racial, nacional, mundial y luego a nivel cósmico. Sobre este fundamento, debe ser capaz finalmente de establecer el Reino de los Cielos en la tierra.

Dios, al establecer la nación escogida del Primer Israel, preparó la base para que Jesús viniese y cumpliese rápidamente el propósito de construir el Reino de los Cielos, pero debido a la rebelión del pueblo tuvo que preparar nuevamente a los cristianos como el Segundo Israel. Del mismo modo, si los cristianos, que han sido establecidos como el Segundo Israel para el ideal de la construcción del Reino de los Cielos en el tiempo del Señor de la Segunda Llegada, se volviesen también contra él, Dios se vería obligado a abandonar a Sus elegidos del Segundo Israel y escoger de nuevo a Sus elegidos del Tercer Israel. Por lo tanto, los cristianos de los Ultimos Días, al igual que el pueblo judío en los días de Jesús, están situados en circunstancias muy agraciadas, pero por otro lado están expuestos a llegar a ser los más miserables.

4. LECCIONES APRENDIDAS DEL CURSO DE JESUS

Primeramente, en este curso Dios nos ha mostrado cómo es la predestinación de Su voluntad. Dios siempre predestina Su voluntad para que sea absolutamente cumplida. Cuando Juan Bautista fracasó en cumplir su misión, el mismo Jesús, que vino como Mesías, intentó cumplir la voluntad sustituyendo a Juan. Ya que el Reino de los Cielos en la tierra no se realizó, debido a la falta de fe del pueblo judío, Cristo vendrá de nuevo a llevar a cabo esta voluntad.

A continuación, Dios nos ha mostrado que Su predestinación referente a la realización de la voluntad, centrada en un cierto individuo o nación por El elegida, no es absoluta, sino relativa. Es decir, aunque Dios haya establecido a un cierto individuo o nación para llevar a cabo el propósito de Su providencia de la restauración, si fracasa en llevar a cabo su parte de responsabilidad, El establecerá a un nuevo responsable de la misión para sucederle en la obra. Jesús había escogido a Juan Bautista como discípulo mayor, pero cuando éste fracasó en cumplir su responsabilidad, escogió en su lugar a Pedro. En otra ocasión, escogió a Judas Iscariote como uno de sus doce discípulos, pero cuando Judas fracasó en cumplir su responsabilidad, escogió a Matías en su lugar (Hch. 1:26). Igualmente, Dios escogió al pueblo judío para llevar a cabo el propósito de Su providencia de la restauración, pero cuando éste fracasó en cumplir su responsabilidad, traspasó la misión a los gentiles (Hch. 13:46, Mt. 21:33-43). De este modo, aunque Dios haya escogido a un cierto hombre para cumplir Su voluntad, El no puede predestinar nunca absolutamente la realización de la voluntad centrada en una determinada persona.

En tercer lugar, Dios nos ha mostrado que El no interviene en la propia parte de responsabilidad del hombre, sino que sólo interviene en el resultado. Cuando Juan Bautista o Judas Iscariote cayeron en la infidelidad, no fue porque Dios no lo supiese ni porque fuese incapaz de impedirlo, sino porque no interfirió en absoluto en su fe, sólo actuó según el resultado de sus acciones.

Finalmente, Dios nos ha mostrado que cuanto mayor sea la misión de una persona, más amarga es la adversidad que enfrenta. Ya que Adán se volvió contra Dios infielmente, Jesús, que vino como el segundo Adán con el fin de llevar a cabo el propósito de la providencia de la restauración, tuvo que restaurar por indemnización la posición anterior a la caída mostrando una buena fe en la posición de estar abandonado por Dios, en el lugar de Adán. Por lo tanto, Jesús tuvo que sufrir las tentaciones de Satán en el desierto y tuvo que sufrir en la cruz, completamente abandonado por Dios (Mt. 27:46).


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